No era sorprendente que Jungsoo saliera a dar un paseo en cuanto tuvo ocasión. Adoraba las estaciones, las cuatro, e incluso cuando hacía más frío era capaz de disfrutar de una vigorosa caminata. Cuando era niño, sus tíos bromeaban diciéndole que tenía sangre de hada y que se había dejado las alas olvidadas en alguna parte.
Subió la
loma en cuya cima se había detenido ya varias veces en alguna de sus caminatas,
cuando venía desde la otra dirección. Hasta entonces, aquella loma era lo más
cerca que había estado nunca de Raccoon Glade, pero siempre le había ofrecido
una vista perfecta de la gran mansión de lord Eric.
Era una
antigua casa francamente hermosa, era una lástima que lord Eric no recibiera
gente en casa más a menudo para enseñársela a vecinos que, como los Park,
habían mostrado siempre mucha curiosidad por él y su hogar.
No tenía
prisa por regresar, cuando alcanzó la
cima de la loma se sentó, sin pensar que la hierba y la tierra podían
mancharle su ropa, y disfrutó sin más de la vista.
Jungsoo
había cerrado los ojos para sentir mejor el viento que arremolinaba su cabello
en todas direcciones. Se rió cuando un mechón le rozó la nariz, haciéndole
cosquillas.
Jungsoo se
libró de milagro. Su único pensamiento fue sortear al caballo rodando por el
suelo, lo cual fue más fácil que volver a ponerse en pie.
Sin
embargo, Jungsoo no fue el único que rodó por el suelo. Al encabritarse, el
caballo había derribado al jinete, que había ido a parar al lugar donde la loma
empezaba a descender de forma abrupta y, al no encontrar una superficie plana,
había rodado un trecho antes de detenerse.
Jungsoo
fue el primero en recobrarse y ponerse de nuevo en pie. El hombre estaba
sentado en el suelo, con las piernas
extendidas, algo aturdido en apariencia, o preguntándose al menos qué había
sucedido.
Se trataba
de un hombre corpulento. Fue lo primero en que se fijó Jungsoo; era imposible
no hacerlo. Y la gruesa chaqueta corta de invierno que llevaba resaltaba la
anchura de sus hombros. Pero fueron sus piernas las que le llamaron la atención.
No pudo evitarlo. Llevaba una parte al descubierto, al menos las rodillas,
entre la falda escocesa y las botas de caña alta.
Una falda
escocesa en invierno, qué extraño. Ya había visto a escoceses con falda, cuando
pasaban por Oxbow de camino al sur y a su regreso, pero solo en verano. La
mayoría preferían abrigarse más en las estaciones frías. ¿Acaso no tenía frío?
Jungsoo
imaginó quién podía tratarse: el prometido de Heechul. Oh, Dios mío. Heechul
iba a quedarse estupefacto, y posiblemente cambiaría de opinión ipso facto en
cuanto a lo de querer deshacerse de él.
¿Cómo no iba a hacerlo, cuando era tan apuesto que hasta dejó a Jungsoo sin
respiración?
El hombre
se puso en pie, demostrándole, para su sorpresa, que no solo era corpulento, sino
también alto. Y se limpió la falda de tal forma que dejó al descubierto
una parte del muslo, ruborizándole. Por suerte, aún no se había fijado en él.
De todas formas, aunque lo hubiera hecho, Jungsoo tenía las mejillas tan
cortadas por el viento que era imposible notar que se había sonrojado.
-¿Está
usted bien?
Él se dio
la vuelta.
-Ah, ahí
está. Eso debería estar preguntándoselo yo. No lo he visto ahí sentado hasta
que ya casi era demasiado tarde.
Jungsoo le
sonrió. Tenía un acento escocés cantarín y agradable, y la voz profunda. Le
gustaba cómo sonaba, extraño a sus oídos pero lírico.
-Eso me ha
parecido.
-Debo
disculparme. Este animal y yo no nos llevamos muy bien -dijo mirando al caballo
con el ceño fruncido-. Aunque lo cierto es que, para empezar, no soy buen
jinete. Prefiero ir a pie, si la distancia no es excesiva.
