Durante tres semanas seguidas, Henry mantuvo a Clinton y Zhou
Mi bajo arresto domiciliario. Pero como pasaba el tiempo y los Daimons no
aparecían, comenzó a preguntarse si no estaba exagerando un poquito.
Henry sabía que Clinton lo acusaba de hacerlo al menos
cinco veces por hora.
Zhou Mi se había retirado completamente de la
universidad, aunque había odiado tener que hacerlo. Estaba sólo de tres
semanas, pero parecía de tres meses. Su vientre se estaba redondeando,
dejándole saber a todos que realmente había un niño dentro suyo.
Era lo más hermoso que Henry había visto en su vida,
incluso aunque luchaba para mantenerse emocionalmente distante a él.
Pero era difícil. Especialmente porque pasaban mucho
tiempo juntos, filmando a Zhou Mi para su bebé. La mayor parte del tiempo, él
estaba perfectamente calma mientras le contaba al bebé sobre su pasado, su
madre y sus hermanas. Y su padre. Con cada cariñoso recuerdo que compartía con
el bebé, Henry se sentía más cercano.
—Mira esto –dijo, mientras
mostraba su mano con el anillo de sello hacia la pequeña filmadora que él
sostenía. Henry enfocó el lente—. Mi madre me dijo que este es el verdadero
anillo de bodas que los reyes Atlantes usaban al casarse. —Zhou Mi lo observó
con tristeza—. No estoy seguro de cómo sobrevivió todos estos siglos. Mi madre
se lo dio a mi padre para que él pudiera dármelo. Voy a asegurarme que tu padre
lo tenga, para dártelo a ti también.
Cada vez que Zhou Mi hablaba sobre el futuro del bebé sin
él, mataba una parte suya. La injusticia de la situación rompía el corazón de
Henry en pedazos.
El dolor en sus ojos, la pena.
Y cada vez que él lloraba, lo lastimaba aún más. Henry
intentaba tranquilizarlo lo mejor que podía, pero al final ambos sabían cuál
sería el resultado de todo esto.
No había modo de detenerlo.
Su padre venía frecuentemente durante el día para
encontrarse con él. Zhou Mi no hizo que su padre lo conociera, ya que de
cualquier modo no lo recordaría.
Él estaba verdaderamente agradecido por eso.
En su lugar, Zhou Mi le presentó su padre a Clinton e
hicieron planes para que se mantuvieran en contacto luego de que llegara el
bebé.
Shindong había llamado la noche de Mardi Gras y había
otorgado a Henry una licencia inmediata para que abandonara sus deberes de
Cazador Oscuro para cuidar a Zhou Mi y proteger al bebé. Otros dos Cazadores
Oscuros habían sido transferidos para ocuparse de las patrullas habituales de
Henry y para ayudar a estar en guardia en caso de que Dylan o los otros
fuesen tras ellos.
Shin también le había dado el nombre de un Apolita
Cazador Oscuro llamado Tao, quien
podría ayudarlos con lo que Zhou Mi necesitaría en su embarazo. Henry había
llamado cada noche para dejar un mensaje en la casa de Tao, pero aún no había
respondido.
Y tampoco había podido contactar a Shindong nuevamente.
Su teléfono sonó.
Zhou Mi observó a Henry sacar el teléfono de su bolsillo
y atender. Sabía que estaba preocupado, y no sólo por él y por Clinton. Su
mejor amigo, Kyuhyun, había desaparecido, y ninguno de los Cazadores Oscuros
había tenido contacto con él en semanas.
Aún más preocupante era que Shindong también estaba
desaparecido en acción. Henry le decía todo el tiempo que eso era una mala
señal, aunque Hyungjoon les dijo que no se preocuparan por eso. Aparentemente, Shindong
era bastante famoso por tener épocas en que nadie podía localizarlo.
Hyungjoon les había asegurado que Artemisa jamás
permitiría que nadie lastimara a Shindong. Si hubiese sido herido, ya todos lo
sabrían.
Zhou Mi estaba sentado en el piso con Clinton y Hyungjoon,
jugando a Life. Había intentado jugar antes a Trivial Pursuit, sólo para darse
cuenta de que un Cazador Oscuro y el doncell inmortal de una diosa tenían una
ventaja decididamente injusta sobre Zhou Mi y Clinton. En Life, lo único que
importaba era la suerte.
