—¿Piensas que
debería ir a verlo?
Minwoo miraba
cómo llovía por la ventana del salón de casa de Kwanghee. Le daba la espalda a
su amigo a propósito, para que no viese en su rostro lo desesperado que estaba,
aunque debía de notársele en la voz.
Habían pasado
cuatro semanas desde el accidente. Minwoo quería pensar que había sido un
accidente, se negaba a creer cualquier otra cosa. Y en todo ese tiempo, no
había tenido noticias de su marido a pesar de que sabía que llevaba dos semanas
en Hwarang.
—¿Estás loco?
Hyungsik sabe dónde estás, lo sabe desde hace semanas. ¿Para qué quieres ir a
verlo? ¿Para preguntarle si todavía te quiere? Me parece que los dos conocemos
la respuesta.
—¿De verdad?
Kwanghee no
entendía nada. Y él no sabía qué pensar, pero no podía creer que lo que le
había dicho Yeowool fuese verdad. Se estremecía sólo de pensar en él. Pero
nadie lo había empujado en el acantilado, sólo había sido imaginación suya.
No obstante,
tenía pesadillas en las que aparecía Yeowool y le costaba dormirse después.
No se sentía
bien, tenía ganas de vomitar, pero no quería que Kwanghee supiese que si se
había marchado de su propia casa era por lo que le había dicho Yeowool. Pero si
Hyungsik estaba allí...


