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Herencia -Final



A la semana siguiente, Jian seguía intentando borrar de su mente el fin de semana. Sólo tenía que fingir que lo vivido en Star Island no era más que una estúpida fantasía, y entonces podría enfrentarse al hecho de que Lee Sang le había roto el corazón.

No era real. Nunca había sido real. Ese día no había ido a la oficina, sino que se había quedado en casa, trabajando en sus diseños originales, ignorando las punzadas de culpa cada vez que se acordaba de Ryeowook y de Donghae. A media tarde las piernas se le empezaron a entumecer, así que se levantó de delante del ordenador y fue a la cocina por el segundo donut.

De repente oyó que llamaban a la puerta. Rápidamente dejó el donut en la caja y se limpió el azúcar de las comisuras de los labios.

¿Sería Sang? En ese caso no abriría la puerta. No lo haría. No tenía absolutamente nada que decirle. Fue hacia la puerta. Miró por la mirilla. Era Taeho, cargado con una enorme pizza y una botella de tequila.

–Pepperoni y salchichas –le dijo al abrir la puerta, entrando directamente–. Espero que tengas limas.

Herencia -10



Después de una intensa noche de pasión, Sang tenía a Jian en sus brazos y respiraba el dulce aroma de su cabello. Una sábana los cubría hasta la cintura, pero las mantas yacían en el suelo desde hacía mucho tiempo.

–Esto es maravilloso –le dijo Jian, poniendo una mano sobre el cabecero de madera labrada y contemplando las hermosas filigranas del techo.

–Esto sí que es maravilloso –dijo él, deslizando la punta de un dedo sobre su vientre hasta llegar a la curva de sus caderas.

–No sabía que había gente que vivía así –le agarró la mano y le dio un beso en la palma.

–A mí me llevó un tiempo darme cuenta de que hay gente que no vive así – admitió él.

–¿Fuiste un niño mimado? –le preguntó, apoyándose en un codo.

–Yo no diría tanto –dijo él, dibujando el contorno de su cadera con la mano hasta llegar al dorso de su rodilla–. Pero tenía unos cinco años cuando me di cuenta de que no todo el mundo tiene su propio castillo.

Herencia -9



–El sólo quería lo mejor para ti –dijo Jian, defendiendo a Donghae–. Eras tú quien no cooperaba.

Él puso los ojos en blanco.

–En serio, Sang –Jian no pudo resistir la tentación de hacerle una broma–. Creo que deberías concederle por fin ese deseo a tu abuela. Cásate y ten una colección de pequeños piratas Lee.

–¿Es que vas a presentarte como voluntario? –le preguntó él, devolviéndole la broma.

–¿Quieres que te siga la broma? –Jian se sujetó el cabello detrás de las orejas y dio un paso.
  
–Adelante.

–Claro, Sang. Soy tu esposo. Tengamos unos cuantos niños.

–¿Y dices que no flirteas? –Sang avanzó más hacia él.

–No estoy flirteando.

Herencia -8




–Va detrás de algo –dijo Jian al tiempo que Taeho dejaba una pizza de tamaño grande sobre la pequeña mesa del comedor de Jian–. Un hombre así no hace esa clase de ofertas porque sí.

Taeho volvió al recibidor, se quitó los zapatos, dejó la bolsa.

Era domingo por la tarde. El partido de los Bears estaba a punto de empezar en el canal de deportes.

–Desde luego que sí –dijo Taeho, siguiendo a su amigo hacia la cocina del apartamento–. Lo que yo quiero decir es que deberías aceptar.

Jian abrió el congelador y sacó una bolsita de cubitos de hielo.

–¿Y ponerme en sus manos?

–¿Una isla privada? ¿Mansiones? ¿Esa extraordinaria historia sobre piratas? No me importa lo que se traiga entre manos. Nos lo vamos a pasar fenomenal este fin de semana.

–¿Nos? –preguntó Jian.

Herencia -7




Jian no daba crédito. ¿Cómo podía estar allí sentado y fingir que no pasaba nada?

–Creo que tomaré el atún –dijo Leeteuk.

Tanto él como su marido miraron a Jian con una expresión interrogante. Sang deslizó la mano aún más arriba, y él estuvo a punto de gemir.

–¿Jian? –le dijo.

