El jueves por la tarde, Heecheol volvió a la casa que compartió con
Kevin con una caja de cartón en las manos. Allí olía a cerrado y a vacío,
como huelen las casas donde no vive nadie. El martes por la mañana, después de
una noche entera dando vueltas y pensando en Siwan, había tomado la decisión.
Se había mirado a sí mismo y no le había gustado lo que había visto; aceptó
casarse con la esperanza de tener un hijo y con el sexo como base de su
relación. Estaba tan decidido a no implicarse en su relación con Siwan más allá
de un nivel superficial, que no había sabido cuándo era su cumpleaños, ni se
había preocupado de preguntárselo.
¿Cuándo había empezado a tener miedo a implicarse emocionalmente con la
gente? Se dio cuenta de que había sido tras la muerte de su appa. No había
intentado acercarse al nuevo esposo de su padre ni a su hermanastro, y prefirió
aferrarse a su tía y a Kevin. Al perder a Kevin había quedado destrozado, y el
perder a su tía, fue la gota que colmó el vaso.
Desde entonces no había dejado que nadie intentara romper la barrera de
protección que se había construido a su alrededor, como había hecho Siwan.
Había temido dejar que se acercara a él demasiado, había temido el dolor que
seguiría si lo perdía a él también.
Esa madrugada, se había dado cuenta de que no podía seguir mirando al
pasado y negándose un futuro maravilloso con Siwan. Tal vez estuviera
embarazado, y su hijo se merecía una appa que no fuera tan débil
emocionalmente.





