Una antigua leyenda griega.
Poseedor de una fuerza suprema y de un valor sin
parangón, fue bendecido por los dioses, amado por los mortales y deseado por
todas las mujeres y jóvenes que posaban los ojos en él. No conocía la ley, y no
acataba ninguna.
Su habilidad en la batalla, y su intelecto superior
rivalizaban con los de Aquiles, Ulises y Heracles. De él se escribió que ni
siquiera el poderoso Ares en persona podía derrotarle en la lucha cuerpo a
cuerpo.
Y, por si el don del poderoso dios de la guerra no
hubiera sido suficiente, también se decía que la misma diosa Afrodita le besó
la mejilla al nacer, y se aseguró de que su nombre fuese siempre guardado en la
memoria de los hombres.
Bendecido por el divino toque de Afrodita, se convirtió
en un hombre al que ninguna mujer o joven podía negarle el uso de su cuerpo.
Porque, llegados al sublime Arte del Amor… no tenía igual. Su resistencia iba
más allá de la de cualquier mero mortal. Sus ardientes y salvajes deseos no
podían ser domados.
Ni negados.




