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Mio -Capítulo Final




Sí!

Donghae lanzó un puñetazo al aire, eufórico por haber pasado el primer nivel del último juego de
Hyukjae. En realidad, el juego era de él: su prometido lo había diseñado especialmente para él. «Las aventuras de Donghae» era una pasada aunque eso no le sorprendía. Hyukjae era un genio y cada videojuego que había creado resultaba especial. No era de extrañar que siempre se enganchara a todo lo que él creaba.

Acarició la pantalla del ordenador con la mano y suspiró. ¿Qué hombre dedicaría un sinfín de horas a diseñar un videojuego exclusivo para él, un juego que no pensaba sacar jamás al mercado?

«Solo Hyukjae».

Se recostó en la silla para mirar el reloj. «¡Huy!». Se había metido tanto en el juego que llevaba en la sala de informática más tiempo del que se había propuesto. Pero es que le encantaba, ¡era tan adictivo!

Hyukjae se lo había regalado por San Valentín, entre otras muchas cosas. Para ella siempre sería un regalo muy especial porque lo había hecho él y porque probablemente había dedicado semanas enteras de su inexistente tiempo libre diseñándolo con el único objetivo de que él se lo pasara bien. Su prometido lo había guiado hasta la habitación hacía más de una hora para darle la sorpresa. Se había marchado con una sonrisa de oreja a oreja cuando se había sentado frente al ordenador impaciente por dominar otra de sus creaciones.

Mio -Capítulo 21




Hyukjae daba vueltas en la sala de informática como un tigre enjaulado. 
Sabía que seguramente era un poco exagerado pensar que Donghae lo iba a abandonar, pero en ese momento no estaba siendo racional precisamente. Durante un rato se había encontrado mejor, pues su hermano Kangin le había hecho entrar en razón, pero después había recibido un mensaje de Donghae diciéndole que llegaría a casa más tarde de lo normal, y eso había vuelto a disparar las alarmas y a ponerlo de los nervios. 

La forma en la que Donghae había contestado a sus mensajes —con respuestas de lo más evasivas— no lo había tranquilizado en absoluto. Lo único que le consolaba un poco era que le había enviado un mensaje para decirle que lo quería:

«Te quiero muchísimo. No tardaré en volver a casa».

Hyukjae se detuvo para leer de nuevo el mensaje con la esperanza de que lo animara un poco y le quitara los malos rollos de la cabeza. Quizá lo habría logrado si en ese momento no hubiera visto por
el rabillo del ojo el maldito acuerdo prenupcial.

Mio -Capítulo 20




—No estás enfermo. Estás embarazado.

Donghae se quedó helado y miró alarmado al alegre pelirrojo que entraba en el consultorio. Se quedó con la boca abierta mientras negaba con la cabeza:

—¿Cómo es posible?

El doctor Park Leeteuk se detuvo delante de la camilla en la que Donghae estaba sentado y se cruzó de brazos.

—Estas en la salud. ¿De verdad necesitas que te refresque la memoria con una lección de anatomía y fisiología? —Leeteuk levantó los brazos y dibujó un círculo con el dedo corazón y el pulgar de la mano izquierda, mientras introducía el índice de la mano derecha en el círculo—. La parte A se inserta en la parte B y el resultado puede ser un embarazo. —Se encogió de hombros, sonrió y dejó caer las manos a los costados—. El resto de los detalles ya los conoces.

—Me cuido, Leeteuk. No es posible.

—Sabes que no es infalible. Además, sospecho que es muy probable que te quedaras poco después de superar el virus estomacal que padeciste a fin de año —respondió Leeteuk pensativo.

Mio -Capítulo 19



Podemos hablar?

Kim Hyukjae levantó la mirada de la pantalla del ordenador y vio a su prometido, Donghae, en el marco de la puerta de la sala de informática que tenía instalada en casa. Al oír las dos palabras que todos temen que salgan de la boca de su pareja al que ama se estremeció.