—Bueno, estaré condenado –dijo Henry algunos minutos más
tarde, luego de colgar el teléfono y regresar al juego.
—¿Sucedió algo? –preguntó Zhou Mi mientras movía su
pieza.
—Kyuhyun recuperó su alma.
—Kyuhyun recuperó su alma.
—No puede ser –dijo Clinton impulsivamente, recostándose
en el suelo ante la sorpresa—. ¿Cómo lo hizo?
El rostro de Henry estaba inexpresivo, pero Zhou Mi había
aprendido a conocerlo lo suficientemente bien como para ver la tensión en sus
rasgos. Estaba feliz por su amigo, pero también podía notar que estaba un
poquito envidioso. Y no es que lo culpara por eso.
—Conoció a un artista y se enamoraron –dijo Henry
mientras volvía a sentarse detrás de él y arreglaba su dinero para jugar—. En
Mardi Gras, él recuperó su alma y lo liberó.
Clinton hizo un ruido de irritación ante el anuncio de
Henry.
—Oh, hombre, eso apesta. Ahora tendrá que unirse a Kangin
en la patrulla del geriátrico.
—¡Clinton! —Zhou Mi jadeó con una carcajada inapropiada—.
Es horrible que digas eso.
—Sí, pero es cierto. No puedo imaginar cambiar la
inmortalidad por una pareja. No quiero ofenderlos, jóvenes, pero hay algo que no
está bien.
Henry mantuvo su atención en el tablero de juego.
—Kyuhyun no intercambió su
inmortalidad. A diferencia de Kangin, pudo mantener la suya.
—Oh –dijo Clinton—.
Entonces, está bien. Bien por él. Hombre, debe ser agradable tener el pastel
y comerlo, ¿eh? –El rostro de Clinton se sonrojó mientras miraba a uno y a otro
al darse cuenta de lo que acababa de decir—. Quiero decir que…
—Está bien, Clinton –dijo Henry caritativamente. Pero sus
ojos traicionaron el dolor que sentía. Hyungjoon tomó su turno.
Zhou Mi se estiró y entrecruzó sus dedos con los de
Henry.
—No sabía que los Cazadores Oscuros podían ser liberados.
—Es raro –dijo Henry, apretando más fuerte su mano—. Al
menos lo era hasta este año. Kyuhyun y Kangin ya son dos de los que sabemos.
—Tres –agregó Hyungjoon mientras movía su pieza en el
tablero.
—¿Tres? –preguntó Henry.
Se veía aturdido. Hyungjoon asintió.
—Tres Cazadores Oscuros han sido liberados. Escuché a unas
doncellas hablando acerca de eso anoche, cuando fui a presentarme ante
Artemisa.
—Pensé que no habías tenido la posibilidad de hablar con
ella –dijo Zhou Mi, recordando lo que Hyungjoon les había dicho luego de su
regreso la noche anterior.
—Oh, no lo hice. Tiene el enorme cartel de No Molestar en
la puerta de su templo. Hay determinados momentos en que nadie excepto Apolo se
atreve a irrumpir en sus dominios. Pero sí escuché a los demás Iconos
cuchicheando sobre eso. Aparentemente, Artemisa no estaba realmente feliz con
el asunto.
—Hmm… —dijo Zhou Mi, mientras pensaba acerca de eso.
—¿Quién más fue liberado? –preguntó Henry.
—Yesung de Moesia.
La mandíbula de Henry se aflojó a la vez que Clinton
miraba a Hyungjoon como si le hubiera brotado una nueva cabeza.
Clinton bufó.
—Ahora sé que estás loco, Hyungjoon. Yesung está marcado
para morir. No hay modo.
Hyungjoon lo miró.
—Sí, bueno, él no murió, y en lugar de eso fue puesto en
libertad. Artemisa ha amenazado a todos si pierde otro Cazador.
Esas palabras no eran reconfortantes para Zhou Mi. Sólo
podía imaginar lo que serían para Henry.