–Rúcula –atinó a decir finalmente.

–El risotto está delicioso –dijo Leeteuk, intentando ayudarlo a decidirse.

Jian trató de sonreír, pero el gesto no le quedó muy natural. En realidad estaba apretando los dientes para aguantar la ofensiva sexual de Sang. Balanceando la pesada carta contra la mesa, la sujetó con una sola mano y bajó la otra hasta ponerla sobre la de él.

–Para –le susurró con disimulo–. Por favor –añadió, desesperado.

Él se detuvo, pero entonces volvió la mano y agarró la de suya para acariciarle la palma.
Una nueva ola de deseo recorrió a Jian por dentro. Podía apartarse de él en cualquier momento, pero no quería. Quería disfrutar de esa sensación, sentir la descarga de adrenalina que le tenía en un puño…

Herencia -6




Después de una larga noche en vela y un paseo en coche en compañía de Taeho, Jian observó a su amigo mientras éste rebuscaba en una bandeja llena de viejas monedas de plata. Estaban en una pequeña tienda de antigüedades.

–Nunca creí que diría esto –Taeho escogió una y leyó lo que estaba escrito en la tarjeta–. Pero, como tu abogado, te recomiendo que no te acuestes con tu marido.

–No me estoy acostando con mi marido –le recordó Jian.

Dos jóvenes que estaban contemplando un cuadro le lanzaron una mirada curiosa. Un momento después sonreían con disimulo.

–De acuerdo. Es que suena estúpido cuando lo digo en alto –susurró Jian, acercándose más a Taeho.

–Está jugando contigo –dijo Taeho, soltando la primera moneda y agarrando otra. Le dio la vuelta y leyó la descripción.

–Estábamos comparando el arte con la arquitectura –dijo Jian, recordando los primeros minutos del viaje de regreso en el barco–. Él quería ver mis diseños.

Herencia -5



El ascensor se detuvo y todos salieron al pasillo enmoquetado del lujoso hotel. Los Lee y los Na llevaban años reservando la misma suite para los eventos corporativos. Sin embargo, también la usaban para ver los partidos de los Bears. El padre de Ungjae era el que más usaba la suite de habitaciones, pero aquel derroche de lujo siempre les había resultado muy efectivo a la hora de atraer y convencer a los clientes más jugosos y difíciles.

–¡Vaya! –Jian no pudo evitar la exclamación al entrar en la suite.

En aquel lugar cabían veinte personas. Un camarero les estaba sirviendo unos aperitivos sobre la barra, sobre la que también había un cubo con hielo lleno de botellines de cerveza de importación y dos botellas del mejor vino.

–Mira esto –igual que un niño con un juguete nuevo, Jian fue hacia las puertas de cristal que daban acceso al balcón y salió al exterior. Fuera había dos hileras de asientos.

Deseando escapar del acalorado debate de Ungjae y Taeho, Sang fue detrás de él.

Herencia -4



–En cuanto me gane un lugar dentro de mi profesión, te dejaré en paz. Yo quiero una carrera, Sang. No quiero quedarme con tu empresa.

No podía negarlo más. Le creía. Entendía que quisiera mejorar y realizarse profesionalmente. Sus métodos no eran los más ortodoxos, pero no tenía más remedio que aceptar que se había convertido en un mero instrumento para Jian; un obstáculo que salvar para conseguir sus objetivos.

–¿Tienes un bolígrafo? –le preguntó él, buscando la página de firmas del documento.

–Claro –se levantó y fue a buscarlo al escritorio.

–Voy a cenar con Taeho –le dijo Jian–. No quiero llegar tarde.

–Yo tengo una cita –dijo él, mintiendo.

Después llamaría a Ungjae y le pediría el teléfono de aquel piloto precioso.
  
–¿Me estás engañando? –le preguntó Jian de repente. Aquel comentario lo tomó por sorpresa.

Herencia -3




Atravesaron el vestíbulo del edificio Lee y se dirigieron directamente al despacho de Sang, situado en el último piso. Jian conocía muy bien las instalaciones, así que era imposible perderse.

–He venido a ver a Lee Sang –anunció ante la recepcionista unos minutos después, en un tono seguro y convencido. El corazón se le había acelerado y las palmas de las manos le sudaban sin cesar.

