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Olvida... Final



El jueves por la tarde, Heecheol volvió a la casa que compartió con Kevin con una caja de cartón en las manos. Allí olía a cerrado y a vacío, como huelen las casas donde no vive nadie. El martes por la mañana, después de una noche entera dando vueltas y pensando en Siwan, había tomado la decisión. Se había mirado a sí mismo y no le había gustado lo que había visto; aceptó casarse con la esperanza de tener un hijo y con el sexo como base de su relación. Estaba tan decidido a no implicarse en su relación con Siwan más allá de un nivel superficial, que no había sabido cuándo era su cumpleaños, ni se había preocupado de preguntárselo.
¿Cuándo había empezado a tener miedo a implicarse emocionalmente con la gente? Se dio cuenta de que había sido tras la muerte de su appa. No había intentado acercarse al nuevo esposo de su padre ni a su hermanastro, y prefirió aferrarse a su tía y a Kevin. Al perder a Kevin había quedado destrozado, y el perder a su tía, fue la gota que colmó el vaso.
Desde entonces no había dejado que nadie intentara romper la barrera de protección que se había construido a su alrededor, como había hecho Siwan. Había temido dejar que se acercara a él demasiado, había temido el dolor que seguiría si lo perdía a él también.
Esa madrugada, se había dado cuenta de que no podía seguir mirando al pasado y negándose un futuro maravilloso con Siwan. Tal vez estuviera embarazado, y su hijo se merecía una appa que no fuera tan débil emocionalmente.

Olvida... 7



Heecheol dejó caer la cabeza hacia atrás y se perdió en el balanceo de sus cuerpos unidos. En una mezcla de brazos y piernas, él lo volvió en la cama para penetrarlo con fuerza en el momento final, cuando un rugido desgarrado surgió de su garganta y todo el mundo explotó alrededor de Heecheol en oleadas de éxtasis tan sublime que pensó que iba a morir de placer. Apenas consciente de que estaba sollozando su nombre, vio a Siwan sobre él de nuevo estremeciéndose, y su mente se deslizó a un estado de semiinconsciencia.
 Cuando volvió a abrir los ojos, Siwan estaba sobre él y aún dentro de su cuerpo. En el espejo observó su magnífico cuerpo bronceado, su piel perlada de sudor, su trasero, y volvió a cerrar los ojos.
Poco después oyó la voz de Siwan en su oído:
—Peso demasiado y no quiero aplastarte —le dijo, apartándose a un lado.
Heecheol abrió los ojos y sus miradas se encontraron a través del espejo. Le había gustado contemplar a Siwan en el espejo, pero se dio cuenta de que él también estaba desnudo y ya no se sintió tan cómodo. Era normal que dos amantes se vieran desnudos, pero había un punto de voyeurismo en mirarse en un espejo.
—Tu tía debió ser una mujer de lo más especial —dijo Siwan—, y con una imaginación erótica de lo más interesante —en ese momento se fijó en una pintura de la pared que estuvo a punto de hacerlo sonrojar... y eso sí que sería una novedad para él—. Aunque tal vez fuera idea de su amante.

Olvida...-6



¡DEMONIOS! ¡Era Siwan de nuevo! —maldijo Heecheol colgando el teléfono mientras miraba a Minwoo—. Parece que mañana me voy de compras con Kwanghee porque él así lo ha decidido. ¿Es que cree que no sé vestirme solo?
—No —rió Minwoo—. Como buen hombre que es, habrá pensado que eso ayudará a que Kwanghee y tú limen asperezas. Está claro que está loco por ti y me parece de lo más romántico que te llame varias veces al día. Si tuvieras un poco de cabeza, te tomarías el resto de la semana libre y te dedicarías a mimarte para cuando regrese.
A Heecheol no le parecía que hubiera nada de romanticismo en todo aquello, pero no dijo nada. El viernes anterior le había dicho a Minwoo que estaba prometido y le había contado la versión de Siwan de los hechos. Sorprendentemente, su amigo se había tragado toda la historia y estaba encantado por él. Ya era martes, y Siwan no volvería hasta el jueves. El viernes se marcharían a Corea con su familia para asistir a la boda al día siguiente. Si le llamaba una y otra vez era para mantenerlo informado al minuto de los preparativos de la boda, como si a él le importase mucho. El teléfono volvió a sonar y Heecheol dio un respingo.
—Contesta tú, Minwoo, y si es él, dile que he salido —soltó—. Dile que he ido a hacer la mudanza.
—¿Y lo vas a hacer? —preguntó Minwoo, alargando la mano para responder al teléfono.
—Sí —dijo Heecheol—. De hecho, me tomaré el resto de la semana libre, como has sugerido. ¿Estás seguro de que puedes apañártelas?