Qué
coincidencia, igual que él. Jungsoo sabía montar, y lo hacía muy bien. Pero
encontraba la silla muy incómoda y, además, el Señor le había dotado con dos
robustas piernas con el propósito de que las usara.
Su alusión
a la distancia la instó a preguntarle:
-¿Llega
usted ahora, a Raccoon Glade?
Él
contempló la casa desde lo alto de la loma y volvió a fruncir el ceño antes de
decir:
-No. Solo
necesitaba desfogarme un poco y pensé
que ese semental me serviría. Ha sido una estupidez. Debería haber sabido que
montar iba a hacerme más mal que bien.
Jungsoo se
echó a reír. Lo que provocó que Youngwoon volviera a examinarle, esta vez con
más detalle.
Era un joven
sucio y no muy alto, con el pelo castaño suelto y enmarañado, pero encontró su
falta de decoro bastante atractiva. Reparó en los ojos más hermosos que había
visto jamás.
Tuvo una
premonición y no dudó en expresarla:
-¿Es usted
lord Heechul, por casualidad?
-Dios mío,
no, pero usted debe de ser el bruto escocés del que tanto he oído hablar.
Por alguna
razón, él no se ofendió. Tal vez por el brillo que detectó en sus hermosos ojos
cuando se lo dijo. Era evidente que le divertía el término «bruto» usado en
aquel contexto, referido a él, y su
diversión le hizo gracia.
Además, se
había puesto la falda escocesa, que normalmente no llevaba en invierno, para
demostrarle a Eric que prefería lo escocés a lo inglés. No obstante, la gente
podía verlo como un bruto, teniendo en
cuenta la época del año, aunque aquel insignificante frío de Inglaterra
no era nada para él. Pero también eso era divertido, ahora que estaba lo
bastante calmado como para pensar en ello.
Así que él
también dijo con cierto humor:
-Pues sí,
ese soy yo.
-No es
usted tan viejo como pensaba -prosiguió Jungsoo.
Él enarcó
una ceja, preguntándole:
-¿Cómo de
viejo?
-Cuarenta,
como mínimo.
-¡Cuarenta!
-rugió él. Su risa era contagiosa.
Youngwoon
hizo un esfuerzo para contenerse y, en lugar de ello, lo miró fingiendo
severidad.
-Entonces,
¿estaba usted riéndose de mí? -dijo.
-¿Tan
evidente resulta?
-No hay
tantos que tengan arrestos para hacerlo.
-Dudo
mucho que sea usted el bruto que dicen que es, pero, a fin de cuentas, yo tampoco soy el fantasma andante que dicen que soy. Es curioso,
lo de los rumores y las murmuraciones. Casi nunca se refieren a los hechos y, sin embargo, a
menudo se toman al pie de la letra.
-Así que Eric
esperaba a un bruto, ¿no? -dijo Youngwoon. Jungsoo parpadeó y luego volvió a
reírse.
-Oh,
caramba, supongo que no. Él no iba a ser tan tonto, ¿no?, puesto que le conoce
lo suficiente, siendo como es su abuelo. No, no. Son los que aún no le conocen,
pero están al corriente de su llegada, quienes pueden estar intrigados con un
escocés de las Tierras Altas, siendo tan pocos los que vienen a Inglaterra para
demostrar que las Tierras Altas de Escocia deben ya estar civilizadas a estas
alturas. Y, desde luego, eso da mucho juego para murmurar, ¿no cree?
Youngwoon
estuvo a purito de gruñir a modo de respuesta. Jungsoo había puesto el dedo en
la llaga al suponer que su abuelo ya le
conocía. Pero el resto de lo que había dicho le pareció divertido. De hecho,
consiguió volver a calmarlo, tanto que tuvo ganas de seguir bromeando con él en
lugar de abordar el serio tema de la mala fama que tenían los escoceses de las
Tierras Altas.
-¿Tienen
que estarlo? -dijo.
-¿El qué?
-Civilizadas.
