—¡No abras!
Pero Minwoo
agarró a Hyungsik por el brazo y él se sintió tentado a ignorar el timbre, lo
único que quería era volver a hacerle el amor. Pero alguien estaba esperando en
la puerta. Alguien que, por la insistencia con que llamaba, debía de saber que
estaba en casa.
—Tengo que ir.
Podría ser el médico.
—¿El doctor Dongjoon?
—El mismo —afirmó
Hyungsik abrochándose el pantalón a
regañadientes—. Viene de vez en cuando a ver qué tal estoy. Espera un
momento.
Se dirigió a la
puerta del cuarto de estar y luego volvió para darle otro beso.
—Me desharé de él
—añadió. Minwoo asintió.
—No tardes.
Hyungsik no
respondió, pero su mirada lo dijo todo y Minwoo sintió un cosquilleo en el
estómago y volvió a entrar en el cuarto de estar.
Pero se quedó
detrás de la puerta, para poder oír lo que se hablaba.
—¡Gaesae!
Hyungsik saludó a
su amigo con poco entusiasmo.