Llevaba viviendo con esa preciosidad más de un año y, cuando vio esa conocida arruga de concentración entre los bonitos ojos del moreno, Hyukjae supo exactamente lo que estaba a punto de ocurrir.

«¿Podemos hablar?».

Las palabras que había susurrado con su voz seductora y aterciopelada eran en realidad una advertencia, una señal de que se encontraba a punto de sacar un tema con el que él estaba en rotundo desacuerdo o del que directamente no quería ni hablar.

Cogió la taza que tenía junto al ordenador y pegó un trago al café deseando tener al alcance algún licor un poco más fuerte aunque no hubieran dado aún ni las ocho. La última vez que Donghae había querido «hablar» le había dado la tabarra para que redujera el número de guardaespaldas. No estaba dispuesto a ceder en eso. Su lindo trasero ya tenía menos escolta de la que a él le gustaría.

Mio -Capítulo 18




Hyukjae gruñó y el sonido que salió de sus labios transmitió una sensación entre el placer y el tormento. Puso la mano sobre la suya.

—Móntame, cariño.

Se quitó los calzoncillos que acababa de estrenar pero que ya eran sus favoritos y los tiró al suelo. Donghae levantó la cabeza para mirarlo a los ojos mientras él lo rodeaba con los brazos y lo tumbaba sobre su cuerpo.

—¿Estás seguro?

Lo que más quería en el mundo en ese momento era meterse ese falo y contemplarle gozar bajo su peso, pero le angustiaba mucho hacerle revivir otro mal recuerdo.

—Sí. Quiero ver cómo cabalgas sobre mí. Quiero contemplar tu rostro cuando te corras por mi verga —respondió con determinación y necesidad.

Le montó a horcajadas, pero se detuvo vacilante con el corazón a cien por hora. ¿Podría Hyukjae hacerlo así? No era necesario.

—No tienes que demostrarme nada. No tenemos que hacerlo.

—Métetela, cariño. Necesito follarte. Te necesito —bufó con una voz ronca plagada de deseo. «Te necesito».

Mio -Capítulo 17




¡Ay, no! Parecía que se iba a echar a llorar. Esperaba que no lo hiciera.

—No sé cuál es tu flor favorita ni la clase de caramelos que te gusta. Tampoco sé tu color preferido. ¿Debería saberlo? ¿No debería saber las cosas que te gustan? —preguntó malhumorado.

Tiró el osito con delicadeza al suelo y se acercó a Hyukjae.

—No hacía falta que hicieras todo esto. Es la primera vez que me regalan flores.

¿Qué es lo que había hecho? Tan solo había ido de compras. No era para tanto. Es verdad que él prefería que le hicieran una endodoncia antes que ir de tiendas, pero, por primera vez, había disfrutado comprando cosas.

—He ido de tiendas. Tampoco cuesta tanto.

«Y he ido en el último momento porque ni siquiera me había dado cuenta de que era San Valentín. ¡Qué desastre! ¡Menos mal que el marido de Sora es muy detallista!».

—Has hecho todo esto por mí. —Estiró el brazo para señalar todo el comedor—. Las flores son preciosas. Me encantan. Se me hace la boca agua viendo esos caramelos y el resto de cosas me abruman de tal modo que me he quedado sin habla. Con una tarjeta ya me habría emocionado. No hacía falta que hicieras todo esto. Hay personas que no reciben tantos regalos en toda su vida. Pero lo que más me conmueve no son las cosas, sino tú. Tus ganas de hacerme feliz. Eres el hombre más increíble del planeta. Por eso te amo.

Mio -Capítulo 16




—Sí. Estuve yendo a la consulta del doctor Yesung más de un año —comentó con un tono vacilante y seco, como si sus instintos libraran una batalla contra sus sentimientos—. Mi madre quería asegurarse de que estaba bien emocionalmente.

Donghae volvió a colocarse en la bañera presionando su cuerpo contra el de él para acercarse todo lo posible. Deslizó las manos por los brazos hasta encontrar las suyas, que estaban bajo el agua, y entrelazó los dedos con los de él.