Jungsoo pareció
meditar durante unos segundos y luego respondió con mucha lógica:
-Bueno,
tal vez no estén tan civilizadas como Inglaterra, naturalmente. Pero tengo
serias dudas de que sigan produciendo auténticos brutos. Al fin y al cabo,
fíjese en usted. ¿O es que se le ha olvidado traer la pintura de guerra?
Él se echó
a reír. Tuvo que sujetarse el estómago y secarse las lágrimas.
Pero
cuando se calmó un poco, se dio cuenta de que lo miraba con el ceño fruncido.
Y, luego, dijo muy serio:
-Se le ha
olvidado, ¿verdad?
Esta vez
se desplomó de la risa. Y cuando dejó de hacerlo se sintió... casi normal. La
amargura que le corroía las entrañas había desaparecido, al menos de momento. Y
vio la traviesa sonrisa que Jungsoo esbozaba ahora, lo cual demostraba que solo
había seguido la broma.
Aquel
joven era una joya. Desde luego, no tenía nada que ver con su concepto de los
jóvenes ingleses. Si los otros eran como él, bueno, tal vez no le resultara tan
desagradable casarse con una después de todo.
***
Los
huéspedes de Eric habían aumentado considerablemente a medida que avanzaba el día, no tenían ni idea de que el único motivo
de que no los hubieran puesto de patitas en la calle era que Eric había incluso sentido alivio de no tener
que vérselas otra vez a solas con su nieto, después de su catastrófico primer
encuentro.
Youngwoon
no estaba conforme con su viaje a Inglaterra. Por extraño que parezca, Eric jamás se había planteado la
posibilidad de que su heredero no quisiera serlo. No estaba seguro de cómo
abordar la cuestión, ni de cómo conseguir que su nieto estuviera más dispuesto
a asumir las responsabilidades que su herencia entrañaba.
Youngwoon
tenía mucho que aprender, pero tal vez no fuera el momento de empezar todavía.
Quizá sería mejor que se casara primero, puesto que en ese aspecto parecía
estar de acuerdo; por Junjin, según había dicho.
A Eric
seguía enfureciéndole que el muchacho estuviera tan dispuesto a complacer a
su abuelo escocés pero no al inglés. Era
de esperar, suponía él, aunque seguía sin gustarle. No obstante, le agradecía a
Junjin que le hubiera convencido para que se casara.
Eric no
respiraría tranquilo hasta que hubiera contraído matrimonio y concebido un
hijo, pues temía que si Youngwoon no le daba un heredero, el viejo escocés
intentaría llevarse a Youngwoon de regreso a las Tierras Altas en cuanto Eric
falleciera.
Eric
estaba complacido con el novio que le había buscado. Tal vez debería haber
hecho un esfuerzo para conocerlo personalmente antes de sellar el compromiso,
pero aún seguía tan furioso con Junjin por insistir en que fuera el más hermoso
de todos, como si eso fuera lo único importante al escoger esposo, que cuando
sus agentes le juraron y perjuraron que lo era, se había puesto en contacto con
sus padres sin más dilación.
Sin
embargo, ahora que lo había conocido, no estaba disgustado. Kim Heechul era sin
lugar a dudas tan bello como se decía. Es posible que fuera un poco estirado, e
incluso algo arrogante, pero eso podía deberse al nerviosismo por conocerle.
***
Jungsoo
podría haber estado en lo cierto al suponer que Heechul cambiaría de opinión
sobre Kim Youngwoon en cuanto lo viera. Así podría haber sucedido, si se
hubieran conocido a, solas y en otras circunstancias.
Pero por
obra del destino, Heechul estaba rodeado de amigos y admiradores cuando Youngwoon
se presentó en el salón donde estaban reunidos. Como acababa de regresar de su
paseo a caballo, aún llevaba la ropa que se había puesto para irritar a Eric y Heechul
vio en ello una confirmación de los rumores
que había difundido sobre él.
Lamentablemente, también sus amigos lo entendieron de ese modo.
-Dios
santo, lleva falda -oyó que susurraban a su alrededor.
-En
Escocia es un atuendo del todo aceptable -Intentó señalar alguien-. Es una
falda...
-Es una
maldita falda. Y yo que pensaba que un pariente del marqués no podía ser tan
tosco... Por lo visto, me equivocaba.
