Leeteuk estaba sentado en una silla borgoña cerca de una ventana con pesadas cortinas. Miró alrededor, a la formal y elegante mansión. A diferencia de su hogar, no había nada atrayente allí. Hablaba de un hombre que era implacable y formidable, pretencioso y condescendiente. Frío. Incluso un poquito maligno y alarmante.
Todo
lo que le habían dicho que esperara de Choi Siwon.
¿Cómo
se había enganchado Heechul con un hombre semejante? Su hermano no era ninguna
de esas cosas.
Bueno,
Heechul podía ser maligno, pero en el caso de su gemelo esa era una cualidad
casi encantadora.
Pareció
tomar una eternidad hasta que escuchó a Heechul bajando las escaleras.
—¡Heechul!
El
tono susurrado era implacable y dominante.
Cuando
Heechul no atacó con una cáustica réplica, Leeteuk se levantó para investigar.
Se mantuvo en las sombras, para poder observar a Siwon con Heechul en las
escaleras.
Estaba
vestido con pantalones negros y una camisa negra con algunos botones
desprendidos. Su rostro era elegantemente esculpido. Perfecto.
Poder
y control emanaban de cada parte de él. Este definitivamente no era el tipo de
hombre que atraía a Heechul.
Siwon
miró con furia a su hermano, como si quisiera ahorcarlo.
—No
puedes tenerlo aquí. Tiene que irse inmediatamente.
—¿Por
qué?
—Porque
Kangin moriría si se entera de que su esposo estuvo en mi casa.
Perdería
la cabeza.
—Won…
—Heechul,
no estoy bromeando. Esto es cruel para él. Tienes que sacarlo de aquí antes de
que él lo descubra.
Leeteuk
estaba atónito por sus palabras. ¿Por qué le importaría cómo afectaba esto a Kangin,
cuando Kangin estaría feliz de verlo muerto?
—Leeteuk
quiere conocerte, Siwon. ¿Por favor? Sólo un minuto, y luego estoy seguro que
se irá a su casa.
Leeteuk
frunció el ceño ante el tono tranquilo y racional de Heechul. Normalmente,
cuando su hermano no se salía con la suya, se volvía bastante violento. O, ante
lo más mínimo, gritaba.
El
rostro de Siwon se suavizó instantáneamente mientras se estiraba y acunaba la
mejilla marcada de Heechul con la mano.
—Odio
cuando me miras de ese modo —le pasó los dedos sobre la ceja y le sonrió
amablemente—. Está bien.
Dejó
caer su mano hasta la suya, y entonces la levantó y le besó la palma. Heechul
lo besó en la mejilla antes de apartarse e ir hacia la biblioteca.
Con
el corazón latiendo violentamente por lo que acababa de ver, Leeteuk regresó a
la habitación para que no supieran que los había estado espiando. Pero,
mientras esperaba, las imágenes de su encuentro pasaron por su mente…
Siwon
no podía creer que estaba a punto de conocer al esposo de su enemigo.
El
hermano gemelo de Heechul.
Jamás
había estado más nervioso o inseguro.
Pero
se rehusaba a demostrarlo. Enderezando su columna, caminó hacia la biblioteca,
donde Heechul acompañaba a su hermano.
Era
extremadamente extraño escucharlos hablando entre sí. El único modo en que
podía diferenciar sus voces era por su vocabulario. Heechul tenía un modo único
de hablar, mientras que su hermano era más elocuente y correcto.
Los
ojos de Leeteuk se ensancharon un poquito mientras lo estudiaba de pies a
cabeza. Sea lo que sea que pensara de él, no dejó traslucir nada.
—Debes
ser Siwon —dijo, dando un paso adelante para ofrecerle la mano.
—Es
un honor —dijo él formalmente antes de estrecharle la mano brevemente, soltarla
y dar seis pasos atrás.
Leeteuk
miró a Heechul.
—Son
una extraña pareja, ¿verdad?
Heechul
se encogió de hombros antes de meterse las manos en los bolsillos. Siwon se puso aún más rígido. Heechul le pasó la mano
afectuosamente por el brazo
— Relájate, cariño. Él no muerde. Sólo yo hago eso —agregó guiñándole el ojo.
El
problema era que él no sabía cómo relajarse. Especialmente no mientras el
gemelo de Heechul estaba mirándolo fijamente como si fuese algo siniestro.
Leeteuk
observó a su hermano junto al General romano que había asumido que odiaría a
primera vista. Para su sorpresa, no fue así.