–¿Tiene cita? –le preguntó la joven morena con suma cortesía, mirándole a él y después a Taeho.

–No –admitió, y entonces se dio cuenta de que era bastante difícil que Sang estuviera disponible en ese preciso momento.

–Dígale que se trata de un asunto legal –dijo Taeho, dando un paso adelante–. Wang Jian.

La joven morena levantó la cabeza bruscamente, llena de curiosidad.

–Claro. Por supuesto. Un momento, por favor –dijo, levantándose de la silla.

Herencia -2



Sang se subió al flamante deportivo que esperaba junto a la acera y dio otro portazo.

–¿Firmó? –le preguntó Na Ungjae desde el lado del conductor al tiempo que ponía la primera marcha.

Sang se abrochó el cinturón.

–No.

Él siempre había estado orgulloso de su talento para la negociación, pero había algo en Jian que lo hacía perder el equilibrio. Aquel encuentro había sido un completo fracaso.

No recordaba que fuera tan testarudo, pero, a decir verdad, apenas lo conocía. Habían coincidido algunas veces antes de la fiesta, pero nunca habían cruzado más que un puñado de palabras inconsecuentes. No sabía mucho de él, pero sí recordaba que era listo, diligente, divertido y… hermoso.

No podía negar su belleza. Aquel día, vestido con un traje exquisito, había sido el joven más radiante en aquella sala de fiestas.

Herencia -1



Lee Sang era la última persona a la que Wang Jian esperaba ver frente a su puerta. Aquel hombre alto, pelinegro y de ojos feroces era la razón por la que estaba haciendo la maleta, la razón por la que dejaba su apartamento de alquiler. Él era la persona por la que se veía obligado a abandonar su ciudad. De frente a él, cruzó los brazos sobre su camiseta polvorienta y vieja. Sólo podía esperar que sus ojos rojos no lo delataran. Con un poco de suerte ya no tendría marcas de lágrimas sobre las mejillas.

–Tenemos un problema –dijo Sang en un tono tenso. Su expresión seguía siendo impasible y con la mano izquierda sostenía un pequeño maletín de cuero negro.

Llevaba un exquisito traje de firma y una impecable camisa blanca, combinados con una corbata roja de seda de la mejor calidad y unos gemelos de oro macizo. Como de costumbre, llevaba el pelo recién cortado y estaba recién afeitado. Sus zapatos, tan pulidos que parecían espejos, debían de costar una pequeña fortuna.

–No tenemos nada –le dijo él, apretando los dedos de los pies dentro de los acolchados calcetines que llevaba.

Jian iba vestido de manera informal. Sus vaqueros estaban un poco gastados, pero no era ningún desarrapado. Un joven tenía derecho a vestir cómodamente en su propia casa. Lee Sang, en cambio, no tenía ningún derecho a estar allí.

Herencia



Introducción



Título: Herencia
Autora original: Barbara Dunlop
Título original: Legalmente Casados
Género: AU, FLAFF
Clasificación: Rating {NC17}
Advertencia: Ninguna

Comentario de adaptadora: 

Les traigo otra historia con SanJi como pareja principal, aunque debo decir que escogí la historia mas por las pareja "secundaria" que por los protagonistas, y ellos para mi solo podían ser el UngTae, y como Jeup es la tía solterona, Mi hijo y mi nuero les tocaba el protagonismo.


Descripción:

El multimillonario Lee Sang no podía permitir que un extraño se llevara la mitad de su fortuna, aunque fuera su esposo. Jamás hubiera podido imaginar que una alocada boda en Las Vegas llegara a convertirse en una pesadilla. Sin embargo, el testamento de su abuelo había sellado con fuego un lazo difícil de deshacer: su futuro estaba ligado al de Wang Jian para siempre.

Sang creía que podía deshacerse de él ofreciéndole unos cuantos millones. Sin embargo, Jian no quería dinero, quería una cosa que sólo Sang podía darle… y Sang le juró que se lo daría.



La historia original no es mía, YO SOLO LA ADAPTO, modifico nombres y una que otra situación. Créditos a su autora original y de traducción a quien corresponda.



yota´s news : De regreso?

 Buenas tardes a todas las lectoras. Después de un año  y casi 4 meses regreso a saludarlas y comentarles nuevas.  Me gustaría decirle...