Heechul se
sintió avergonzado, inmerso en una situación de la que abominaba. Había
supuesto que tendría que dejar a Youngwoon en ridículo de alguna otra forma,
puesto que los rumores que había difundido sobre él habían dado en el clavo.
Por ese
motivo no se fijó realmente en él. Vio la falda escocesa y reflejos rojos de su
cabello castaño, que el fuerte viento había enmarañado. Pero no vio nada más
salvo que, ironías del destino, los rumores que había difundido eran ciertos.
Por una parte, se sintió aliviado.
Ahora, sus
padres tendrían que darse cuenta de que
un escocés de las Tierras Altas, al menos un bruto como aquel, no era
para él. Habían oído los rumores. Él se
había asegurado de que así fuera. Pero se habían reído, alegando que no podían
ser ciertos. Ahora no podrían negarlos.
Estaba
enojado cuando Youngwoon se presentó, después de haber observado durante un
instante el salón desde el umbral, haciéndole una reverencia, que le pareció
exagerada y dijo:
-Como no
hay otro joven más bello que usted en toda la creación, presumo que es usted joven
lord Heechul.
Él lo
había entendido perfectamente, pero dijo:
-Cuando
consiga expresar sus cumplidos en inglés, tal vez les preste atención. También
podría intentar vestirse como es debido.
Youngwoon
podría haberlo perdonado, atribuyéndolo a la ignorancia inglesa, si no hubiera
sabido que lo había dicho a propósito. No podía pasar por alto su intención. Ni
las risitas mal disimuladas o las carcajadas de su público, ni su mirada de
suficiencia al oírlas.
No
obstante, no pudo disimular su turbación y eso era, exactamente, lo que su
supuesto prometido quería. Él no alcanzaba a imaginarse el porqué, aunque ahora
ya le diera lo mismo. Y lo que había
sentido al principio, emoción, asombro, gratitud incluso, asumiendo que tendría
que darle las gracias a su abuelo por aquel prometido tan espectacular le hizo
encajar el golpe mucho peor.
Puede que
al verlo por primera vez su belleza le hubiera sorprendido y deslumbrado, era
un regalo para la vista, pero en aquel preciso instante no podría haber sido
más feo a sus ojos.
No le dijo
ni una sola palabra más. Giró sobre sus talones y salió del salón para ir en
busca de su abuelo.
Lo
encontró enseguida, pues Eric estaba bajando las escaleras para unirse a sus
invitados. Youngwoon no se detuvo y, cuando pasó junto a él, se limitó a
decirle:
-No me
sirve.
Eric,
sorprendido al principio por el tono terminante de Youngwoon, tal vez lo habría
seguido para averiguar el porqué. Pero, considerando lo poco amistosa que hasta
entonces era su relación, decidió averiguarlo por otros medios.
Dado que Kim
Heechul le había complacido tanto, era comprensible que Eric estuviera molesto
y quisiera averiguar lo ocurrido para echar por la borda los esfuerzos de un
año, para hallar al joven esposo perfecto.
Hizo una
señal a su mayordomo, que estaba montando guardia en el recibidor y que siempre
se enteraba de todo. Y aquella vez no fue distinto, pues estaba informado,
palabra por palabra, de lo que se había dicho
en el salón.
Vaya
cerebro de chorlito. Mira que no tener más ocurrencia que airear su ignorancia
de aquella forma. La belleza era deseable, pero no cuando venía asociada a
semejante estupidez. Youngwoon tenía razón. Kim Heechul era del todo
inapropiado.
***
Youngwoon
se había marchado, dejando a Jungsoo en la loma, aunque no podía saber que él
iba en su misma dirección. Y Jungsoo no tenía ninguna prisa por volver, sino
más bien al contrario. Había vuelto a sentarse y había perdido por completo la
noción del tiempo mientras recordaba todas las cosas que él le había dicho,
almacenándolas para siempre en su memoria.
Qué tarde
tan emocionante, la más emocionante que recordaba haber tenido nunca, aunque
hasta entonces jamás había estado ni hablado con un hombre tan apuesto como aquel.
