Henry estaba sentado en el sillón con Zhou Mi a su lado. Ryuhyun
dormía pacíficamente en los brazos de su appa, inconsciente de la violencia y
las muertes que se habían producido esta noche.
Inconsciente del hecho de que el mundo, al que el bebé
recién estaba conociendo, había estado a punto de terminar.
Desde que habían regresado a casa, Henry se había
rehusado a dejar a alguno de ellos fuera de su vista.
Clinton estaba ayudando a Kyuhyun a vendar su brazo, que
había sido golpeado por uno de los Daimons. Hyukjae estaba sentado con una
bolsa de hielo en la nuca mientras Kangin echaba agua oxigenada sobre sus
nudillos ensangrentados, dentro de un bol.
Yesung estaba parado como una estatua contra la pared
junto al pasillo que llevaba a la cocina. Sólo él parecía ileso luego de la
pelea.
—Saben –dijo Kangin, interrumpiéndose lo suficiente para
sisear mientras echaba alcohol sobre el agua oxigenada—, pelear era mucho más
fácil cuando era inmortal.
Kyuhyun resopló.
—Aún soy inmortal y estoy bastante magullado. Esa fue una
tremenda pelea.
El teléfono sonó.
Clinton se levantó para atender.