Hyukjae inhaló su aroma, que lo embargó por completo, cuando Donghae inclinó la cabeza para apoyarse en su mandíbula.

—¿Hyukjae? —susurró con suavidad.

—¿Sí? —preguntó apretándole los dedos con delicadeza.

—Te quiero. —Lo dijo tan bajito que él apenas la oyó—. Me encanta todo tu ser, adoro cada parte de ti. Nada de lo que te haya ocurrido en el pasado cambiará eso. Te quiero hasta cuando te vuelves mandón.

—Yo no soy mandón —repuso como por reflejo mientras las paredes del corazón se le desmoronaban para que pudiera salir volando. ¡Madre mía! Llevaba tiempo queriendo oír esas palabras de su boca, pero jamás se había imaginado que ese momento sería tan maravilloso. No tenía muy claro qué había hecho para merecer a alguien como él, pero no era idiota; se lo pensaba quedar—. Sabes que no dejaré que me abandones en la vida, ¿verdad?

En realidad no le estaba haciendo una pregunta, sino dejando claras sus intenciones.

Mío -Capítulo 15




Hyukjae salió del despacho y cerró con delicadeza la puerta a sus espaldas. Entonces, desvió la mirada hacia Sora y frenó en seco ante su mesa.

—¿Necesita algo, señor? —preguntó con un tono profesional que contrastaba con su amplia y sincera sonrisa.

Miró con el ceño fruncido a su ayudante de pelo cano, que prácticamente quedaba oculta tras un gran ramo de rosas colocado en un sitio privilegiado de la mesa. ¿Se le había pasado su cumpleaños? No. Imposible. El cumpleaños de Sora era en septiembre y además Marcie, su secretaria, siempre se lo recordaba.

—Bonitas flores. ¿A qué se debe? —preguntó con curiosidad.

Sora le miró sorprendida con las gafas de cerca en la punta de la nariz.

—Es 14 de febrero, jefe. El día de los enamorados. Ya sabe: corazones, flores, romanticismo... — Esbozó una sonrisa de oreja a oreja—. Mi Minho lleva 37 años enviándome dos docenas de rosas por San Valentín. —Suspiró—. ¡Siempre ha sido un romántico!

Su voz transmitía el cariño y la adoración que sentía por su pareja.

¿El día de los enamorados? Sí, conocía la tradición, pero nunca le había prestado atención: San Valentín pasaba cada año sin que le afectara lo más mínimo. Era otro día cualquiera, un periodo de veinticuatro horas durante el cual veía un montón de cupidos y corazones rojos…, eso si decidía prestarles atención, algo que no era habitual.

Mío -Capítulo 14




Las manos de Donghae se movían despacio, acariciando sus anchos y fornidos hombros, palpando cada centímetro de sus sólidos músculos y saboreando la fuerza que irradiaba su poderoso cuerpo. Recorrió la columna vertebral con las manos hasta alcanzar la nuca. Le tiró del pelo para que inclinara la cabeza y le recorrió la clavícula con besos ligeros mientras lo peinaba con los dedos. Gimió levemente antes de llevar la boca a su palpitante cuello y, al inhalar su aroma, una calidez erótica se propagó por todo su cuerpo. Respiró hondo para que su fragancia le consumiera mientras el sensual latido que galopaba bajo sus labios le aseguraba que sentía la misma necesidad que él.

Hyukjae emitió un gruñido antes de poner en marcha su fornido cuerpo. El duro miembro encontró entre los muslos de Donghae un cálido lugar en el que reposar y su suave verga se deslizó. Sintió que cada una de sus terminaciones nerviosas entraba en combustión en el momento en que Donghae abrió más las piernas, rogándole en silencio que lo saciara, que satisficiera ese anhelo acuciante que le arañaba por dentro sin descanso.

Él se incorporó sin previo aviso y Donghae gimoteó al sentirse privado del calor que desprendía. Hyukjae buscó el dobladillo de su camiseta, se la quitó por la cabeza y lo tiró al suelo.

