— ¡No! —resonó con ferocidad a través de la estancia,
haciendo que las paredes temblaran.
Donghae vio que el color abandonaba el rostro de Príapo
al escuchar el chillido. Se escuchó un trueno y, en mitad de un brillante
destello de luz, apareció Afrodita delante de él. Su rostro estaba contraído
como reflejo de la indescriptible agonía que sufría al contemplar el cuerpo
exangüe y frío de Hyukjae.
Incapaz de asimilar lo que tenía delante, miró furiosa a
Príapo.
— ¿Qué has hecho? —le preguntó.
— Fue una pelea justa, madre. O él o yo. No tenía otra
opción.
Afrodita dejó escapar un grito agónico directamente desde
su corazón.
— Invoqué la ira de Zeus y la de las Parcas para
conseguir su libertad. ¿Quién demonios crees que eres para hacer esto? —Miró a
Príapo como si su mera presencia le provocara náuseas—. ¡Era tu hermano!