Olvida...-5



Con un nudo en el estómago por la tensión, dudó un segundo. Siwan le dijo en una ocasión que a veces había que elegir lo menos malo, y sabía que tenía razón. ¿Qué era peor? ¿Un hijo que se negaba a casarse con un hombre y condenaba a su padre a la cárcel o un joven que se casaba con un hombre al que no amaba para salvar a su padre y tener el hijo que deseaba?
—Sí —dijo por fin.
—Bien —dijo él, e hizo un gesto hacia la mesa—. Vamos a recoger esto. Tenemos que elegir un anillo de compromiso antes de esta noche.
—¿En serio? —acababa de darse cuenta de la dimensión de lo que había accedido a hacer y, por instinto, se llevó la mano al dedo y acarició su alianza—. ¿Es necesario? —no había pensado que tuviera que quitarse el anillo de Kevin, y quería retrasar el momento todo lo necesario.
—Mucho —declaró él—. El significado de un anillo de compromiso es declarar que esa persona ya tiene dueño. Tu marido lleva dos años muerto, y ya es hora de que lo asumas. Heecheol, cariño, yo soy tu futuro —dijo, y se acercó aún más.
La tensión del ambiente casi se podía cortar. Enfadado y triste a la vez, Heecheol vio sus ojos de lobo brillar triunfantes y quiso golpearlo, pero antes de poder hacer nada, lo tuvo encima reclamándole un beso. Su lengua pidió paso para buscar la humedad de su boca. Cuando por fin levantó la cabeza, Heecheol intentó recuperar el aliento.

Olvida... 4



Heecheol descargó la última caja de flores de la furgoneta y fue a prepararse un café a la trastienda. Por más que le gustara ir al mercado de flores, levantarse a las cinco de la mañana no era su ideal para comenzar el día. Además, aquella noche no había dormido casi nada, y el sueño empezaba a vencerlo.
Una vez sentado y con la taza de café caliente en las manos, se dijo que las cosas no parecían tan malas a la luz del día. Tenía su casa, sus amigos, su jardín y, después de un fin de semana desastroso, su vida volvía a la normalidad, y Siwan estaba fuera de ella.
Para cuando Minwoo llegó, a las nueve, las flores nuevas estaban preparadas, el escaparate arreglado y la tienda lista para abrir.
—Esto tiene un aspecto excelente —declaró Minwoo, mirando a su amigo—, pero el tuyo es deplorable.
—Mil gracias —le respondió Heecheol, intentando con la broma distraer la atención de su amigo de todas las preguntas que vendrían a continuación.
—Sé que te dije que era hora de que empezaras a vivir la vida, pero... debió ser una fiesta de cumpleaños de lo más loca —Minwoo echó a reír—. Vamos, cuéntamelo todo. Cuando uno es appa, éstas son las únicas oportunidades que le quedan de divertirse.

Olvida...-3



Al sentir que se rendía, Siwan lo besó con más dulzura, apelando a su pericia erótica para acariciar y lamer con su lengua hasta hacer que sintiera su corazón a punto de estallar.
—Dios, Heecheol —susurró él contra sus labios a la vez que le pasaba una mano sobre su pecho deteniéndose en los duros pezones—. O Chelie, como sea que te llames. No he podido olvidar la última vez que te tuve en mis brazos, y quiero volver estar contigo de nuevo. Lo deseo locamente — dijo, y levantó la cabeza para mirarla fijamente a los ojos—. Di que sí.
Al oír a Siwan llamarle Chelie, Heecheol salió de su ensoñación y cayó en la cuenta de lo vergonzoso de su comportamiento. Sólo Kevin lo llamaba Chelie; cuando su tía Sunghee se lo presentó como «Heecheol», él declaró que ese nombre era muy largo y lo había llamado Chelie hasta el día de su muerte. Oír ese nombre de boca de Siwan le pareció la peor de las traiciones.
—¡No te atrevas a llamarme así! —gritó, y se sacudió hasta que consiguió liberarse de sus brazos y corrió a refugiarse tras la mesa redonda del centro de la cocina. Rojo y tembloroso, se agarró al respaldo de una silla para no perder el equilibrio.
Siwan se dio la vuelta y se recostó sobre la encimera. Al ver la fuerza con la que agarraba la silla y sus ojos asustados, maldijo entre dientes. No tenía que haber saltado sobre él con tanta brusquedad, pero lo había enfurecido al llamarlo cerdo jugador, y había perdido el control, algo muy impropio de él.

