Cuatro semanas después, la luna de miel,
que se había prolongado dos veces, tocaba a su fin. Habían disfrutado unos
largos y soleados días en la solitaria finca que Sang tenía en el sur de
Francia. Lo habían llamado por un asunto de negocios el día anterior. Tenían
que volver ese mismo día y Jian estaba recogiendo sus cosas para salir un poco
más tarde.
Estaba tomando nota mentalmente de que su
pecho parecía un poco más sensible acompañado de otros sutiles cambios. No
tenía ninguna intención de decirle nada a Sang hasta que hubiera visto a un
médico, pero sospechaba que estaba embarazado. De hecho, estaba bastante
excitado antes la idea de que podía llevar ya dentro a su primer hijo,
preocupado porque Sang no estuviera ilusionado.
Como se esperaba que Sang fuera el padre
de la siguiente generación de reyes, tener familia naturalmente estaba en su
agenda. Pero era muy pronto para haber concebido. Aunque sabía que Sang
actuaría como si fuese la mejor noticia del mundo, en el fondo estaba preocupado
porque considerara una opción menos atractiva un esposo embarazado.