—Así ya no hay nada entre nosotros —bramó antes de volver a inclinarse sobre él.

Donghae gimió al sentir de nuevo su ardiente cuerpo contra el suyo, desde el pecho hasta la ingle, y saboreó la dulce sensación de rozar piel con piel.

—Mío. Eres mío. Dilo. —Se le escapó la exigencia entre los labios como si no fuera capaz de contenerse.

Mío -Capítulo 13




Hyukjae se inclinó hacia Donghae despacio, tan despacio que se le cortó la respiración. Sus ojos oscuros brillaban con llamas de pasión y le miraron fijamente hasta hacerla estremecer. Las vibraciones que transmitía eran tan intensas que su cuerpo reaccionó de forma instintiva. Acercó la boca a su oreja y Donghae sintió en el cuello y en la mejilla la calidez de su aliento.

Aquella amenaza en forma de susurro le produjo un escalofrío que le recorrió la columna vertebral de un extremo al otro. No sentía miedo, sino un anhelo que le abatió el cuerpo entero con la fuerza de un huracán.

Cuando una enfermera de mediana edad entró en el cuarto, Donghae exhaló un suspiro trémulo y Hyukjae tuvo que incorporarse y alejarse de la cama. La mujer le proporcionó a Donghae la medicina, antes de medirle las constantes vitales con gran eficiencia. Tras realizar una evaluación rápida y preguntar si necesitaban algo más, se marchó.

—Me extraña no estar compartiendo habitación —murmuró Donghae una vez que la enfermera hubo salido—. Este hospital suele estar bastante lleno.

Había hecho prácticas en ese centro y sabía que las habitaciones siempre estaban ocupadas en esa época del año.

Hyukjae dio la vuelta a la silla y se sentó al revés, con los brazos apoyados sobre el respaldo de madera. Por primera vez desde que Donghae había abierto los ojos sonrió.

—Ser un multimillonario que casualmente dona generosas sumas de dinero a ONG relacionadas con la sanidad tiene sus ventajas.

Mío -Capítulo 12




—¡Cállate, zorra! —exigió una voz aterradora y amenazante poco antes de que Donghae le pegara una patada en la rodilla.

En respuesta a ese golpe y sin dejar de arrastrarlo ni por un instante, le propinaron un puñetazo en la cara. El guantazo fue tan fuerte que, por un momento, Donghae se quedó helado e indeciso.

«Resístete, joder. Defiéndete».

Los drogadictos lo cogieron en volandas para meterlo en el coche, pero él levantó las piernas y puso un pie en la puerta y el otro en la carrocería, junto a la puerta abierta.

«Que no consigan meterte en el coche. De lo contrario, estás muerto».

Los pies se le empezaron a resbalar y uno de los hombres lo cogió del pelo y comenzó a golpearle la cabeza contra la chapa de metal de la puerta abierta. El sonido que producía su cráneo al chocar con el metal era ensordecedor y empezó a darle vueltas la cabeza y a nublársele la vista.

«Debería haberle dicho a Hyukjae que estoy enamorado de él».

—¡Cabrones! —gritó una voz que Donghae reconoció.

Un brazo lo agarró de la cintura y lo apoyó contra un pecho para librarlo de los dos matones. Aunque la cabeza le daba vueltas como si acabara de bajarse de una atracción de feria, levantó la mirada y pudo distinguir a Kim Kangin, que lo dejó en la acera antes de echar a correr enfurecido hacia el coche. A Donghae le entró un ataque de pánico al darse cuenta de que se proponía atacar él solo a los dos tipos. Por increíble que parezca los dos hombres no supieron cómo reaccionar. Kangin era más grande que ellos, pero ellos eran dos.

Mio -Capítulo 11




Donghae cerró a sus espaldas la pesada puerta de madera del despacho del gerente de un restaurante. Se apoyó en ella y suspiró al borde de la desesperación. Era la undécima entrevista que hacía en diez días y todas, incluida esta, habían sido una auténtica pérdida de tiempo. Nadie quería contratar a un universitario que tardaría pocos meses en acabar la carrera. Ningún restaurante estaba interesado en un camarero que posiblemente dejara el trabajo en seis meses para buscar un puesto relacionado con su vocación. Donghae no podía culparlos por ello, pero necesitaba un trabajo con el que comer.