Le había trastornado los sentidos en una miríada de formas, había disfrutado de
todos los instantes que había pasado en su compañía.
Pero Jungsoo
no se hacía ilusiones. Un hombre como aquel no era para jóvenes como él, era
para los Heechuls del mundo. Era una lástima, una verdadera lástima, que así
fuera, pero había que resignarse. Los guapos para los guapos y para él un
hombre agradable de aspecto corriente, inteligente, con recursos, amable,
alguien a quien le gustara caminar y reírse, y sentarse en una colina para
contemplar juntos la puesta de sol...
Oh,
caramba, el sol ya estaba a punto de ponerse. ¿Dónde se había ido el tiempo?
Se puso en
pie de un salto y corrió durante gran parte del camino hasta Raccoon Glade.
Entró en la casa por la parte de atrás y subió a su habitación. Su tío Hyesung
estaba allí, así que no iba a pasar completamente desapercibido. Pero Hyesung
había estado aguardándolo impaciente haciéndole el equipaje, por lo cual apenas
le dedicó más que una breve mirada.
Se ahorró
el interrogatorio:
-¿Dónde
diablos estabas? Tendríamos que habernos marchado hace horas, con todos los
demás.
-¿Todos
los demás? ¿Así que, después de todo, a lord Eric no le ha gustado que Londres
viniera a él?
Hyesung
chasqueó la lengua.
-Le
gustara o no, estaba de acuerdo en organizar una fiesta y, luego. de repente,
ya no lo estaba. Aunque, ¿qué cabe
espetar de un viejo necio y senil como él? Nosotros estábamos preparándonos
para bajar al salón, cuando su ama de llaves ha venido a pedirnos que nos
marcháramos. A la pobre todo esto le resulta también bastante embarazoso.
Jungsoo se
puso a ayudar a su tío con el equipaje.
-No puedes
culpar a lord Eric, esta reunión no había sido idea suya. Sin duda, cree que Heechul
y su prometido necesitan pasar tiempo solos, para conocerse...
-Va a ser
difícil, querido, cuando los Kim ya se han marchado a Londres.
-¿Marchado?
-Jungsoo frunció el ceño-. ¿Solo porque el marqués se ha negado a organizar una
fiesta por todo lo alto? No creo que Heechul haya montado una pataleta por eso,
¿verdad?
-No tengo
ni idea. Yo no los he visto antes de que se fueran. Minwoo tal vez sí. Puedes
preguntárselo a él.
Jungsoo lo
hizo, mientras aguardaban en la entrada con el equipaje. El ama de llaves
había mandado a buscar uno de los
vehículos de lord Eric, puesto que ellos habían llegado con los Kim y no tenían
medio de transporte.
-Soogeun
me ha dicho que me escribiría -respondió Minwoo en contestación a la pregunta
de Jungsoo-. Me ha dicho que estaba demasiado trastornado para hablar de ello
ahora y, desde luego, el pobre lo parecía.
-¿Y a Heechul?
¿Lo has visto?
-Sí -respondió
Minwoo y, luego, en su susurro, añadió-: Y creo que su padre ha acabado
castigándolo por ser tan presuntuoso. Tenía una mejilla muy «sonrosada». No
comulgo con los castigos físicos, pero al hijo de Soogeun le han permitido
darse unos aires que habría que haber cortado de raíz hace mucho tiempo.
Jungsoo no
salía de su asombro.
-¿Su padre
le ha pegado? -Minwoo asintió.
-El
manotazo que llevaba marcado en la mejilla así lo sugiere.
-Pero no
le pusieron objeciones cuando nos invitó a venir -señaló Jungsoo.
-Apenas
habrían reparado en nosotros si hubiéramos sido los únicos, pero hoy han
llegado cincuenta y seis personas, todas
invitadas por Heechul, como si fuera ya el joven marques y tuviera derecho a
invitar a quien le viniera en gana. No es de extrañar que Eric dijera basta
cuando al fin supo cuánta gente venía. Yo también lo habría hecho, no me
importa decirlo, si resulta que los huéspedes que invito yo invitan a su vez a
otras cincuenta y seis personas. Querido, esas no son maneras.