Él
no era simpático, eso era realmente cierto. Estaba allí parado con una
expresión seca y arrogante que parecía desafiarlo a insultarlo. Pero, al mirar
con más cuidado, se dio cuenta de que no era más que una fachada. En realidad, el
hombre esperaba que él le dijera algo malicioso, y simplemente estaba
preparándose para recibirlo.
De
hecho, su sentido psíquico no registraba ningún tipo de crueldad. Aunque se
veía completamente incómodo, su mirada se suavizaba sutilmente cada vez que
miraba a Heechul.
Y
no había modo de pasar por alto la manera en que Heechul reaccionaba hacia él.
Oh,
por dios, realmente se amaban. ¡Qué pesadilla!
—Bueno —dijo Leeteuk lentamente—, puedo quedarme aquí parado incomodando
a todo el mundo, o puedo ir a casa. De cualquier modo, probablemente debería
regresar antes de que oscurezca. Así que…
—Mis
disculpas, señor Kim —dijo él rápidamente—. No pretendía incomodarlo. Si desea
quedarse y hablar con Heechul, estaré más que feliz de retirarme.
Leeteuk
sonrió ante su generosidad.
—No,
está bien. Sólo quería conocerte en persona. Jamás he sido el tipo de persona
que permite que alguien decida por mí, y quería saber si realmente eras un
demonio con cuernos y tres dedos en los pies. Pero, aunque suene extraño,
pareces un contador.
—De
parte de él, eso es un cumplido —dijo Heechul riendo. Él pareció aún más
incómodo.
—Está
bien —dijo Leeteuk—. En serio. Simplemente sentí una loca necesidad de saber
quién estaba teniendo de rehén a mi hermano. No es habitual en él no llamarme
tres docenas de veces por día.
—No
lo tengo de rehén —dijo él rápidamente, como si la acusación lo ofendiera—. Puede irse en el momento que
quiera.
Leeteuk
sonrió.
—Lo
sé —miró a Heechul y sacudió la cabeza—. El día de Acción de Gracias será un
infierno, ¿eh? Ni pensar en el terror de Navidad. Y pensábamos que la abuelita
era mala con el tío.
El
corazón de Heechul martilleó ante lo que su hermano estaba diciendo.
—¿No
te importa?
—Oh,
claro que me importa. Preferiría matarme antes que lastimar a Kangin, pero
tampoco puedo lastimarte a ti, y no estoy dispuesto a perderte por algo que
sucedió hace dos mil años. Quizás tengamos suerte y uno de los Daimons atrapará
a Siwon antes de que esto termine.
—¡Leeteuk!
—dijo Heechul bruscamente.
—Estaba
bromeando, Hee. En serio —tomó la mano de Siwon y la sostuvo contra la de Heechul—.
Uno de estos no es como el otro, uno de estos no pertenece—cantó en voz baja.
Luego se puso serio—. ¿Vas a pedirle el alma de Siwon a Shin?
Heechul
se sintió un poco extraña por la pregunta.
—No
hemos llegado tan lejos.
—Ya
veo.
Heechul
se puso rígido ante el tono de “mamá” que Leeteuk había utilizado.
—¿Qué
se supone que signifique eso?
Leeteuk
lo miró como si no tuviera idea.
—No
significa nada.
—Sí,
claro —dijo Heechul, con su furia aumentando—. Conozco ese tono. Crees que no
lo tomo en serio, ¿verdad?
Leeteuk
farfulló.
—No
dije eso.
—No
tuviste que decirlo, Leeteuk. Sabes, estoy realmente cansado de ser el blanco
de las bromas familiares. Jamás comprendí porqué soy yo el loco y raro cuando Boa
baila desnuda en los bayous en ceremonias vudú; Judith se encadena a las
cercas; Karma es inseminadora de toros; la tía Jas está intentando empalmar a
una atrapamoscas de Venus con kudzu para hacer una planta asesina de hombres
que devore a su ex…
—¿Qué?
—preguntó Siwon. Heechul lo ignoró.
—Y
tú, precioso Leeteuk, a quien todos adoran. Primero sales inconscientemente con
un hombre mitad Apolita cuyo padre adoptivo está intentando matarte por tus
poderes, y terminas casado con un vampiro al que tengo que tolerar, aunque
personalmente pienso que es un patán pomposo, autoritario y sin gracia. ¿Por
qué soy yo el loco en todo esto?
—Heechul…
—¡No
me digas así cuando sabes que realmente me irrita!