Volvió a salir avergonzado del despacho de otro gerente que no estaba dispuesto a contratarlo ni siquiera a media jornada y, al pasar por la parte trasera del restaurante, escuchó sonidos que le resultaron extremadamente familiares: el ruido de platos al chocar, los bufidos de los cocineros y los comentarios mordaces de los camareros.

Vale, tampoco se iba a morir de hambre. Aún tenía diez mil dólares en su cuenta, el préstamo que se había quedado de Hyukjae. Se mordió el labio inferior al sentir de nuevo el terrible dolor que le invadía cada vez que pensaba en él. Abrió la puerta principal del restaurante y se apoyó en el frío ladrillo para poner sus pensamientos en orden tras la catastrófica entrevista.

En realidad tenía más de diez mil dólares en su cuenta: nueve días antes, en su cumpleaños, Hyukjae había contratado a varios hombres y un mensajero para que llevaran a la casa de Leeteuk todos los objetos que Donghae había dejado en su piso. Los porteadores apenas podían cargar con todas sus posesiones —todas regalo de Hyukjae—, y el mensajero le entregó un ramo enorme con docenas de rosas rojas y un sobre con una nota.

Mio -Capítulo 10




La casa de Kangin era impresionante. La llamativa decoración en blanco aportaba gran luminosidad y hacía que el espacio, grande de por sí, pareciera aún más amplio y elegante. La ropa que llevaban los invitados y la comodidad con la que charlaban en aquel entorno tan suntuoso dejaban patente su estatus y su riqueza.

Donghae intentó que no se notara mucho que prácticamente era un indigente, pero le costaba no mirar boquiabierto todo lo que había alrededor. Mujeres y jóvenes ataviados con diamantes y piedras preciosas, tenían pinta de estirados. Los hombres, que olían a dinero y poder, se agrupaban en círculos en los que, con toda probabilidad, se hablaba de negocios o de fútbol.

Hyukjae se acercó a un gran bufé que reponían constantemente unos camareros en silencio y llenó dos platos con canapés elaborados. Donghae fue a coger servilletas, pero estaban dobladas con tal precisión que prácticamente se sintió culpable por descolocarlas. 

Frunció el ceño al darse cuenta de que los platos eran de porcelana fina. A él le daría mucha rabia tener que lavar toda esa vajilla y se preguntó cuántos lavaplatos serían necesarios para limpiar todo aquello cuando concluyera la fiesta. ¿Es que los ricos no habían oído hablar de las servilletas y los platos de papel?

Una vez que se hubieron situado en un lugar tranquilo Donghae se dispuso a comer y, aunque no tenía ni la menor idea de lo que se estaba llevando a la boca, no hizo ascos. Ni mucho menos. Cada bocado que daba se le derretía en la boca y, cuando acabó con el último manjar, se lamió los labios temiendo que le quedaran migas por la cara.

Mio -Capítulo 9




Hyukjae empezó a despotricar mientras se enrollaba una toalla blanca alrededor de la cintura. Después de haber estado haciendo ejercicio se había metido del tirón a la ducha que tenía en el gimnasio y se había olvidado por completo de traer ropa limpia del dormitorio. Estaba cabreado porque la maldita toalla apenas le tapaba las partes nobles.

Miró con asco el chándal sudado y maloliente. Ahora que estaba limpito, no se lo pensaba volver a poner.

Donghae aún no había llegado a casa, así que, en principio, le daría tiempo a llegar hasta su cuarto. Se peinó con los dedos el pelo mojado y abrió la puerta del baño, listo para bajar corriendo las escaleras.

Sintió un golpe de aire frío al salir del baño lleno de vapor. ¡En el gimnasio hacía un frío que pelaba! Había bajado la temperatura para hacer deporte y ahora estaba congelado.

