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Seductores III - Final
Sirvieron la cena en el comedor.
Aunque la mesa estaba puesta para dos, Hyungsik no apareció. Minwoo apenas
comió y, poco después, pidió que lo condujeran a su camarote. Desesperado por
pasar el tiempo, llenó la bañera en el impresionante cuarto de baño de mármol.
Acababa de meterse en el agua perfumada cuando la puerta se abrió y Hyungsik
apareció en el umbral.
Tenía el cabello revuelto, una
sombra de barba en el mentón y la camisa colgando suelta, fuera de los
pantalones vaqueros. Su atractivo aspecto de chico malo hizo que su corazón
brincara. Se incorporó y pegó las rodillas al pecho.
—Lo siento… —dijo él con aspereza.
Esas dos palabras fueron como un
cuchillo que se clavara entre sus costillas, no sabía qué llegaría a
continuación. Tenía presentimientos negativos y esperaba malas noticias. Se
preguntó si él se disculpaba porque se sentía incapaz de convivir con un joven reconocido
públicamente como ladrón convicto.
—No sé qué decirte —Hyungsik alzó
un hombro.
Minwoo siguió paralizado en la
bañera, como una estatua de hielo, el miedo le erizó la piel.
Seductores III -8
—¿Invitaste a tu ex prometido a
nuestra boda? —preguntó Minwoo con voz tersa.
—¿A quién te refieres? —Hyungsik
se quedó inmóvil.
Minwoo, sospechando que intentaba
evitar una respuesta directa, irguió la cabeza.
—¡Seojoon! ¿A quién si no?
—Ni siquiera sabía que conocieras
su existencia —comentó Hyungsik con voz inexpresiva.
Minwoo cruzó los brazos, a la
defensiva, recordando cuánto se había esforzado Seojoon porque supiera
exactamente quién era.
—Oh, sí lo conocía. Está creando
un buen revuelo.
Su rostro frío, impasible y oscuro
escudriñó el salón del baile. Seojoon estaba apoyado en una mesa, flirteando, y
su aura sensual ejercía una atracción magnética.
—Me temo que no entiendo cuál es
el problema.
Seductores III -7
Al final, a Mingyu le dieron el
alta tan sólo tres días antes de la boda de sus padres, y para entonces ya
tenía siete semanas. Después de superar los problemas respiratorios, le habían
diagnosticado anemia. Además, una preocupante infección había hecho que Minwoo
pasara día y noche en el hospital, junto a su hijo.
Hyungsik, que tenía un vasto
imperio a su cargo, no había podido estar allí todo el tiempo, pero había
compartido cada crisis con Minwoo y con su hijo. Había aprendido a apoyarse en
la fuerza de Hyungsik en sus momentos más bajos. Su coraje ante la adversidad y
su negativa a considerar un resultado negativo habían animado a Minwoo cuando
más había temido por su hijo. Sin embargo, cuando el peligro pasó, Hyungsik se
marchó de viaje.
Le había sugerido a Minwoo que se
instalara en su piso, pero una suite en un hotel discreto, frente al hospital,
había resultado más conveniente.
La separación física, unida a su
necesidad de concentrarse por completo en los problemas de Mingyu, había creado
un distanciamiento entre Hyungsik y Minwoo. Además, Hyungsik había hecho lo
posible por evitar que la prensa se enterara del nacimiento y de sus planes de
boda antes de hacer un anuncio oficial. En consecuencia, sus encuentros habían
alcanzado un nivel de discreción que impedía que se vieran excepto en el
hospital. Y allí nunca habían estado a solas.
Seductores III -6
A lo largo de las dos semanas
siguientes, Minwoo empezó a sentirse más y más agotado. Rosso murió mientras dormía,
y se sentía desconsolado por la pérdida de su mascota. Mientras se preocupaba
por su futuro y lloraba a su gato, las náuseas matutinas se extendieron a otros
momentos del día y empezó a pasar las noches en vela.
Estar embarazado y enfermo era más
duro de lo que había esperado y tuvo que empezar a trabajar menos horas en la
cafetería. Consciente de que a Minwoo ya le resultaba difícil pagar sus
facturas, Joonyoung le ofreció su habitación de invitados, pero Minwoo no
quería aprovecharse de su amistad.
Habría negado con vehemencia que
esperaba que Hyungsik diera algún paso. Pero cuando descubrió que Hyungsik
estaba de hecho dando pasos que no tenían nada que ver con él, despertó a la
cruda realidad.
