Sungmin
bajó las escaleras aunque ahora ya no era lo que quería. No quería volver a
verlo esa noche, ni la semana siguiente, de hecho ¡no quería volver a verlo en
su vida! Pensaba decirle a su suegra que se llevaría la cena a su habitación y
que se retiraría temprano, pero no esperaba ver a cierta invitada en particular
sentada al lado de Ahra en el sofá.
—¡Mamá!
Lilly
le lanzó una sonrisa radiante y se levantó para darle un rápido abrazo.
—No
pude resistir el impulso de venir. —Se rio—. Esto debería ser más fácil cada
vez, pero no lo es. Al menos por ahora. Aunque no quiero parecer la madre
entrometida que no hace más que incordiar todo el rato.
—No
seas tonta —repuso Sungmin, uniéndose a ellas en el sofá—. Dile que siempre
será bienvenida, Ahra.
—Ya lo
ha hecho, querido.
Y así
de fácil, el humor de Sungmin mejoró por completo ante la visita de su madre.
Lilly representaba consuelo, seguridad, amor, cosas que Sungmin había echado
mucho de menos. Ya no era un niño que pensara que su madre podía arreglar el
mundo, pero su simple presencia le ayudaba mucho.
Tuvieron
una agradable reunión hasta que Kyuhyun se unió a ellos. No es que la echara a
perder con su presencia, pero si él insistía en seguir con su representación
esa noche, incluso con su madre presente, era lo que sucedería. Por desgracia, Kyuhyun
entró en la habitación vistiendo una chaqueta de un horrible color amarillo
chillón que hizo que su madre lo mirara de inmediato con el ceño fruncido. Así
que después de haber besado a Sungmin de esa manera, él había decidido
finalizar el día provocando a su madre de nuevo. Había escogido un momento
inoportuno, con la madre de Sungmin presente, o quizá no. Al menos aquello no
ensombrecería su estado de ánimo, ya que ahora sabía por qué lo hacía.