—Hyukjae, ¿estás…?

La voz lo cogió por sorpresa y se quedó inmóvil en medio del gimnasio. El corazón empezó a latirle a gran velocidad cuando Donghae entró en la sala de máquinas con total normalidad.

Mientras Donghae le recorría con los ojos, él se estremeció esperando una mirada de repugnancia… o algo peor. Las cicatrices que tenía en el pecho y el abdomen estaban a la vista, algo que trataba de evitar por todos los medios posibles. Siempre las ocultaba.

Mio -Capítulo 8




Todo bien?

Donghae sonrió al leer el mensaje de Hyukjae. Se dirigía a Boah Place en coche con Kyuhyun, que conducía muy serio. Llevaba varios días sin hablar con Boah y habían quedado para tomar un café. Como su amiga no soportaba alejarse del restaurante, Donghae solía pasarse un rato después de clase, cuando había menos gente.

Contestó con otro mensaje:  Sí, papi. Todo va bien.

Era viernes, casi había pasado una semana desde el incidente de la clínica. Hyukjae le escribía a diario —varias veces, de hecho— para asegurarse de que todo iba bien. Aunque le vacilara diciéndole que parecía un padre sobreprotector, en el fondo le conmovía que se preocupara por su seguridad.

No habían tenido contacto físico desde la noche del incidente de la clínica. Bromeaban y charlaban, pero no follaban. Era como si a los dos les diera miedo que lo que había ocurrido no se pudiera repetir. O quizá temían lo que pudiera pasar. Él sin duda lo sentía así, pues jamás había vivido una experiencia tan intensa.

Volvió a sonarle el teléfono.

Ten cuidado. Avísame cuando te marches. Ya estás allí?

Llegando. A sus órdenes, señor.

Mio -Capítulo 7




—¿Cómo puedes tener ese cuerpazo con todo lo que comes?

Al momento quiso que se lo tragara la tierra. ¿Cómo se había atrevido a decirle eso? Era el alcohol el que hablaba, no él.

«Autonota: A partir de ahora no beberé más de una copa de vino y la rebajaré siempre con agua».

Hyukjae lo miró con picardía:

—¿Cuerpazo?

Donghae se encogió de hombros. ¿Qué sentido tenía negar la verdad? Tenía un cuerpazo.

—Pues sí.

«Un cuerpazo duro como una roca. Para caerse de culo. El cuerpo más sexy del planeta».

—Hago ejercicio en el gimnasio que tengo en casa todos los días. Si te gusta mi aspecto,
supongo que el esfuerzo merece la pena —comentó con incredulidad. «¡Ya te digo! Merece mucho la pena».

—Se nota —respondió Donghae intentando que no se notara demasiado que estaba deseando hacerle de todo—. Es uno de los motivos por los que mujeres como Jesica caen rendidas a tus pies. No es el único, pero es una razón de peso.

«¡Mierda! ¿Lo había dicho en voz alta? ¡Maldito alcohol! Tenía que aprender a morderse la lengua».

Mio -Capítulo 6




Donghae exhaló un leve suspiro y tomó un trago del vaso de plástico con la esperanza de que el café le ayudara a concentrarse. Tuvo que tragar con fuerza porque el líquido con sabor a quemado se resistía a pasar. Desvió la mirada hacia Leeteuk y le dedicó una débil sonrisa.

—Creo que ya queda poco.

Ya había identificado a los dos sospechosos en las fotos de la ficha policial, a los dos hombres que habían irrumpido en la clínica por la mañana y le habían exigido medicamentos a punta de pistola.

En aquel momento Leeteuk estaba en la sala de reconocimiento con un niño y su madre, y no había visto a los hombres, pero Donghae los había observado bien de cerca. Puso mala cara pensando que ojalá no lo hubiera hecho.