Los
ojos de Leeteuk llamearon.
—Bien,
¿quieres saber por qué eres el loco? Porque revoloteas de un extremo al otro.
Por dios, tenías… ¿cuántas? ¿Nueve especializaciones en la universidad?
—Trece.
—¿Ves?.
Si no fuese porque nos tienes para que te cuidemos, serías uno de esos
indigentes a los que alimentas cada noche, y lo sabes. Por eso es que los
alimentas.
—Puedo
cuidar de mí mismo.
—Sí,
seguro. ¿Cuántos trabajos tuviste hasta que Irene te dejó la tienda? A
propósito, ella no quería retirarse. Papá le pagó porque era el único trabajo
que mantendrías durante más que un par de días.
—¡Imbecil!
Heechul
arremetió contra su hermano, sólo para que Siwon lo interceptara.
—Heechul,
cálmate —le dijo, reteniéndolo.
—¡No!
Estoy cansado de ser tratado como el idiota del pueblo por aquellos que dicen
quererme.
—No
te trataríamos de ese modo si no te comportaras como tal. Mi dios, Heechul,
mírate. Mira porqué Jey te dejó. Te quiero, realmente te quiero, pero no has
hecho más que causar problemas toda tu vida.
—No
te atrevas a hablarle de ese modo —dijo Siwon con brusquedad mientras se
apartaba de Heechul para enfrentar a Leeteuk—. Me importa un demonio quién
eres, te arrojaré de aquí. Nadie le habla de ese modo. Nadie. No hay nada malo
con Heechul. No es otra cosa que bueno con todo el mundo. Si no puedes ver
todas sus buenas cualidades, entonces hay algo seriamente mal contigo.
Una
sonrisa apareció instantáneamente en el rostro de Leeteuk.
—Y
eso realmente es lo que necesitaba saber.
—¿Estabas
jugando conmigo? —exclamó Heechul.
—No
—dijo Leeteuk seriamente—. Esto no es cosa de juegos. Pero antes de ir a hacer
absolutamente miserable a mi esposo, tengo que saber que ustedes dos van en
serio y que Siwon no es sólo otra de tus fijaciones de “volveré loca a mi
familia.”
Heechul
lo miró con furia mientras sus volátiles emociones se arremolinaban.
—Hay
momentos, Teukkie, en que pienso que te odio.
—Lo
sé. Llévalo a casa esta noche e intentaremos esto de nuevo.
—No
puedo creer que estés haciendo esto por nosotros —dijo Siwon.
Leeteuk
respiró hondo.
—No
quiero ofenderlos, pero no es por ustedes. Estoy haciendo esto por Kangin. Shin
me dijo algo, y estoy aquí para asegurarme que suceda.
Y,
con eso, dio media vuelta y se encaminó hacia la puerta.
—¿Teukkie?
—lo llamó Heechul, deteniéndola antes de que se fuera—. ¿Tenemos una tregua?
—No.
Tenemos una familia volátil y homicida. Pero al menos no será aburrido. Nos vemos esta noche.
Heechul
observó a su hermano partir. Muy profundo, en la boca del estómago, se le
instaló una fuerte sensación de presentimiento. Era sombría y cruel.
Terrorífica y fría.
Era
casi como si supiera instintivamente que uno de ellos moriría esa noche…
Vestida
completamente de encaje negro, Apollymi estaba sentada observando a los
no-iniciados como un hermoso ángel rubio y etéreo en su sofá. Observó su jardín
a través de las grandes puertas francesas abiertas, donde sólo crecían flores
negras, en memoria de su único hijo verdadero, que le había sido quitado
brutalmente.
Incluso
después de todos esos siglos, su corazón de madre sufría por la pérdida. Junto
con la salvaje e interminable necesidad de tener a su hijo con ella. Sentir su
cálido contacto.
¿De
qué servía ser un dios cuando no podía tener el único deseo que había ardido en
su interior?
Este
era el más doloroso de los días. Porque este era el día en que había dado a luz
a su hermoso y perfecto hijo.
Y
este era el día en que se lo habían quitado para siempre.
Las
lágrimas brillaron en sus ojos mientras levantaba el pequeño almohadón negro
desde su falda a su rostro, e inhalaba el picante aroma de la misma. El perfume
de su hijo. Cerrando los ojos, evocó una imagen del rostro más precioso y
valioso en su mente. Escuchó el sonido de su imponente voz.
—Necesito
que regreses, Apostolos —pero su susurro no era escuchado, y lo sabía.