—Pensé que jamás vería el día en que dejarían en libertad
a Yesung –dijo Henry en voz baja—. Es tan psicópata que lo han tenido en el
exilio casi el mismo tiempo que he sido un Cazador Oscuro.
Zhou Mi respiró hondo al escucharlo. No parecía correcto
que alguien como este tal Yesung pudiera ser libre mientras que Henry estaba
condenado de ese modo.
—Me pregunto que hará ahora Minho para los Cazadores
Oscuros ahora que Kyuhyun está libre – dijo Clinton mientras le quitaba la lata
de Pringles a Hyungjoon—. No puedo imaginar que alguna vez sirva a Siwon.
—Sin duda –dijo Henry.
Le explicó a Zhou Mi que Siwon era el nieto del hombre
que había arruinado a la familia de Kangin y crucificado al general Griego.
Como era el antiguo Escudero de Kangin y un amigo personal, Minho jamás
serviría al hombre cuya familia le había hecho eso a Kangin.
Henry, Hyungjoon, y Clinton continuaron discutiendo sobre
los Cazadores Oscuros, mientras Zhou Mi pensaba sobre lo que se había enterado
esta noche.
—¿Yo podría liberarte? –le preguntó a Henry. Una extraña
mirada oscureció sus ojos.
—No. A diferencia de los demás Cazadores Oscuros, yo no
tengo una cláusula de liberación.
—¿Por qué?
Henry suspiró cansadamente mientras giraba la rueda para
su turno.
—Fui engañado para servir a Artemisa. Todos los demás lo
hicieron voluntariamente.
—¿Engañado cómo?
—¿Ese fuiste tú? —Hyungjoon interrumpió antes de que
Henry pudiese responder a su pregunta. Zhou Mi se volvió hacia Hyungjoon.
—¿Sabes acerca de eso?
—Bueno, sí, hubo un gran alboroto en la época en que
sucedió. Artemisa aún sigue echando humo porque Ken le ganó. A la diosa no le
agrada que nadie la supere, y menos aún cuando lo hace un mortal que le
pertenece.
—¿Cómo lo hizo? –preguntó Zhou Mi.
Hyungjoon le quitó las Pringles nuevamente a Clinton
antes de que pudiera despacharlas. A ese chico le encantaba comer. Aún tenían
que descifrar cómo se las arreglaba para mantenerse tan delgado comiendo del
modo en que comía.
Refunfuñando, se levantó y fue hacia la cocina; sin
dudas, a buscar más bocados. Hyungjoon dejó la lata junto a su pierna.
—Ken hizo un pacto con el dios nórdico Loki. Él usó un
cardo de los Nórdicos, que se dice que permite a una persona intercambiar
lugares con otra por un día.
Henry frunció el ceño ante esas palabras.
—¿Entonces cómo lo hicieron durar?
—La sangre de Loki. Los dioses nórdicos tienen algunas
reglas extrañas, y él quería a Ken para sí mismo, así que canjeó su alma por la
tuya, para poder quedarse con ella. Artemisa no tenía ganas de ir a la guerra
con él para recuperar a Ken. Se dio cuenta de que, de cualquier modo, tú serías
un mejor Cazador. —Los ojos de Henry se entrecerraron. Hyungjoon le dio una
palmada compasiva en el brazo—. Si te hace sentir mejor, él aún está torturando
a Ken por eso, y tampoco tiene una cláusula de liberación con él. Y si la
tuviese, Artemisa lo mataría. La única razón por la que aún no lo ha hecho es
que Loki aún lo protege.
—No me hace sentir mejor.
—No. Supuse que no lo haría.
Dylan se paseó por el piso del salón de banquetes débilmente
iluminado deseando sangre. Ya hacía tres semanas que no lograban encontrar
rastro de Henry o de Zhou Mi.
Ni siquiera podían llegar hasta su padre para ayudar a
que él saliera. Maldito fuera todo.
Tenía a su hijo trabajando en eso ahora, pero parecía
inútil.
—¿Qué tan difícil puede ser encontrar el lugar donde vive
un Cazador Oscuro?
—Son hábiles, kyrios –dijo uno de los spatti, usando el
respetuoso término Atlante para “señor.”—Si no lo fuesen –continuó—, seríamos
capaces de ubicarlos y asesinarlos mediante nuestros sirvientes mientras
estuviesen dormidos.