Se había quedado solo en la sala de espera cuidando del otro hijo de la señora que estaba en la consulta con Leeteuk. Donghae jamás olvidaría la mirada sin vida de los hombres y sus rostros demacrados, reflejo de años de drogadicción. En ese momento aterrador en el que no supo si aquellos segundos serían los últimos, había bastado para acojonarle de verdad. Aun así, había cogido al niño y, tras darle a un botón de emergencia que tenían bajo la mesa, había echado a correr con él hasta una esquina de la sala, donde lo había protegido con su propio cuerpo.

La alarma no era precisamente silenciosa y el escándalo había bastado para que Leeteuk saliera corriendo de la consulta y los hombres se esfumaran. Pero antes de largarse a uno de ellos, que se había puesto muy nervioso, se le había disparado el arma y la bala había pasado tan cerca de la cabeza de Donghae que había sentido una ráfaga de aire en la mejilla.

Mío -Capítulo 5



Hyukjae lo cogió en brazos y lo colocó en el centro de la cama tras quitar con brusquedad la colcha y dejarla hecha un gurruño a los pies. Donghae se deslizó hacia la parte superior y sintió la suavidad de la sábana de seda negra acariciándole el trasero. Hyukjae se sentó en el borde, abrió el cajón de la mesilla y sacó cuatro esposas forradas ensambladas con una cadena y un largo lazo de seda negra.

—Sumisión absoluta —susurró Donghae mientras apoyaba la cabeza en los almohadones de seda.

—Sí —asintió Hyukjae en voz baja mientras le recorría el cuerpo con una mirada hambrienta y lo
cogía del brazo para ponerle las esposas.

No tenía la menor duda de que Hyukjae había repetido esta operación muchas veces: en menos de un minuto lo tenía atada a la cama y abierto de piernas. Contempló con curiosidad cada uno de los movimientos de Hyukjae, que recorría su cuerpo con ojos voraces.

Le sorprendió su propia forma de reaccionar: cuanto más indefenso se encontraba, cuantas más partes de su cuerpo quedaban esposadas a la cama, más excitado estaba. Estar atado de pies y manos para que él lo tomara a su antojo le ofrecía una libertad que nunca había experimentado. No tenía que tomar decisiones ni preocuparse por si él sentía placer o no. El amo era él y lo único que tenía que hacer era esperar a ser complacido. Estar atado a su cama le resultaba tan erótico que trató de balancear las caderas, pero las esposas se lo impidieron. No se hizo daño, pero se dio cuenta de que apenas podía moverse y exhaló un gemido sensual.

Mío -Capítulo 4




—¿Aquí te sientes solo? —preguntó perplejo mientras sus ojos oscuros lo miraban fijamente. Prosiguió con tono de preocupación—: ¿No te gusta vivir aquí?

—Sí, sí… La casa es preciosa, Hyukjae. ¿Cómo no iba a estar feliz? —Tomó aire y trató de explicarse mejor—. Es que estaba acostumbrado a no tener tiempo para pensar, a no tener tiempo para mí. Lleva tiempo acostumbrarse a dejar de vivir a un ritmo frenético.

—Más bien suicida —repuso con cierta crispación—. Ese estilo de vida te estaba matando por dentro, Donghae.

—Lo sé. Y de verdad que te agradezco todo lo que estás haciendo por mí. En serio. Lo único que pasa es que mi vida ha cambiado mucho —insistió para que no la tomara por un desagradecido. Joder, si no fuera por su generosidad, ahora mismo estaría en la calle, pero aun así…—. Me resultaría más agradable si pudiera pasar tiempo aquí contigo.

—¿Quieres pasar tiempo conmigo? —preguntó asombrado examinando el rostro de Donghae.

—Claro que sí. Pero sé que estás muy liado y pensé que quizá me estabas evitando después…,bueno, después de…

—¿Después de que te dijera que quería follarte? —preguntó sin andarse con rodeos, apresando los ojos de Donghae con la mirada.

—Sí —susurró.

yota´s news : De regreso?

 Buenas tardes a todas las lectoras. Después de un año  y casi 4 meses regreso a saludarlas y comentarles nuevas.  Me gustaría decirle...