Por
supuesto que no, y Heechul no tenía ninguna duda al respecto. Pero Jungsoo no
les había contado a sus tíos los esfuerzos de su amigo para sabotear su
compromiso y deshacerse de su prometido. Hablar de ello lo habría incomodado,
puesto que no lo aprobaba, y además el appa de Heechul era un buen amigo de Minwoo.
Aquella
última maquinación de Heechul, lo de traerse a medio Londres a Raccoon Glade,
tenía como único objetivo enojar al marqués.
Aunque,
por otra parte, eso había sido antes de conocer en persona a su prometido y, si
ya lo había hecho, seguro que a estas
alturas se estaría arrepintiendo.
Jungsoo se
alegraba de no formar parte de los planes de Heechul y deseaba volver a su
monótona vida. Sin embargo, quería ver a Kim Youngwoon una vez más antes de
marcharse de Raccoon Glade, puesto que con toda probabilidad ya no volvería a
verlo después de aquel día, al menos no hasta la boda, a la que seguro que
estarían invitados.
***
-Bueno, ¿dónde
está? Debo admitir que me muero por conocer al joven más hermoso de toda
Inglaterra que usted ha encontrado para el muchacho.
Eric se
tensó cuando el escocés irrumpió en el comedor, donde él estaba cenando a
solas. El mayordomo de Eric, que llegó un instante después, lo miró torciendo
el gesto, a modo de disculpa por no haberle podido advertir de aquella
intrusión.
-¿Junjin?
-aventuró Eric.
-Sí, ¿a
quién iba usted a esperar si no?
-Desde
luego, a usted no -respondió Eric con desagrado-. ¿Qué diablos está haciendo
aquí?
El escocés
se sentó frente a Eric y se quedó mirando al mayordomo, como si esperara que
fuera a servirle, ahora que estaba allí. Pero a Eric le dijo:
-No
creería que iba a dejarle a usted toda la responsabilidad de asegurar que la
boda se celebre en un plazo prudente, ¿no?
-Youngwoon
no mencionó que usted fuera a venir -señaló Eric. Al oír aquello, Junjin se
echó a reír.
-Tal vez
se deba a que no lo sabía. El muchacho no se toma las cosas con calma, ya sabe.
Cuando se propone algo, va a por ello. No es una mala cualidad, pero un viejo
como yo ya no puede seguirle. Se habría impacientado sí yo le hubiese retrasado
en su viaje hasta aquí, por lo que
decidí partir después, a un ritmo más
lento, sin decirle nada. Después de todo, la impaciencia lo enoja y usted no
habría querido que él llegara aquí enojado, más de lo que ya estaba.
El tono
con que Junjin había dicho las últimas palabras demostraban una clara
suficiencia. Eric lo percibió y tuvo que contenerse para no rechinar los
dientes.
-Sí, lo
cierto es que ha venido muy a disgusto. Me pregunto por qué.
Junjin
bufó.
-No me
culpe a mí de eso. No fui yo quien decidió que debía crecer en un único hogar
para tener estabilidad. Fueron usted y la madre del chico. Una decisión
acertada, no crea, con la que yo estuve de acuerdo. Pero también podía haber
venido a visitarlo, para que le conociera antes de hacerse mayor.
-¿Después
de que el primer viaje que hice hasta allí con ese propósito casi acabara con
mi vida?
-Oh, sí.
Los ingleses son unos debiluchos que se arrugan cuando hace un poco de frío
-dijo Junjin disgustado, recordando el intento de Eric de aventurarse en las
Tierras Altas de Escocia-. Pero, por si él
no se lo ha dicho, lo que tanto le molesta no es el hecho de no haberle
conocido, sino que lo está sacando de
su hogar para que viva entre desconocidos.
-No
tardaremos mucho en dejar de serlo.
-Y que
nadie le hubiera advertido de que usted le obligaría a vivir aquí.
Eric se
ruborizó ligeramente, incapaz de rebatir aquella acusación, y dijo en su
defensa:
-Mi hija
debería habérselo dicho.