Un día, cuando iba en autobús al
trabajo, vio el rostro de Hyungsik en una página de revista. No estaba lo
bastante cerca para leer el artículo, y aunque se dijo que no debía
interesarse, era humano. En cuanto bajó del autobús, compró la revista del
corazón y pagó el precio de su curiosidad.
Seductores III-5
—¿Qué puedo decir? —preguntó
Hyungsik con voz profunda y aterciopelada como un buen vino maduro. Abrió sus
gráciles y morenas manos—. No suelo quedarme sin palabras, pero no sé que
decirte…
—Créeme, ¡si hay algo que no me
falta ahora mismo, son palabras! — interrumpió Minwoo—. ¿Cómo te atreves a
ponerme en una situación en la que no me quedó más remedio que venir a verte?
Me gustaba mi trabajo. Pero lo que has hecho hoy, pedirle al jefe que me dejara
salir, ¡es equivalente a un suicidio profesional!
—Necesitaba verte y lo pedí con
educación. No exageres.
—No estoy exagerando —sus ojos
chispeaban de indignación—. No sabía que eras propietario de la agencia
publicitaria, además de la agencia de empleo. Una petición del director
ejecutivo equivale a una orden. ¡Ahora que es obvio que tenemos algún tipo de
vínculo personal, me convertiré en un apestado! Después de esto, nadie volverá
a tomarme en serio y mis colegas contarán los días hasta que acabe mi contrato
temporal.
Hyungsik soltó el aire con un
siseo prolongado.
Seductores III- 4
Aunque el miedo le estaba
provocando sudores a Minwoo, la ira era como un carbón al rojo vivo asentado en
su interior.
—¿Cómo descubriste que he estado
en la cárcel?
—Mi jefe de seguridad empezó a
investigarte cuando te vio mover las piezas en el tablero de ajedrez. Es muy
concienzudo.
—¿Ah sí? —Minwoo alzó una ceja
mostrando su desacuerdo—. Yo diría que resultó una salida muy fácil…
—Kim Taehoon no trabaja así
—aseveró Hyungsik—. Fue policía.
—¡Mejor aún! —Minwoo dejó escapar
una risa amarga—. Vio que tenía antecedentes penales y con eso bastó, ¿verdad?
¡Investigación concluida!
—¿Estás negando que robaste el
reloj?
—Sí, pero es obvio que no me crees
y no tengo forma de demostrar mi inocencia. Es obvio que hay un ladrón en tu
oficina. Puede que sea alguien vestido de ejecutivo, alguien que se rindió a la
tentación, incluso alguien que quería correr un riesgo. Los ladrones son de
todo tamaño y condición.
Seductores III- 3
Hyungsik había descubierto algo
más por lo que preocuparse. Maldijo en italiano.
—¿Utilizas algún tipo de
anticonceptivo?
Minwoo se sentía mareado, enfermo
y desconsolado. Le costaba creer lo que había hecho. Lo estúpido que había
sido. Pero no podía pensar en eso mientras siguiera en su presencia. Tenía que
concentrar su energía en huir de la escena del peor error de su vida. Buscó su
ropa con la mano.
—No, pero tú has usado protección.
—El preservativo se ha roto
—afirmó Hyungsik con rostro sombrío, ya vistiéndose.
Minwoo dio un respingo y palideció
más aún, pero no dijo nada. Ni siquiera quería mirarlo. Pensó que eso era lo
que se sentía al tener intimidad con alguien desconocido: incomodidad,
humillación y vergüenza. Con manos temblorosas se vistió.
—Obviamente, no parece preocuparte
—gruñó Hyungsik, indignado por que lo estuviera ignorando.
Seductores III- 2
—Pareces muy tenso —Hyungsik le
ofreció la copa. —No te pongas tenso, bello mío. Me pareces increíblemente atractivo.
El enfado y vergüenza que Minwoo
solía sentir en momentos así brillaron por su ausencia. Comprendió qué había
hablado en serio y sintió que el corazón se le desbocaba y caía a sus pies. Le
asombró descubrir que le gustaba lo que oía. Cerró los dedos sobre la copa,
temblorosos. Tomó un sorbo y luego otro, para ocultar la realidad de su
debilidad física. Era impropio sentirse excitado. Cuando se atrevió a alzar la
vista hacia sus asombrosos ojos oscuros, se quedó sin aliento.
Hyungsik bajó su oscura cabeza
lentamente. Estaba divirtiéndose, tanteando los límites. El aroma delicado y
fresco de su piel hizo que su cuerpo duro y fuerte se tensara. Sintió una
súbita excitación que le sorprendió y puso fin a su actitud burlona. Reclamó
sus deliciosos labios rosados con urgencia devastadora, y ese primer contacto
incrementó su apetito.