Dylan giró hacia él con una mirada tan malévola que el
Daimon se echó atrás. Sólo su hijo tenía el coraje suficiente como para no
retroceder ante su furia. Su valentía no tenía igual.
El demonio Xedrix apareció ante él en el salón. A
diferencia de los Daimons, Xedrix no se doblegaba ni reconocía la elevada
posición de Dylan en su mundo. La mayor parte del tiempo, Xedrix lo trataba
más como a un sirviente que como a un amo. Fue algo que enfureció aún más a Dylan.
No había dudas de que el demonio pensaba que su lugar en
el aprecio de la Destructora era suficiente para protegerlo, pero Dylan sabía
la verdad. Su madre lo amaba absolutamente.
—Su Gracia Benévola desea una palabra con usted –dijo el
demonio en un tono bajo y sereno. Gracia Benévola. Cada vez que Dylan escuchaba ese título deseaba reír, pero sabía lo que debía hacer. Su madre
realmente no tenía sentido del humor.
Se levantó de su trono y se dispuso a ir a sus cámaras
privadas.
Su madre estaba parada junto una piscina donde el agua
fluía al revés hacia arriba, por una reluciente pipa que iba de este mundo al
reino humano. Había una delicada bruma de arco iris y vapores alrededor del
agua. Era aquí en donde la diosa podía mirar y así saber lo que estaba
sucediendo en la tierra.
—El está embarazado –anunció la diosa sin darse vuelta.
Stryker supo que el “él” de la diosa se refería a Zhou Mi.
—¿Cómo puede ser?
La diosa levantó las manos y dibujó un círculo en el
aire. El agua de la piscina se formó como una bola de cristal. Aunque no había
más que aire sosteniéndola, giró hasta que apareció la imagen del joven que
ambos querían muerto. No había nada en la bola que le diera alguna indicación
sobre cómo encontrar a Zhou Mi.
Apollymi arrastró una uña a través de la imagen, haciendo
que temblara y se distorsionara.
—Artemisa está interfiriendo con nosotros.
—Aún hay tiempo de matar a appa y al hijo.
Ella sonrió al escucharlo.
—Sí, lo hay. –Abrió sus manos y el agua hizo un arco
desde la bola y regresó a la piscina—. Ahora es el momento de atacar. El Elekti
está siendo ocupado por Artemisa. Él no puede detenerte. Ni siquiera sabrá
cuando ataques.
Dylan retrocedió ante la mención del Elekti. Al igual
que la Abadonna, Dylan tenía prohibido atacarlo.
Odiaba las restricciones.
—No sabemos dónde atacar
–le dijo a su madre—. Hemos estado buscando…
—Lleva a uno de los
ceredons. Mis mascotas pueden encontrarlos.
—Creí que tenían prohibido abandonar este reino.
Una cruel media sonrisa curvó los labios de su madre.
—Artemisa rompió las reglas; también lo haré yo. Ahora
ve, m'gios, y enorgulléceme. — Dylan asintió y dio la vuelta bruscamente. Dio
tres pasos antes de que la voz de la Destructora lo hiciera detener—. Recuerda, Dylan, mata al heredero antes de que el Elekti regrese. No librarás
combate con él. Nunca.
Él se detuvo pero no miró atrás.
—¿Por qué siempre me estuvo prohibido tocarlo?
—No nos corresponde cuestionarlo. Nos corresponde vivir o
morir.
Él hizo rechinar los dientes mientras ella le decía la
distorsionada frase humana. Cuando ella habló nuevamente, la frialdad en su
tono sólo lo hizo enojar más.
—La respuesta a eso es cuánto valoras tu vida, Dylan. Te he mantenido cerca todos estos siglos, y no deseo verte muerto.
—El Elekti no puede matarme. Soy un dios.
—Y dioses más grandes que tú han caído. Muchos de ellos
ante mi furia. Presta atención a mis palabras, niño. Presta mucha atención.
Dylan continuó su camino, deteniéndose sólo lo
suficiente como para desencadenar a “tornado.” Una vez liberado, el ceredon era
una amenaza mortal. Muy parecido a Dylan.