—Él
está aquí, Benevolente.
Apollymi
se detuvo al escuchar la voz de su sirviente Charonte de más confianza, desde
que la noche en que el dios griego Dionisio y el dios celta Camulus habían
intentado liberarla de su prisión en Kalosis.
Apollymi
devolvió el almohadón a su regazo mientras daba permiso para retirarse al
demonio alado de piel anaranjada.
—¿Me
convocaste, madre? —preguntó Stryker mientras se aproximaba.
Ella
se forzó a no delatar el hecho que sabía que él se había vuelto en su contra.
Él
se creía más inteligente.
Era
suficiente para hacerla reír.
Nadie
podía derrotar jamás a la Destructora. Por eso es que estaba prisionera. Podía
ser contenida, pero nunca aniquilada. Era una lección que Stryker aprendería
demasiado pronto.
Pero
no hoy. Hoy, aún lo necesitaba.
—Es
hora, m'gios.
El
término Atlante para “hijo mío” siempre era amargo en su lengua. Él era un
sustituto muy mediocre para el niño al que había dado a luz.
—Esta
noche será el momento perfecto para atacar. Hay luna llena en Nueva Orleáns y
los Dark Hunters estarán distraídos.
¡Y
ella quería a esa niña humana! Era hora de poner fin a su cautiverio de una vez
por todas.
Kim
Sora era un leve sacrificio que necesitaba para regresar a su hijo a su estado
vivo y real. Y por todo el poder de la Atlántida, restauraría a su hijo.
Ninguna
otra vida, ni siquiera la suya, valían una pequeña parte de la de él. Stryker
inclinó la cabeza.
—En
efecto, madre. Ya he soltado a mis Daimons para hacer una matanza. Changsu
regresará con la niña a medianoche y, cuando partamos esta noche, no quedará un
solo Dark Hunter respirando.
—Bien.
No me importa cuántos Spathi u otros mueran. ¡Debo tener a esa niña! —sintió que Stryker comenzaba a partir.
—¿Strykerius?
—lo llamó.
—¿Sí,
madre?
—Sírveme
bien y serás recompensado sin límites. Traicióname y no habrá nada que pueda
salvarte de mi furia.
Stryker
entrecerró los ojos al observar a la diosa, que incluso se rehusaba a mirarlo.
—Jamás
soñaría con traicionarte, madre —dijo, enmascarando el rencor de su tono.
No,
no iba a traicionarla esa noche. Iba a matarla.
Luego
de abandonar su templo, Stryker invocó a sus Illuminati antes de abrir el
bolt-hole que llevaría a sus hombres a Nueva Orleáns. Allí harían su voluntad
mientras él se mantenía escondido a salvo, lejos de la vista de la Destructora.
Era momento de terminar con el antiquísimo conflicto entre humanos y Apolitas.
Una
nueva era estaba naciendo, y la humanidad…
Era
momento de que aprendieran que su posición era inferior.
En
cuanto a Shindong, ahora que sabía lo que el hombre realmente era, sabía cómo
neutralizarlo.
Después
de todo, ni siquiera el gran Shindong podía estar en dos sitios al mismo
tiempo, ni podía hacer frente al ataque que estaba a punto de comenzar.
Changsu
se detuvo fuera de una pequeña tienda de vudú. Era pintoresca y encantadora y,
para la mayoría de los turistas, se parecía a todas las demás.
Lo
único que separaba a esta tienda del resto que ocupaban el área, era el hecho
que aquí sentía un poder verdadero.
Cerrando
los ojos, inhaló el rico y anticuado aroma. Como Daimon, necesitaría que el
alma de ella viviera, pero como estaba en el cuerpo de un Dark Hunter…
Ahora
asesinar humanos era realizado sólo por el simple placer de hacerlo, no por
sustento.
Sonrió
para sí mismo mientras entraba para encontrar su blanco. Le llevó sólo un
segundo ubicarla detrás del mostrador, donde esperaba a un turista que estaba
comprando una poción de amor.
—¡Hola,
Jonghyun! —dijo con entusiasmo su víctima mientras el cliente salía de la
tienda y los dejaba solos.
Ah,
bien, conocía al Dark Hunter. Haría que matarla fuese mucho más sencillo.
—Hola
—dijo él, acercándose al mostrador—. ¿Cómo estás esta noche?
—Estaba
a punto de cerrar. Me alegra que hayas venido. Después de todo lo que ha estado
sucediendo por aquí, bueno… es agradable ver un rostro amigable.