A Minwoo le costaba creer lo que
estaba haciendo, pero habría sido incapaz de moverse un milímetro para
evitarlo. Le asolaba una tormenta de sensaciones que lo dejó mareado y
desorientado. Sintió fuegos artificiales estallando en todo su cuerpo. Una
dulce calidez se aposentó en su vientre y los músculos de su pelvis se
tensaron. Se estremeció con violencia cuando la caricia de su lengua tentó la
tierna cueva de su boca. El pinchazo de deseo que desgarró su cuerpo fue casi
demasiado intenso, y emitió un gemido de protesta.
Seductores III- 1
Park Hyungsik entró en el palacio Zea
por primera vez en diez años. El palacio, una espléndida mansión situada en las
colinas de la Toscana, era tan famoso por su grandiosa arquitectura palatina
como por la producción del legendario vino Zea, artífice de un imperio de
viñedos situados por todo el mundo.
Por desgracia, los recientes
reveses financieros se habían cobrado su precio: la deslumbrante colección de
tesoros que una vez habían llenado la mansión había desaparecido y su grandeza
empezaba a desvanecerse. Pero a partir de ese momento le pertenecía a Hyungsik.
En su totalidad. Cada piedra y cada metro de productiva tierra, y él era lo
bastante rico como para dar marcha atrás al reloj y remediar ese abandono.
Debería haber sido un momento de
triunfo supremo. Sin embargo, Hyungsik no sentía nada. Hacía mucho tiempo que
había dejado de sentir. Al principio se había tratado de un mecanismo de
defensa, pero pronto se convirtió en un hábito que alimentaba.
Le gustaba la estructura limpia y
eficaz de su existencia. No sufría altibajos emocionales. Cuando quería más,
cuando necesitaba un poco de excitación que lo reviviera, la obtenía mediante
el sexo o los retos físicos. Había escalado paredes rocosas en medio de
tormentas de nieve, atravesado selvas en condiciones terribles, y practicado
deportes extremos. No había descubierto el miedo, pero tampoco nada que le
importara de verdad.
Anhelos- 9
—¡No abras!
Pero Minwoo
agarró a Hyungsik por el brazo y él se sintió tentado a ignorar el timbre, lo
único que quería era volver a hacerle el amor. Pero alguien estaba esperando en
la puerta. Alguien que, por la insistencia con que llamaba, debía de saber que
estaba en casa.
—Tengo que ir.
Podría ser el médico.
—¿El doctor Dongjoon?
—El mismo —afirmó
Hyungsik abrochándose el pantalón a
regañadientes—. Viene de vez en cuando a ver qué tal estoy. Espera un
momento.
Se dirigió a la
puerta del cuarto de estar y luego volvió para darle otro beso.
—Me desharé de él
—añadió. Minwoo asintió.
—No tardes.
Hyungsik no
respondió, pero su mirada lo dijo todo y Minwoo sintió un cosquilleo en el
estómago y volvió a entrar en el cuarto de estar.
Pero se quedó
detrás de la puerta, para poder oír lo que se hablaba.
—¡Gaesae!
Hyungsik saludó a
su amigo con poco entusiasmo.
Anhelos- 8
—¿Piensas que
debería ir a verlo?
Minwoo miraba
cómo llovía por la ventana del salón de casa de Kwanghee. Le daba la espalda a
su amigo a propósito, para que no viese en su rostro lo desesperado que estaba,
aunque debía de notársele en la voz.
Habían pasado
cuatro semanas desde el accidente. Minwoo quería pensar que había sido un
accidente, se negaba a creer cualquier otra cosa. Y en todo ese tiempo, no
había tenido noticias de su marido a pesar de que sabía que llevaba dos semanas
en Hwarang.
—¿Estás loco?
Hyungsik sabe dónde estás, lo sabe desde hace semanas. ¿Para qué quieres ir a
verlo? ¿Para preguntarle si todavía te quiere? Me parece que los dos conocemos
la respuesta.
—¿De verdad?
Kwanghee no
entendía nada. Y él no sabía qué pensar, pero no podía creer que lo que le
había dicho Yeowool fuese verdad. Se estremecía sólo de pensar en él. Pero
nadie lo había empujado en el acantilado, sólo había sido imaginación suya.
No obstante,
tenía pesadillas en las que aparecía Yeowool y le costaba dormirse después.
No se sentía
bien, tenía ganas de vomitar, pero no quería que Kwanghee supiese que si se
había marchado de su propia casa era por lo que le había dicho Yeowool. Pero si
Hyungsik estaba allí...