Era cerca de la medianoche cuando el teléfono de Henry
volvió a sonar. Atendiendo, escuchó un brusco acento Griego que no reconocía.
—Soy Tao, Vikingo. ¿Llamaste al menos unas cien veces
mientras no estuve?
Henry ignoró el tono exasperado del hombre.
—¿Dónde has estado?
La respuesta de Tao salió como un grave gruñido de
desafío.
—¿Desde cuándo demonios debo responder ante ti? Ni
siquiera te conozco, por lo tanto, no es maldito asunto tuyo.
Bueno, alguien no había tomado sus píldoras de
personalidad esta noche.
—Mira, personalmente no tengo ninguna queja contra ti,
Daimon…
—Soy un Apolita, Vikingo. Una gran diferencia. Sí, claro.
—Perdón. No pretendía ofenderte.
—Para citarte, Vikingo, sí, claro. ¡Mierda!
—Y sí, también escuché eso.
Henry pisoteó su furia y puso la mente en blanco. Lo
último que deseaba era traicionarse ante un extraño que podía ser tan letal
como los Daimons que perseguían a Zhou Mi.
—Si sabes tanto, entonces deberías saber porqué estaba
llamando.
El silencio le respondió.
Luego de una breve pausa, Tao rió profundamente.
—No puedes borrar tus pensamientos de mí, Henry. No hay
modo de escudarte mientras tenga un contacto directo contigo, como por ejemplo
el teléfono que estás sosteniendo. Pero no te preocupes. Yo no soy tu problema.
Sólo estoy sorprendido de que Apolo realmente tenga una heredera para proteger.
Felicitaciones por el bebé.
—Gracias –dijo Henry menos que sinceramente.
—Y para responder a tu pregunta, no lo sé.
—¿Saber qué?
—Si los mitad Apolitas viven más allá de los veintisiete
años. Pero cualquier cosa es posible. Yo digo que en unos meses preparemos unas
ACT II, nos sentemos y disfrutemos del espectáculo.
Lo enfureció que el Apolita restara importancia a algo
tan trágico.
—Cállate, Tao. No me pareces para nada gracioso.
—Entonces me da aún más pena. Resulta que yo creo que soy
bastante cómico. —Henry no quería nada más que destrozar al Cazador Oscuro
Apolita—. Entonces es bueno que viva en Alaska donde no puedes alcanzarme, ¿eh?
—¿Cómo puedes hacer eso?
—Soy telépata. Conozco tus pensamientos incluso antes que
tú.
—¿Entonces por qué estás siendo tan imbécil?
—Porque soy telépata, no empático. No me podría importar
menos lo que sientes, sólo lo que piensas. Pero como también tenía un mensaje
de Shin diciéndome que los ayudara, supongo que lo haré.
—Qué grandeza la tuya –dijo Henry sarcásticamente.
—Sí lo es, especialmente tomando en cuenta lo mucho que
detesto a la mayoría de ustedes. Pero como Zhou Mi es una de los míos,
intentaré ser agradable. Si fuese tú, iría a buscarle una partera Apolita que
ayude a nacer a tu hijo.
El corazón de Henry se apretó ante esas palabras.
—¿Es un varón?
—Aún no, pero lo será cuando esté un poquito más formado.
Henry sonrió ante la idea, aunque para ser honesto, una
pequeña parte de él deseaba un joven o una hija, que pudiera recordarle a su appa
una vez que Zhou Mi se hubiera ido.
Acallando ese pensamiento antes de que lo condujera a un
sitio al que no quería ir, escuchó la lista de cosas que Tao dijo que
requeriría Zhou Mi.
—Mi gente es un poquito diferente a los humanos. Hay
algunos asuntos dietéticos especiales, y cambios de ambiente.
—Sé que Zhou Mi necesita una transfusión –dijo Henry,
pensando en lo pálido que había estado en estos días—. Más temprano me dijo que
se estaba sintiendo débil.
—Confía en mí, él necesita más que eso.
—¿Qué?
Tao ignoró la pregunta.
