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Seductores III - Final




Sirvieron la cena en el comedor. Aunque la mesa estaba puesta para dos, Hyungsik no apareció. Minwoo apenas comió y, poco después, pidió que lo condujeran a su camarote. Desesperado por pasar el tiempo, llenó la bañera en el impresionante cuarto de baño de mármol. Acababa de meterse en el agua perfumada cuando la puerta se abrió y Hyungsik apareció en el umbral.

Tenía el cabello revuelto, una sombra de barba en el mentón y la camisa colgando suelta, fuera de los pantalones vaqueros. Su atractivo aspecto de chico malo hizo que su corazón brincara. Se incorporó y pegó las rodillas al pecho.

—Lo siento… —dijo él con aspereza.

Esas dos palabras fueron como un cuchillo que se clavara entre sus costillas, no sabía qué llegaría a continuación. Tenía presentimientos negativos y esperaba malas noticias. Se preguntó si él se disculpaba porque se sentía incapaz de convivir con un joven reconocido públicamente como ladrón convicto.

—No sé qué decirte —Hyungsik alzó un hombro.

Minwoo siguió paralizado en la bañera, como una estatua de hielo, el miedo le erizó la piel.

Seductores III -9




—Creo que va a gustarme estar casado —susurró después de bajar del torbellino de éxtasis , abrazándolo con fuerza y afecto.

Un océano de amor y perdón parecía rodear el corazón de Minwoo. Inhaló el aroma almizclado de su piel y suspiró de alegría. Él le apartó el cabello de la frente, lo besó y estudió su rostro con ojos intensos. Se sentía débil sólo con mirarlo.

—Tenías razón —dijo, pensando que, por una vez, podía permitirse un cumplido—. No necesitas instrucciones.

Siguió un silencio y se preguntó en qué estaría pensando. ¿En Seojoon? El nombre surgió en su mente de la nada y cayó como una roca gigantesca sobre sus sentimientos. Era extraño que ni siquiera le hubiera preguntado qué le había dicho Seojoon la noche anterior. Inquieto, razonó que sin duda habría pensado en él, tras haberlo visto esa tarde. Al fin y al cabo, era humano; pero no quería que pensara en su ex prometido y futuro ex cuñado.

—¿Estabas locamente enamorado de Seojoon? —preguntó Minwoo de repente. Casi se encogió de horror al oír la pregunta que había saltado de su cerebro a su lengua involuntariamente.

—¿Tú qué crees? —Hyungsik lo soltó y se sentó.

Seductores III -8




—¿Invitaste a tu ex prometido a nuestra boda? —preguntó Minwoo con voz tersa.

—¿A quién te refieres? —Hyungsik se quedó inmóvil.

Minwoo, sospechando que intentaba evitar una respuesta directa, irguió la cabeza.

—¡Seojoon! ¿A quién si no?

—Ni siquiera sabía que conocieras su existencia —comentó Hyungsik con voz inexpresiva.

Minwoo cruzó los brazos, a la defensiva, recordando cuánto se había esforzado Seojoon porque supiera exactamente quién era.

—Oh, sí lo conocía. Está creando un buen revuelo.

Su rostro frío, impasible y oscuro escudriñó el salón del baile. Seojoon estaba apoyado en una mesa, flirteando, y su aura sensual ejercía una atracción magnética.

—Me temo que no entiendo cuál es el problema.
  

Seductores III -7




Al final, a Mingyu le dieron el alta tan sólo tres días antes de la boda de sus padres, y para entonces ya tenía siete semanas. Después de superar los problemas respiratorios, le habían diagnosticado anemia. Además, una preocupante infección había hecho que Minwoo pasara día y noche en el hospital, junto a su hijo.

Hyungsik, que tenía un vasto imperio a su cargo, no había podido estar allí todo el tiempo, pero había compartido cada crisis con Minwoo y con su hijo. Había aprendido a apoyarse en la fuerza de Hyungsik en sus momentos más bajos. Su coraje ante la adversidad y su negativa a considerar un resultado negativo habían animado a Minwoo cuando más había temido por su hijo. Sin embargo, cuando el peligro pasó, Hyungsik se marchó de viaje.

Le había sugerido a Minwoo que se instalara en su piso, pero una suite en un hotel discreto, frente al hospital, había resultado más conveniente.

La separación física, unida a su necesidad de concentrarse por completo en los problemas de Mingyu, había creado un distanciamiento entre Hyungsik y Minwoo. Además, Hyungsik había hecho lo posible por evitar que la prensa se enterara del nacimiento y de sus planes de boda antes de hacer un anuncio oficial. En consecuencia, sus encuentros habían alcanzado un nivel de discreción que impedía que se vieran excepto en el hospital. Y allí nunca habían estado a solas.