La
mirada de Changsu fue más allá del hombro de ella, hasta una pequeña
instantánea colgando de un calendario que publicitaba velas aromatizadas. En
ella había nueve personas, dos de ellas eran jóvenes, los cuales reconoció
instantáneamente.
Su
mirada oscureció.
—¿Cómo
están Heechul y Leeteuk? —preguntó.
—Están
bien. Tomando en cuenta todo. Teukkie tiene miedo de salir de la casa y Hee…
probablemente lo has encontrado en las calles.
Sí,
Leeteuk tenía miedo de abandonar su casa, lo cual hacía que meterse allí fuera
casi imposible. Pero conocía un modo de sacar al hechicero de su hogar.
Le
sonrió con los labios apretados a la mujer detrás del mostrador.
—¿Te
gustaría que te acompañe a casa?
—Qué
dulce. Gracias, sería genial. Sólo dame un segundo para buscar el sobre con el
dinero y haré el papeleo en casa.
Changsu
se mojó los labios. Ya podía saborear su sangre…
La
noche estaba espeluznantemente tranquila mientras Shin caminaba solo a través
del Cementerio, buscando Daimons que frecuentemente venían a tomar las almas de
los muertos que se rehusaban a seguir adelante.
La
luna llena proyectaba sombras distorsionadas de las estatuas junto a las
criptas de ladrillo, piedra y mármol, algunas de las cuales eran aún más altas
que él.
Las
sirenas sonaron en la distancia mientras la policía se dirigía a una nueva
escena de algún crimen.
Mientras
se daba vuelta, Shin sintió que una carcajada lo atravesaba como un golpe
debilitante. Siseó de dolor mientras sentía que una puerta frágil y prohibida
se abría, y sintió al mal saliendo de la misma.
Los
Illuminati estaban abandonando Kalosis… De pronto, su visión se nubló.
Shin
ya no veía nada a su alrededor, abrumado por los sonidos e imágenes de las
almas gritando en agonía mientras morían. Era un sonido que los humanos no
podían oír, pero que a él podía cortarlo como un vidrio roto.
El
orden del universo estaba siendo alterado.
—¡Jungwook!
—gritó, convocando al dios Griego del destino, que era responsable de cortar
los hilos de la vida de los mortales.
Con
los ojos furiosos, apareció a su lado instantáneamente.
—¿Qué?
—preguntó bruscamente.
Ellos
nunca se habían llevado bien; a decir verdad, ninguno de las Moiras lo
soportaba. Y no era que le importase. Él tenía muchas más razones para odiarlos
que ellos para odiarlo a él.
Shin
se recostó contra una de las viejas criptas mientras intentaba controlar algo
de su dolor.
—¿Qué
estás haciendo? —jadeó.
—No
soy yo —dijo él, indignado—. Es algo de tu lado, no del nuestro. No tenemos
control sobre eso. Si deseas que se detenga, detenlo.
Desapareció.
Envolviéndose
los brazos alrededor del estómago, Shin se deslizó hasta el suelo.
El
dolor… estaba destrozándolo aún más. No podía respirar. No podía pensar. Los gritos
resonaron en su cabeza hasta que llevaron lágrimas a sus ojos. Sin su orden,
Simi salió de su brazo.
—Akri
—dijo, arrodillándose a su lado—. ¿Qué te lastima, akri?
—Sim
—jadeó él, entre las violentas puñaladas—. No p-puedo… —sus palabras se
apagaron en un gruñido.
Tukkie fue cruelmente lindo!!!
ResponderEliminarSolo quería saber si ésos dos iban en serio!!!
Aunque Hee~ sea muy volátil y aún confunda sus sentimientos por Won!!! Él lo ama! Al igual que el comandante romano lo ama a él!!!
Sichul rules!!!
Ahh~ nooooi
Jong(?) Nooooo
Y pos que le pasa a Shing(?)
Ay~ con él nunca se sabe!!!!
Teuk pondra a fuego el pasado de kangin y su desición por olvidarlo...si no quiere hacerlo por Hee o por el mismo...tiene que hacerlo por teuk.
ResponderEliminarY bueno,si teuk consiguio lo que queria al poner a prueba a Siwon,esperemos buenas nuevas en esa cena....*0*
T.T....a veces me gusta más no saber lo que los malos planean.
Es cierto las sospechas de Hee
Shin herido de nuevo...nevesita ayuda, y espero que esto no sea "porque así debe se ser"
Shiiiiiín