—Haré algunas llamadas para ver si puedo encontrar a
alguien que esté dispuesto a ayudarlos. Si tenemos suerte, podría haber una
colonia en la cual ingresarlos. No puedo prometer nada. Como ahora estoy
bateando para el otro equipo, mi gente tiene una mala tendencia a odiarme, y
desea matarme cada vez que intento contactarlos.
—Lo aprecio mucho, Tao.
—Sí, y yo aprecio que me mientas por ser amable cuando
los dos sabemos cómo son las cosas. La única razón por la que me estás
tolerando ahora mismo es Zhou Mi. Buenas noches, Henry.
El teléfono quedó muerto.
—Asumo que no salió demasiado bien.
Él miró sobre su hombro, para ver a Zhou Mi parado en la
entrada de su habitación. Sus pensamientos habían estado concentrados en la
personalidad de Tao, y no lo había escuchado entrar.
—Como caminar por una cueva de osos cubierto de miel.
El sonrió mientras se le acercaba.
—Interesante imagen.
Henry pensó otra vez en lo que Tao había dicho acerca de
las necesidades de Zhou Mi. Ya hacía casi un mes que estaba embarazado. ¿Estaba
bien?
—¿Cómo te estás sintiendo?
—Muy, muy cansado. Vine a prepararme para ir a la cama
temprano.
Él rió desanimadamente.
—Sólo en nuestro mundo la medianoche podría ser
considerada como temprano.
Henry lo atrajo suavemente. Zhoumi se sentó sobre él con
facilidad, y él se dio cuenta de lo cómodo que había llegado a sentirse con Zhoumi.
—Sí, lo sé –dijo Zhou Mi mientras metía la cabeza bajo el
mentón de Henry y se recostaba contra su pecho—. Las alegrías de ser nocturnos
–suspiró—. Cuando era pequeño, intentaba traerle sol a mi madre. Me sentía tan
mal porque ella jamás lo había visto o sentido realmente. Entonces yo intentaba
atraparlo en frascos. Cuando eso fallaba, capturaba frascos y más frascos de
luciérnagas, y le decía que si pudiésemos capturar los suficientes, entonces
parecería el sol. Ella se reía, me abrazaba, y luego las dejaba en libertad,
diciéndome que nada debería tener que vivir su vida en una jaula.
Henry sonrió. Podía imaginarlo llevándole frascos a su
madre.
—Estoy seguro de que la complacía.
—Mi hermana mayor era como ella. No podía tolerar el sol
para nada. Si estaba bajo él por más de tres minutos, comenzaba a crujir.
—Lo siento.
Los dos se quedaron en silencio mientras Henry cerraba
los ojos y dejaba que su aroma lo penetrara. Se sentía tan suave contra él. Sus
curvas llenas a causa del embarazo.
Lo único que Henry quería era saborearlo.
—¿Crees que morir duele? –preguntó Zhou Mi, su voz no era
más que un susurro sin aliento. El dolor lo hirió ante ese pensamiento.
—Bebé, ¿por qué te haces esto a ti mismo?
—Intento no hacerlo –susurró Zhou Mi—. Realmente, pero
parece que no puedo evitar pensar en el hecho de que dentro de siete meses
jamás volveré a ver el sol. –Lo miró con los ojos luminosos y brillantes por
las lágrimas que no habían caído—. Jamás te veré. Ni a Hyungjoon. Este
andrajoso y viejo sótano.
—Mis habitaciones no son andrajosas.
El le regaló una sonrisa agridulce y simpática.
—Lo sé. Supongo que debería contar mis bendiciones. Al
menos tengo el beneficio de saber cuándo moriré. De ese modo puedo poner todo
en orden.
No, no podía, porque mientras pasaba más y más tiempo con
él, se unían más.
Estas últimas tres semanas habían sido tan increíbles. Él
había aprendido a sentirse casi normal. Era tan agradable subir las escaleras y
no tener que presentarse a él y a Hyungjoon. Despertarse al atardecer y
encontrarlo recostada a su lado, conociéndolo, conociendo su tacto…
Suspirando, Zhou Mi se levantó y caminó hacia la cama.
Dio un paso y tropezó.
Henry se movió a la velocidad de la luz para tomarlo en
sus brazos antes de que cayera.
