Shin se apartó de Yesung, dándole privacidad en su
desconsuelo.
Artemisa estaba afuera en el patio del templo, teniendo
una de sus rabietas de griterío sobre el veredicto mientras él estaba solo en
su sala del trono con Simi segura en su pecho.
—Que tontos son estos mortales –suspiró él.
Por otro lado, él también había sido un tonto por amor.
El amor hace tonto a todo el mundo. Dioses y hombres del mismo modo.
Es más, él no podía creer que Yesung hubiera dejado ir a Ryeowook
más de lo que podía creer que Ryeowook se hubiera ido.
Artemisa se materializó ante él.
—¿Cómo es esto posible? –denostó ella. — ¡Nunca en toda
la historia de su vida él juzgó a un hombre inocente!
Él la miró serenamente.
—Sólo porque él nunca antes había juzgado a un “hombre
inocente".
—¡Te odio!
Él se rió amargamente de eso.