Anhelos- 7
—¿Podría ser
alguien del trabajo el padre? —su appa era una persona insistente.
—Ya te he dicho
que podría ser cualquiera, appá, en las oficinas hay más de cien personas.
—Y has dicho que Yeowool
trabajaba con Hwi Gaesae. ¿Hay algún hombre por allí que pueda parecerte
sospechoso?
—¡Appá!
—¿Y el propio Gaesae?
Es bastante mayor que tú, ¿no es cierto?
—¡Gaesae! Appá, Gaesae
está casado y tiene tres hijas adolescentes. Nunca lo he visto mirar a otro
joven que no fuese el suyo.
—Pero Yeowool es
persistente, eso tienes que admitirlo. Y es de esos jóvenes que gustan a
determinados hombres.
—Déjalo, appá.
—Ya sabes, a los
que les gustan las parejas que
tienen donde agarrar, curvas pronunciadas.
Hyungsik no pudo
evitar sonreír.
—¿Te ha gustado,
eh? —le preguntó a su appa.
Anhelos- 6
—Nada. Tienes
visita.
Hyungsik sintió
que se le aceleraba el pulso y pensó por un momento que podía tratarse de
Minwoo. Lo echaba mucho de menos. Pero su sentido común le dijo que no era
posible, si no su appa se lo habría dicho.
—¿Quién es?
¡Espero que no sea el pastor Siwon!
—No, no es el pastor
Siwon, aunque quizás te viniese bien charlar un poco con él. .
—Appá.
—Bueno, antes de
ir a recibir a la visita, ¿no hay nada que quieras contarme?
—¿Como qué?
—¿No tienes nada
en tu conciencia?
—¿Mi conciencia?
¿De qué estás hablando?
—Un joven ha venido
a verte, no deberías hacerlo esperar. Ha recorrido un largo camino para llegar
hasta aquí.
Anhelos- 5
Hyungsik se
marchó a la oficina a la mañana siguiente sintiéndose mal. No había dormido
bien, aunque eso no era nuevo. Hacía mucho tiempo que no pasaba una buena
noche. Nunca se había parado a pensar en por qué la gente se convertía en
hipocondríaca hasta que lo había vivido en sus propias carnes.
De camino a su
despacho sólo se encontró con Taehoon. Tomó una taza de café y se sentó. No era
lo que mejor iba a sentarle después de lo que le había pasado la noche
anterior. Pero le daba igual.
Daba gracias de
que Minwoo no se hubiese dado cuenta de que estaba mal. Se habría enfadado con
él, aunque en realidad ya lo estaba, y le habría hecho sentir fatal si hubiese
sabido que era él que lo había puesto en ese estado.
Si todavía tenía
dudas acerca de la veracidad de lo que le había dicho el médico, la noche
anterior se habían disipado todas. Le habían aconsejado que bajase el ritmo,
que evitase el estrés. Pero no lo había hecho.
¿Qué podía hacer?
¿Delegar su trabajo en alguien y tomarse un descanso prolongado? Eso era lo que
le habían recomendado antes de empezar a hacerse todas esas pruebas. Pero por
aquel entonces todavía creía que podía controlarlo todo.
Anhelos- 4
Hyungsik estaba llegando a las puertas del patio cuando oyó que su esposo lo llamaba. Era evidente que se sentía culpable por la manera en que se había comportado con él. O quizás estuviese un poco avergonzado. En cualquier caso, iba en su dirección y él lo esperó, a pesar del resentimiento.
Aunque no hubiese debido hacerlo, estudió el aspecto de Minwoo, que era excelente, todo lo contrario que el suyo propio. La camiseta rosa dejaba al descubierto parte de sus clavículas y los pantalones ajustados hacían ver sus piernas más largas y delgadas.
Hyungsik se preguntó si eran los recuerdos de la noche que habían pasado juntos lo que le hacía apreciarlo así. ¿Acaso había olvidado realmente lo sexy y apasionado que podía llegar a ser? ¿O era el pánico a perderlo lo que le hacía sentir así? Si sus problemas de corazón no acaban con él, quizás lo hicieran las jugarretas de Jo Yeowool.
En silencio, levantó una ceja y lanzó una mirada inquisitiva a su esposo. Si tenía algo que decirle, lo más inteligente era esperar y escucharlo. Quizás quisiera justificarse por haberse aprovechado de él, aunque Hyungsik prefería no hablar de ello en esos momentos.
—¿Qué has querido decir con eso de que una aspirina no iba a ayudarte?