—¿Estás bien?
—Un mareo.
Los había estado teniendo
toda la semana.
—¿Necesitas que mande a
buscar sangre?
—No. Me parece que este
fue debido al embarazo.
Lo llevó hasta la cama y lo
recostó suavemente.
Zhou Mi sonrió ante la imagen de su guerrero y su
preocupación. Cualquier cosa que él necesitara o deseara, Henry enviaba a
alguien a buscarla, o la conseguía por sí mismo. Cuando él comenzaba a
alejarse, besó sus labios. La reacción de Henry le sobresaltó, cuando le
correspondió desesperadamente. Era como un animal salvaje que exploraba cada
centímetro de su boca. La lengua danzaba con la suya, y Zhou Mi tembló cuando
rozó sus colmillos.
Sentía al depredador dentro suyo, al bárbaro. Sabía a sed
de sangre y piedad. Gruñendo, él levantó su camisa para poder acariciar su pecho.
Zhou Mi suspiró ante su toque exigente. Él era tierno
normalmente, pero esta noche su toque era salvaje. Henry le quitó la ropa
interior junto con los pantalones, tan rápidamente que apenas sintió que le abandonaban.
Él ni siquiera se molestó en quitarse del todo el
pantalón. A cambio, los empujó hasta abajo de su cadera, lo suficiente para
poder entrar.
Zhou Mi gimió mientras él lo llenaba con una felicidad
tan dulce que quería llorar. Era tan feroz mientras embestía, y él se deleitaba
con cada golpe profundo y penetrante.
Henry no podía respirar. No podía hacer nada respecto a él.
No podía permitirle superar sus defensas cuando no tenía más opción que dejarle
ir, pero tampoco podía evitarlo. Necesitaba sentirlo entre sus brazos.
Necesitaba sentir su cuerpo bajo el de él.
Zhoumi hundió las uñas en
su piel mientras arqueaba la espalda y tenía un orgasmo para él. Henry esperó
hasta que hubiese terminado de temblar antes de unirse a él en ese feliz lugar.
Henry se recostó cuidadosamente sobre su cuerpo, para no lastimarlos. Todo lo
que quería era sentirle entrelazado con él, sus piernas desnudas sosteniendo su
cuerpo.
—¿Estás bien? –le preguntó
Zhou Mi tranquilamente—. No sueles estar tan apurado.
Él cerró los ojos mientras las palabras lo desgarraban
por dentro.
Sólo Zhou Mi lo había conocido. Sus hábitos. Lo que le
gustaba y lo que no. Y recordaba esas cosas. En todos esos siglos, él era el único
amante de Henry que había aprendido esas cosas.
¿Qué iba a hacer sin él?
Se escuchó un golpe en la puerta.
—Hey, ¿Mi? –Dijo Clinton—. Si aún lo deseas, pedí una
pizza para ti, ya que dijiste que querías una. Debería llegar en unos minutos.
El rió tontamente mientras Henry lo miraba con el ceño
fruncido. Sus cuerpos aún estaban unidos.
—Antes de que bajaras le dije que mataría por una porción
de pizza de pepperoni –le explicó. Levantando la voz, dijo—: Gracias, Clinton.
Subiré en unos minutos.
El ceño de Henry se profundizó.
—Si necesitas descansar…
—¿Estás bromeando? Hablaba en serio cuando dije que
mataría por la pizza.
—Deberías haber dicho algo más temprano. Clinton hubiera
hecho que la cocinera te preparara una.
—Lo sé, pero para el momento en que subí, Marie ya había
comenzado con el pollo, y no quise herir sus sentimientos. Es una señora
realmente agradable.
—Lo sé.
Zhou Mi vio la expresión herida en el rostro de Henry.
Marie había estado trabajando allí durante casi ocho años
y creía, erróneamente, que Clinton era su jefe. Marie le había contado a Zhou
Mi la historia completa acerca de cómo el padre de Clinton la había contratado
y, que tres años después, luego de su muerte por un ataque al corazón, en medio
del living, la madre de Clinton se había mudado a una nueva casa al otro lado
del pueblo, para no tener que revivir la muerte de su esposo cada vez que
andaba por la casa. Su madre había intentado que Clinton también se fuera, pero
por una razón evidente, él se había quedado con Henry. La casa había sido
dejada en depósito a Clinton por su padre, para que su madre no pudiese
venderla y obligarlo a mudar.