Seductores III -6




A lo largo de las dos semanas siguientes, Minwoo empezó a sentirse más y más agotado. Rosso murió mientras dormía, y se sentía desconsolado por la pérdida de su mascota. Mientras se preocupaba por su futuro y lloraba a su gato, las náuseas matutinas se extendieron a otros momentos del día y empezó a pasar las noches en vela.

Estar embarazado y enfermo era más duro de lo que había esperado y tuvo que empezar a trabajar menos horas en la cafetería. Consciente de que a Minwoo ya le resultaba difícil pagar sus facturas, Joonyoung le ofreció su habitación de invitados, pero Minwoo no quería aprovecharse de su amistad.

Habría negado con vehemencia que esperaba que Hyungsik diera algún paso. Pero cuando descubrió que Hyungsik estaba de hecho dando pasos que no tenían nada que ver con él, despertó a la cruda realidad.

Un día, cuando iba en autobús al trabajo, vio el rostro de Hyungsik en una página de revista. No estaba lo bastante cerca para leer el artículo, y aunque se dijo que no debía interesarse, era humano. En cuanto bajó del autobús, compró la revista del corazón y pagó el precio de su curiosidad.

Seductores III-5




—¿Qué puedo decir? —preguntó Hyungsik con voz profunda y aterciopelada como un buen vino maduro. Abrió sus gráciles y morenas manos—. No suelo quedarme sin palabras, pero no sé que decirte…

—Créeme, ¡si hay algo que no me falta ahora mismo, son palabras! — interrumpió Minwoo—. ¿Cómo te atreves a ponerme en una situación en la que no me quedó más remedio que venir a verte? Me gustaba mi trabajo. Pero lo que has hecho hoy, pedirle al jefe que me dejara salir, ¡es equivalente a un suicidio profesional!

—Necesitaba verte y lo pedí con educación. No exageres.

—No estoy exagerando —sus ojos chispeaban de indignación—. No sabía que eras propietario de la agencia publicitaria, además de la agencia de empleo. Una petición del director ejecutivo equivale a una orden. ¡Ahora que es obvio que tenemos algún tipo de vínculo personal, me convertiré en un apestado! Después de esto, nadie volverá a tomarme en serio y mis colegas contarán los días hasta que acabe mi contrato temporal.

Hyungsik soltó el aire con un siseo prolongado.

Seductores III- 4




Aunque el miedo le estaba provocando sudores a Minwoo, la ira era como un carbón al rojo vivo asentado en su interior.

—¿Cómo descubriste que he estado en la cárcel?

—Mi jefe de seguridad empezó a investigarte cuando te vio mover las piezas en el tablero de ajedrez. Es muy concienzudo.

—¿Ah sí? —Minwoo alzó una ceja mostrando su desacuerdo—. Yo diría que resultó una salida muy fácil…

—Kim Taehoon no trabaja así —aseveró Hyungsik—. Fue policía.

—¡Mejor aún! —Minwoo dejó escapar una risa amarga—. Vio que tenía antecedentes penales y con eso bastó, ¿verdad? ¡Investigación concluida!

—¿Estás negando que robaste el reloj?

—Sí, pero es obvio que no me crees y no tengo forma de demostrar mi inocencia. Es obvio que hay un ladrón en tu oficina. Puede que sea alguien vestido de ejecutivo, alguien que se rindió a la tentación, incluso alguien que quería correr un riesgo. Los ladrones son de todo tamaño y condición.

Seductores III- 3




Hyungsik había descubierto algo más por lo que preocuparse. Maldijo en italiano.

—¿Utilizas algún tipo de anticonceptivo?

Minwoo se sentía mareado, enfermo y desconsolado. Le costaba creer lo que había hecho. Lo estúpido que había sido. Pero no podía pensar en eso mientras siguiera en su presencia. Tenía que concentrar su energía en huir de la escena del peor error de su vida. Buscó su ropa con la mano.

—No, pero tú has usado protección.

—El preservativo se ha roto —afirmó Hyungsik con rostro sombrío, ya vistiéndose.

Minwoo dio un respingo y palideció más aún, pero no dijo nada. Ni siquiera quería mirarlo. Pensó que eso era lo que se sentía al tener intimidad con alguien desconocido: incomodidad, humillación y vergüenza. Con manos temblorosas se vistió.

—Obviamente, no parece preocuparte —gruñó Hyungsik, indignado por que lo estuviera ignorando.

