Por fin llegó
aquel día que le había dado la vuelta a su vida, el día de su vigésimo quinto
cumpleaños. Y prometía darle aún más quebraderos de cabeza.
Para empezar,
a primeras horas de la mañana, Siwon, con una toalla atada a la cintura, había
entrado en su dormitorio y se había metido en la cama con él de improviso, sin
avisar. A los pocos segundos, el ama de llaves había llamado a la puerta para
llevarle a Heechul el té.
La bandeja que
ella dejó encima de su mesilla de noche con una resplandeciente sonrisa tenía
una preciosa tetera de china muy fina con una lechera, taza y plato haciendo
juego.
«Un regalo de
cumpleaños del servicio», dijo tímidamente. Y salió sonriendo sin disimulos.
—¡Qué detalle
tan bonito! —exclamó Heechul cuando Siwon y él se quedaron solos—. Lo que hace
que me sienta aún peor, que me sienta un fraude. Deberías habérselo impedido.
—Dudo haber
podido hacerlo —Siwon se encogió de hombros— Querían mostrarte su
consideración, Heechul.
Siwon lo miró
irónicamente.
—Y cuando diga
que nos ha encontrado juntos en la cama, sí que vas a acabar sorprendiéndote.