Era incontable la cantidad de veces que Henry había
conocido a Marie en los últimos ocho años.
—Lo lamento, Henry.
—No lo hagas, estoy acostumbrado.
Henry se retiró de él y se vistió, luego lo ayudó a
ponerse la ropa. Lo ayudó a subir las escaleras. Lo acostó en el sofá mientras
él le buscaba una almohada y una manta.
Zhou Mi sonrió ante su generosidad cuando lo arropaba con
la manta, y luego arrebataba el control remoto de las manos de Clinton.
—¡Hey! –dijo Clinton bruscamente, indignado.
—Tú no estás embarazado, Clinton –dijo, alcanzándoselo a Zhou
Mi.
—Está bien –respondió Clinton resentidamente—. Veremos si
alguna vez tengo un bebé para ti.
—Sí, claro. Para la época en que encuentres el tiempo
para hacerlo, mi hijo tendrá nietos.
Clinton estaba horrorizado.
—Oh, oh, oh, no quiero oír eso de ti, cornudo.
Ese era un insulto familiar que Clinton utilizaba para
irritar a Henry. Zhou Mi no lo había comprendido hasta que Clinton le explicó
que se desprendía de la errada creencia de que los Vikingos usaban cascos con
cuernos en la Edad Media.
—Ya está –continuó Clinton—, voy a cambiarme de
universidad, a Stanford. De cualquier modo, estoy cansado de toda esta nieve.
Puede que allí tampoco me acueste con nadie, pero al menos las mujeres en mi
clase no vestirán parkas.
Hyungjoon entró en la habitación y puso los ojos en
blanco.
—¿Es idea mía o estos dos discuten como dos niños
pequeños cada vez que están juntos?
—Discuten como niños –dijo Zhou Mi—. Creo que intentan
que el atormentar a otras personas se convierta en un deporte olímpico.
Clinton abrió la boca al mismo tiempo que sonó el timbre
de la puerta.
—Pizza –dijo, poniéndose de pie.
Un extraño temblor atravesó a Zhou Mi. Frotándose la
nuca, miró alrededor.
—¿Estás bien? –le preguntó Hyungjoon.
—Creo que sí.
Simplemente se sentía… raro…
Recostó la cabeza contra el sofá para ver a Clinton con
la pizza en su mano y el repartidor afuera. Clinton le pagó.
—Hey –dijo el tipo mientras Clinton se apartaba—. ¿Te
importa si entro un segundo y uso el teléfono? Necesito llamar al negocio por
algo de la próxima entrega.
Clinton inclinó la cabeza.
—¿Qué tal si te traigo un teléfono celular al porche?
—Vamos, hombre, hace frío aquí afuera. ¿No puedo entrar a
hacer una llamada?
Henry estaba parado, encaminándose rápidamente hacia la
puerta, mientras Clinton se apartaba aún más.
—Lo siento, amigo –dijo Clinton con más firmeza—. Ningún
desconocido entra a esta casa, ¿capische?
—Clinton –dijo Henry bruscamente, su voz era grave y
acerada—. Aléjate.
Por una vez, Clinton no discutió.
Henry tomó una espada de la pared mientras al mismo
tiempo, el Daimon que estaba en el porche extraía dos dagas enormes de adentro
de la bolsa aisladora de la pizza.
El Daimon le arrojó una daga a Clinton, luego giró para
librar combate con Henry. Clinton se tambaleó hacia atrás, su rostro estaba
pálido mientras caía al piso.
Oh combate en casa si me encantan las peleas henry tu puedes
ResponderEliminarOh no Clintonnnn no puede serrrr, y Mimi ya se le nota su embarazo tan lindo, solo espero que no muera en su cumpleaños y que lo de Clinton no sea nada grave, seria horrible que muriera, noooooo esta increible Yota.
ResponderEliminarNo inventes!!!!
ResponderEliminarClinton maldita sea muchacho!!!!
Ahhhhhh
Nooooooo
TT____TT
Mimi~