Seductores III- 2



—Pareces muy tenso —Hyungsik le ofreció la copa. —No te pongas tenso, bello mío. Me pareces increíblemente atractivo.

El enfado y vergüenza que Minwoo solía sentir en momentos así brillaron por su ausencia. Comprendió qué había hablado en serio y sintió que el corazón se le desbocaba y caía a sus pies. Le asombró descubrir que le gustaba lo que oía. Cerró los dedos sobre la copa, temblorosos. Tomó un sorbo y luego otro, para ocultar la realidad de su debilidad física. Era impropio sentirse excitado. Cuando se atrevió a alzar la vista hacia sus asombrosos ojos oscuros, se quedó sin aliento.

Hyungsik bajó su oscura cabeza lentamente. Estaba divirtiéndose, tanteando los límites. El aroma delicado y fresco de su piel hizo que su cuerpo duro y fuerte se tensara. Sintió una súbita excitación que le sorprendió y puso fin a su actitud burlona. Reclamó sus deliciosos labios rosados con urgencia devastadora, y ese primer contacto incrementó su apetito.

A Minwoo le costaba creer lo que estaba haciendo, pero habría sido incapaz de moverse un milímetro para evitarlo. Le asolaba una tormenta de sensaciones que lo dejó mareado y desorientado. Sintió fuegos artificiales estallando en todo su cuerpo. Una dulce calidez se aposentó en su vientre y los músculos de su pelvis se tensaron. Se estremeció con violencia cuando la caricia de su lengua tentó la tierna cueva de su boca. El pinchazo de deseo que desgarró su cuerpo fue casi demasiado intenso, y emitió un gemido de protesta.

Seductores III- 1




Park Hyungsik entró en el palacio Zea por primera vez en diez años. El palacio, una espléndida mansión situada en las colinas de la Toscana, era tan famoso por su grandiosa arquitectura palatina como por la producción del legendario vino Zea, artífice de un imperio de viñedos situados por todo el mundo.

Por desgracia, los recientes reveses financieros se habían cobrado su precio: la deslumbrante colección de tesoros que una vez habían llenado la mansión había desaparecido y su grandeza empezaba a desvanecerse. Pero a partir de ese momento le pertenecía a Hyungsik. En su totalidad. Cada piedra y cada metro de productiva tierra, y él era lo bastante rico como para dar marcha atrás al reloj y remediar ese abandono.

Debería haber sido un momento de triunfo supremo. Sin embargo, Hyungsik no sentía nada. Hacía mucho tiempo que había dejado de sentir. Al principio se había tratado de un mecanismo de defensa, pero pronto se convirtió en un hábito que alimentaba.

Le gustaba la estructura limpia y eficaz de su existencia. No sufría altibajos emocionales. Cuando quería más, cuando necesitaba un poco de excitación que lo reviviera, la obtenía mediante el sexo o los retos físicos. Había escalado paredes rocosas en medio de tormentas de nieve, atravesado selvas en condiciones terribles, y practicado deportes extremos. No había descubierto el miedo, pero tampoco nada que le importara de verdad.

Seductores III


Introducción



Título: Seductores III
Autora original: Lynne Graham
Título original: Cautiva del Italiano. Serie Seductores
Género: AU, FLAFF
Clasificación: Rating {NC17}
Advertencia: Ninguna.

Comentario de adaptadora: Llegamos al tercer y último libro de la serie. Vuelvo y digo, no maltraten a mi niño.... Disfruten de la lectura.


Descripción:

Sería su esposo y el appa de su hijo… pero nunca tendría su amor.

Minwoo atendía mesas durante el día y por la noche limpiaba para escapar de los errores del pasado. Su mundo nada tenía que ver con el de Park Hyungsik, un millonario despiadado y guapísimo. Pero una noche, Hyungsik se fijó en que bajo aquellas horribles ropas, Minwoo escondía un cuerpo perfecto… y él le entregó su virginidad. Minwoo creía que eso sería todo… pero entonces descubrió que se había quedado embarazado.

Hyungsik había descubierto el secreto que ocultaba Minwoo y, por mucho que dijera que era inocente, no le creía. Quizá no fuera capaz de amarlo, pero se casaría con él y sería el padre de su hijo.



La historia original no es mía, YO SOLO LA ADAPTO, modifico nombres y una que otra situación. Créditos a su autora original y de traducción a quien corresponda.




yota´s news : De regreso?

 Buenas tardes a todas las lectoras. Después de un año  y casi 4 meses regreso a saludarlas y comentarles nuevas.  Me gustaría decirle...