—¿Eso he dicho? No le des importancia. Creo que lo que necesito es una ducha.
Anhelos- 3
Minwoo lo miró
enfadado y Hyungsik supuso que le molestaba que, a pesar de ser alto, él lo
fuese más.
—No puedes
retenerme aquí.
—Claro que puedo.
Así que vuelve a sentarte para que hablemos.
Tenía el ceño
fruncido y era evidente que se sentía frustrado.
—Y no quiero
sentarme —añadió enfadado—. Quiero marcharme a mi habitación.
—Está bien, iré
contigo.
—¡No!
—¿No? Anoche me
pareció una buena idea.
—Lo de anoche fue
un error.
—De acuerdo. Así
que todo el escenario: las luces apagadas, las velas y tu desnudez fueron un
error.
Anhelos -2
—¿Has bebido?
—Sí, me he tomado
un té frío. ¿Quieres uno?
—¿Esto va en
serio?
—Eso espero. ¿Qué
piensas tú?
Hyungsik prefería
no pensar.
—¿No estarás
jugando sucio? Porque tengo que decirte que...
—No es un juego,
Hyungsik —se quejó Minwoo.
Parecía ofendido.
Se quitó de encima de él y se fue hacia un extremo de la cama
—Pensé que
podríamos... conectar —añadió—. Pero si no quieres...
—¿Si no quiero?
Minwoo, claro que quiero.
Se quitó la
chaqueta y la camisa, las tiró al suelo y fue a buscarlo
—¡Ven aquí, por
favor!
Anhelos -1
—Un chico
pregunta por usted, joven Park.
El mayordomo
había salido de detrás de las cristaleras que había en la parte trasera de la
casa y observaba a Minwoo, que acababa de cortar una rosa blanca de tallo largo
y la había puesto en un cesto que había a sus pies.
Minwoo se
incorporó. No estaba de humor para visitas, ni tampoco iba adecuadamente
vestido para recibirlas. El joven Moon no debía de conocer al visitante. Debía
de ser un cliente de Hyungsik o alguien que iba a pedir. Pero, en ese último
caso, el joven Moon habría resuelto el problema solo.
—¿No le ha dicho
que el señor Park no está en casa? —preguntó decidiendo que tenía que ser un
cliente de su marido.
—No quiere ver al
señor Park, sino a usted. Dice que se llama Jo Yeowool. Y me parece que piensa
que usted lo conoce.
Minwoo palideció
y se sintió aturdido. Habría perdido el equilibrio si no hubiese podido
apoyarse en el enrejado. El joven Moon lo conocía demasiado bien como para no
darse cuenta de su repentina palidez y corrió a su lado para sujetarlo.
—Sabía que no
debía exponerse al sol sin protección. Trabaja usted demasiado. Vamos dentro,
le daré un vaso de té frío.
Anhelos
Introducción
Título: Anhelos
Autora original: Cosas del Corazón
Título original: Anne Mather
Género: AU, FLAFF
Clasificación: Rating {NC17}
Advertencia: Ninguna
Comentario de adaptadora:
Primero que todo para todas aquellas que celebran hoy el dia del amor y la amistad. FELIZ DIA!!! las que están solitas que cupido les traiga compañía...
En esta ocasión les traigo un SikWoo, miquerido hijo , mi Rey precioso, el pobre siempre metido en líos por puros malentendidos, y con ciertas personas que tiene a su alrededor *cofcofcoflasmadrinascococo. Disfrúten de la lectura.. y de paso vean Hwarang para que vean la actuación de Hyungsik y como ha mejorado.
Descripción:
Tenía que darle lo que él realmente
deseaba… ¡un hijo!
Park Hyungsik era increíblemente
guapo, por lo que no era de extrañar que lo desearan otros jóvenes y mujeres.
Pero, ¿era él lo bastante fuerte para resistirse a ellos? Minwoo tenía miedo de
que su marido le fallara, especialmente desde que se habían distanciado tanto
tras saber que no podía darle un hijo.
Si no quería perderlo, tendría que
seducirlo y dejar que lo amara como sólo
él sabía hacerlo.
Quizá así pudiera quedarse embarazado y darle el hijo
que él tanto deseaba…
La historia original no es mía, YO SOLO LA ADAPTO,
modifico nombres y una que otra situación. Créditos a su autora original y de
traducción a quien corresponda.
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yota´s news : De regreso?
Buenas tardes a todas las lectoras. Después de un año y casi 4 meses regreso a saludarlas y comentarles nuevas. Me gustaría decirle...