-Sí, y sin
duda lo habría hecho, si hubiera vivido lo suficiente, la pobrecilla.
-Usted
podría habérselo contado mucho antes y no ahora -añadió Eric-. ¿Por qué no lo
hizo?
Junjin
enarcó una ceja.
-Yo
esperaba que usted muriese antes de que él alcanzara la mayoría de edad, así no
tendría que contarle nada.
Esta vez Eric
se ruborizó hasta las orejas, pero de ira, no de turbación.
-Siento decepcionarle,
pero aun así habría sido el próximo marqués, independientemente de cuándo
muriera yo.
-¿No tiene
ningún otro pariente, ni siquiera algún primo lejanísimo que se le haya olvidado?
-Yo fui
hijo único -dijo Eric con frialdad-. Mi padre fue hijo
único. Mi abuelo tenía dos
hermanas, pero ambas murieron cuando
eran niñas. Las generaciones anteriores tuvieron descendencia, pero no quedan supervivientes. Youngwoon es mi único
heredero y aún no comprendo su insistencia en que no pueda ser también el suyo.
-Entonces,
¿no le importaría que viviera todo el año en Escocia? -dijo Junjin simulando
sorpresa-. Oh, vaya. Debería habérmelo dicho...
-Naturalmente,
no podría quedarse allí de forma permanente -lo
interrumpió Eric con impaciencia-. Aquí tendría obligaciones
que...
-Justo lo que
yo pensaba -lo interrumpió Junjin a su vez-. Pero usted sabe que, durante la
mayor parte del año, no es prudente
adentrarse mucho en las Tierras Altas, incluso para los que habitan allí. Y,
no obstante, ¿permitiría que el muchacho
lo hiciera? ¿O está sugiriendo que sus obligaciones son aquí más importantes
que en Escocia? ¿O tal vez esté sugiriendo que solo pase en casa, el único
hogar que él conoce, unas cuantas semanas al año, durante nuestro corto verano?
-No, lo
que creo es que usted no tiene suficiente confianza en él como para permitirle
que administre solo un imperio. Pero él lleva la sangre de los Kim en las
venas. A diferencia de usted, yo tengo plena confianza en él.
-Ese
muchacho puede hacer lo que se proponga, sea lo que sea -dijo Junjin casi a
gritos-. Solo que yo no quiero ver cómo se mata intentando abarcarlo todo, y
usted está dispuesto a hacerlo.
-En ese
caso, discrepamos sobre lo que es capaz de hacer, o más bien, sobre el grado en
que usted se lo permitirá. Esto ya empieza a parecer una de esas ridículas
cartas que nos hemos escrito. Y no me
sorprendería si usted discrepa y termina por contradecirse, solo para
llevarme la contraria.
Junjin se
echó a reír.
-En las
Tierras Altas no criamos imbéciles.
-Permítame
que disienta: los imbéciles no se crían, nacen. Y pueden nacer en cualquier
sitio. Que usted esté aquí sentado discutiendo conmigo en mi propia casa da fe
de ello.
-Así que
ahora está usted llamándome imbécil. -Junjin se rió divertido-. A mí, en
cambio, me parece que se lo está diciendo a sí mismo.
A lo cual Eric
replicó con brusquedad:
-Fuera de
aquí, Shinhwa.
-Voy a
quedarme hasta que el muchacho se case. Así que, cuanto antes nos aseguremos de
que lo haga, antes se deshará usted de mí. ¿Cuándo es la boda, por cierto?
El primer encuentro...y casi atropella a Teuk😂😂😂😂😂
ResponderEliminarQue manera de conocerse.
Creo que a lo mejor está mal...pero me reí por lo de Hee,y lo de la cachetada que le dio su padre.
Al menos logro romper el compromiso...aunque quien lo haya roto fue el contrario,pero al menos no va a casarse con él como queria.
Pero la verdad es que Hee sí se pasó llevando a toda esa gente,pero bueno.
Esos abuelos de Kangin van a acabar con la poca paciencia que tiene...se lo están peleando como si fuera un objeto y sin siquiera preguntarle algo.
Pero se las va hacer buena...seguro.