Olvida... 2



Heecheol oyó el nombre de Siwan, pero no le dijo nada. Le sonrió a Kwanghee y, cuando miró educadamente al hombre que estaba a su lado, sus ojos se abrieron como platos. Se quedó pálido y bajó lentamente la mirada mientras el corazón le latía como si le quisiera salir del pecho. Siwan destacaba por encima de la multitud, con su esmoquin negro y esa aura de arrogancia y virilidad que era imposible de ignorar. Pero eso fue lo que él hizo.
Heecheol no podía creerlo, un error en su vida, y se presentaba delante de él. Se había acostado con él sin saber cómo se llamaba. Acostarse... no, tenía que llamar las cosas por su nombre: sexo, habían tenido sexo ilícito y nada más que eso. Se odiaba a sí mismo y a él por haber sido infiel a su novio, que no debía estar muy lejos.
Con el estómago encogido y un terrible esfuerzo, murmuró Heecheol.
—Encantado de conocerte —sin casi mirarlo, volvió su atención a Siwon.

Para Im Siwan era una experiencia completamente nueva, y no del todo agradable que lo ignoraran de ese modo, pero no iba a dejar que aquel gato promiscuo se saliera con la suya, a pesar de seguir con Kwanghee colgado de su brazo.
—Hola... Heecheol, ¿verdad? —murmuró con voz provocativa. Él volvió a mirarlo con ojos fríos.
—Sí. Hola —y apartó la mirada de nuevo.

Olvida... 1



Jung Heecheol, hacía dibujitos sobre una libreta de notas sin prestar atención a la conversación que se mantenía a su alrededor. Su padre, gerente de la compañía Secret, había insistido en que asistiese a aquella reunión puesto que había heredado la participación que su tía Sunghee tenía en ésta y había pasado a convertirse en uno de los principales socios accionistas.
Lo cierto era que él no entendía para nada de fluctuaciones del mercado ni de Bolsa, y que ya le costaba bastante ocuparse de la parte financiera de su floristería de Gangnam, como Minwoo, su mejor amigo y socio, podría confirmar.
—Heecheol —oyó decir a su padre, interrumpiendo su ensoñación—. ¿Estás de acuerdo?
Al levantar la cabeza, se dio cuenta de que una docena de personas lo miraba fijamente. Sus ojos se encontraron con los marrones del hombre que se sentaba frente a él, el señor Im, coreano, que su padre le había presentado poco antes. Al parecer aquel hombre mayor había conocido a su tía Sunghee en la isla de Hansan, donde ella tenía una casita. Heecheol había pasado allí el verano anterior, pero no tenía un recuerdo grato de aquellas vacaciones, entre otras cosas, porque su tía había muerto poco después.
El hombre le sonrió y él dedujo que su expresión aterrada le había indicado que no tenía ni idea de qué responder a la pregunta. Con una leve inclinación de cabeza y un guiño, le dio la respuesta.
—Sí, por supuesto —aceptó Heecheol, y así terminó la reunión.

Olvida...





Introducción



Título: Olvida..
Autora original: Jacqueline Baird
Título original: Comprada por un Magnate.
Género: AU, FLAFF
Clasificación: Rating {NC17}
Advertencia: Ninguna
Comentario de adaptadora: Creo que es la primera historia corta de ésta pareja, espero le den mucho amorsh.


Descripción: 

¿Por qué conformarse con una sola noche si podía comprar muchas más?
El multimillonario coreano Im Siwan estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de compartir otra noche de pasión con Jung Heecheol…
Fue entonces cuando descubrió que el padre de Heecheol tenía graves problemas económicos y necesitaba ayuda urgentemente. Siwan estaba dispuesto a ayudar… pero sólo si Heecheol accedía a convertirse en su esposo.



La historia original no es mía, YO SOLO LA ADAPTO, modifico nombres y una que otra situación. Créditos a su autora original y de traducción a quien corresponda.




yota´s news : De regreso?

 Buenas tardes a todas las lectoras. Después de un año  y casi 4 meses regreso a saludarlas y comentarles nuevas.  Me gustaría decirle...