—¿Qué
demonios está pasando aquí? —Necesitaba respuestas al por qué él estaba
actuando tan extraño, las necesitaba, como, ayer.
Kangin
hizo su silla hacia atrás. Miré con suplica en su dirección mientras se ponía
de pie.
—¿Kangin?
—Su nombre salió en un susurro mientras caminaba hacia mí—. ¿Exactamente de qué
me estoy perdiendo?
Puso
su mano en la caída de mi cabello en la parte trasera de mi cuello y se inclinó
para poder darme un beso en la frente. Se sintió como una despedida, y cuando
miré su cara pude ver que la máscara de amabilidad que había estado usando para
la cena se había ido y que el extraño de granito había regresado. Todas las
preguntas que tenía sobre su extraño comportamiento desaparecieron de pronto
debajo de las fuertes olas de dolor mientras veía claramente lo que estaba a
punto de hacer por debajo de su mirada embotada.
—No
puedo hacer esto, Leeteuk. —Kangin rozo sus labios a lo largo de la cresta de
mi mejilla y vi la luz ir de tenue a completamente extinta en sus ojos—. Sin
juegos, sin mentiras, no más. Te dije que esto iba a ser auto destructivo
incluso si no quería.
—¿De
qué estás hablando? —Estaba tan perdido, tan confundido, y podía decir que si
se alejaba de mí en este momento, lo estaba haciendo para siempre—. ¿Qué es lo
que ya no puedes hacer? —No sabía si presionarlo a que conociera a mi mamá
había sido demasiado. Quizás era demasiado lejos para él el manejarse en el
ámbito de la relación seria, pero estaba dispuesto a agarrar su mano y escapar
de la casa, de la ciudad con él, si eso lo detenía de hacer lo que estaba a
punto de hacer.




