Sus sueños se convirtieron en
pesadilla. Estaba allí, de pie, en la terraza de Hyukjae, contemplando las
luces de la ciudad y sin saber adonde ir ni que hacer.
Le había dado una explicación de
lo de Haru. Podría haberle escuchado, pero sabía bien que ése no era el
verdadero problema entre ellos. Debía haberlas comprado por ello, no para
interferir, sino para protegerlo de un peligroso comprador.
Pero, ¿por qué? Primero lo echaba
de su lado con dieciséis años, después compraba un paquete de acciones de su
familia y ahora, le decía que lo había hecho por él; que había tirado el dinero
por él, sumado al que después había tirado también para cubrir el pagaré de
Kyuhyun.
Todo tendría sentido si lo
quisiera, si siempre lo hubiera querido.
Se habían visto varias veces a los
largo de los años, momentos en los que mirar a Hyukjae le había recordado que el amor es algo en lo
que no se puede confiar. Había intentado enterrar en lo más hondo de su
recuerdo, pero nunca había conseguido olvidar por completo.
Cuando Kyuhyun la empujó lo empujó
al borde de la bancarrota y no tuvo a quien volver la cabeza, el nombre de Hyukjae
había sido el primero en pasársele por la cabeza, como si hubiese estado
esperando allí, en el subconsciente, todos aquellos años. Y después, cuando él
le había hablado de los términos de su contrato…












