Heechul le gruñó a Siwon mientras subía al auto.
—Eres
difícil de convencer, ¿sabes?
—Me
han dicho cosas peores.
La
mirada de Heechul se volvió seria y triste.
—Lo
sé. Pero nuevos tiempos están llegando para ti. Sacaré ese palo de tu culo, y
esta noche vamos a relajarnos, patear traseros de Daimon, y…
—¿Discúlpame?
—preguntó en un tono ofendido—. ¿Sacarás el qué de mi qué?
—Me
escuchaste —le dijo, con una sonrisa traviesa—. Sabes, la mitad del problema
que la gente tiene contigo es que no ríes mucho, y te tomas a ti y a todo lo
demás demasiado en serio.
—La
vida es seria.
—No
—dijo, con la pasión brillando en su mirada—. La vida es una aventura. Es
emocionante y terrorífica. A veces incluso es un poquito aburrida, pero jamás
debería ser seria —Heechul vio la duda en sus ojos. Él estaba tan
desacostumbrado a confiar en la gente y, por alguna razón, quería que confiara
en Heechul—. Ven conmigo, General Siwon, y déjame mostrarte lo que la vida
realmente puede ser, y porqué es tan condenadamente importante que salvemos al
mundo.
Lo
observó mientras él abría la puerta del auto como si estuviese tocando el pañal
sucio de un bebé. Jamás había visto a alguien haciendo tantos gestos de
desprecio. Era bastante impresionante.
Pero
él no dijo nada más mientras subía al auto, y Heechul ponía un cambio y salía
rápidamente por la orilla de la acera.



