Al día siguiente, después de comer, la
mayoría de los miembros de la familia se reunieron en la sala de estar para
tomar el té. Los recién casados eran los dos únicos que estaban tan absortos el
uno en el otro que apenas se percataron del tenso ambiente que se respiraba en
la habitación. En cuanto a los demás, apuntalaban la conversación como mejor
sabían, esforzándose lo indecible por no sacar a colación la irremediable
situación de Leeteuk y Kangin.
Era obvio que Kangin y su padre no se
hablaban. Todos supusieron que se debía a la intransigencia de Shindong con su
hijo. Nadie preguntó cómo había ido su conversación después de que abandonaran
el comedor la noche anterior, pero resultaba evidente que no se habían puesto
de acuerdo. De hecho, Kangin parecía más enfadado que antes.
Y en ésas, el mayordomo se llegó hasta la
puerta con una visita que no esperó a ser anunciada, que de hecho le apartó de
un empujón para entrar. Era una mujer apenas cuarentona y muy atractiva para su
edad, lo que apuntaba a que en otro tiempo había sido toda una belleza. Y si
bien no era muy alta, y en aquel momento, su expresión y su porte le conferían
un aspecto cuando menos formidable.
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