Hyuk dormía profundamente bocabajo cuando
Wonwoo lo colocó en una postura más cómoda. Estaba tan cansado que no se movió
siquiera. Sus días eran una pura aventura, porque la propiedad de los Kim
constituía un maravilloso parque de recreo para un niño tan activo como él.
Wonwoo se vistió para la cena. Era una
noche especial porque sería su última noche en Zelos durante algún tiempo.
Mingyu había pasado la semana anterior viajando, yendo y viniendo a todas horas
para intentar alargar lo más posible su estancia en la isla. Se mostraba tan
reacio como él a abandonar aquel lugar, porque su luna de miel había sido
mágica.
Admitió que nunca había soñado encontrar
la felicidad tan rápidamente con Mingyu. Lo primero que había observado era que
desaparecían sus reservas con su hijo, pero con el paso de las semanas desde la
boda, además se había relajado con él. Sobre todo lo notaba en los detalles. Si
tenía que trabajar en su despacho, en cuanto acababa iba en su busca. Lo
despertaba a horas intempestivas para que desayunaran juntos porque claramente
deseaba su compañía. Le gustaba que le despidiese cuando subía al helicóptero y
le encantaba que lo esperase cuando llegaba tarde a casa.










