—Es demasiado tarde, Siwon.
—¿Qué quieres decir? —chilló él al auricular.
Su voz era tensa. Los abogados tienen la costumbre de dar
los detalles con cuentagotas, sobre todo a los amigos.
—El proceso comenzó hace seis meses.
—¿Qué? ¿Estás diciéndome que hay un joven al que nunca he
visto y que va por ahí con mi hijo en sus entrañas?
—En resumidas cuentas, sí.
Choi Siwon se protegió los ojos del sol cegador que
entraba por la ventana de su oficina y se masajeó las sienes. Aquello era cosa
de Tiffani, lo sabía.
—Dios! Si Tiffani no estuviera muerta, la mataría.
—Oh, aún falta lo mejor!
Siwon cerró los ojos mientras trataba de dominarse.
—Suéltalo.
—El cree que sólo eres un donante de semen —dijo,
provocando que Siwon sintiera algo asqueroso agitarse en su interior—. Y no
está dispuesto a que te acerques al niño, ni siquiera a decirte la hora que es.
—Eso ya lo veremos.
Siwon colgó el teléfono, la cabeza estaba a punto de
estallarle. Buscó el sillón más próximo y puso la cabeza entre las manos. “Un
donante de semen”. Estupendo. Como si su matrimonio ya de por sí no hubiera
sido la broma del siglo, ahora sentía que Tiffani estaba cinchándole desde la
tumba. Siwon no lamentaba su pérdida. Lo había sentido meses antes, durante un
breve periodo después del accidente, con el poco cariño que le quedaba por
ella. Ahora sólo sentía rabia y resquemor. Se habría aprovechado de su trabajo
en la clínica de fertilización para vengarse de él.
Tiffani tenía acceso y bien sabía Dios que tenía la
motivación, pero con aquello se había superado a sí misma. Era repugnante.
Siempre había sido lo mismo con la cuestión de los hijos. El quería tenerlos,
ella no podía. En su momento, a él no le importó. Su única intención era
convertirse en padre de quien fuera. Quería sentir la dulce energía que
proporcionan los niños, su fascinación ante el descubrimiento del mundo, quería
amarles y sentirse amado. Ahogando sus sueños secretos de tener un hijo propio,
había convencido a Tiffani de que iniciaran los trámites de la adopción, una
espera de siete años para conseguir un recién nacido. Pero fue Tiffani, como
gerente de la clínica, quien había sugerido la posibilidad de contratar un
vientre de alquiler.
A Siwon no le había gustado la idea de que una persona desconocida
concibiera un hijo suyo mediante la inseminación artificial. El mero
enunciado parecía aséptico e impersonal. No le cabía en la cabeza que alguien soportara
el embarazo y el parto sólo para acabar renunciando a los derechos sobre el
niño. Sin embargo, Tiffani le convenció de que era una opción razonable con el
argumento de que al menos llevaría su sangre.
“Te dejaste convencer”, le acusó su conciencia. Su deseo
de tener un hijo era muy grande, pero, con todo, se había resistido. Recordaba
la humillación de encontrarse en una diminuta habitación esterilizada con el
frasco de muestras en la mano, el sofá de cuero y el montón de cintas de vídeo.
Había obligado a Tiffani a acompañarle. Ahora recordaba que ella se mostró más
que dispuesta a cooperar.
Dos semanas después su mundo se derrumbó. O, por lo
menos, lo que él había creído su matrimonio. ¡Demonios! Sabía que se había
terminado antes de eso. Lo mismo que sabía que tener hijos era mal motivo para
evitar la separación. Sin embargo, sintió que le habían estafado algo precioso e inestimable cuando, un día que llevó el
coche de Tiffani al taller, descubrió las píldoras anticonceptivas en la
guantera. Tiffani no era estéril, sólo que jamás había estado dispuesta a tener
niños. No quería que su carrera o su figura se vieran afectadas. Que los fabricaran
las máquinas de tener niños, había dicho sin saber que él escuchaba sus amargos
comentarios desde el pasillo. Cuando llegó a la puerta de su despacho... ¡Oh!
¡Cómo trató de ofrecer una explicación balbuciente! Pero, en aquel momento,
Siwon la había visto como verdaderamente era, una mujer egoísta, sin corazón,
un ejemplo execrable para su futuro papel de madre. Siwon le dijo que anulara
su ficha, su matrimonio y su donación.
Obviamente Tiffani no le había hecho caso. Siwon sabía
que estaba amargada, ¿pero esto? ¿Llegar hasta el extremo de manipular los
archivos y las muestras? ¿Por qué?
Por un niño. Por el niño de Siwon. Una sensación cálida e
increíble se extendió por su pecho, filtrándose hasta las extremidades. Siwon
se acomodó en el sillón de cuero para saborear la sensación porque sabía que no
duraría, que no podía durar. Se preguntó si Tiffani habría permitido
deliberadamente que el semen, que había de ser para el vientre de alquiler,
llegara a alguien que, ajeno a sus maquinaciones, creía que sólo se trataba de
elegir genes y cromosomas en un banco de esperma. ¿Estaba tan amargada que se
había preocupado por crear el niño que él anhelaba sólo para privarle de él? Le
disgustaba pensar que alguien podía ser tan miserable.
Miró el bloc más de cerca y leyó el nombre. Ni siquiera
se trataba de uno de los posibles vientres de alquiler con los que se había
entrevistado.
Kim Heechul. Quería tener un hijo, pero no deseaba un padre.
“Bien, joven Kim. Vas a tenernos a los dos”. Y a él no
podría tirarlo por el desagüe como al resto de los donantes.
Heechul contestó
el teléfono y rezó por haber entendido mal.
—Esto no puede estar sucediendo. Dime que no es verdad.
—Lo es, hermanito. Y ahora tranquilízate.
—Estoy tranquilo.
—Sí, claro!
—Jungsoo, por favor.
—Como tu abogado, te aconsejo que te veas con él.
—Ni hablar.
Heechul sacó un pañuelo de una caja adornada con encaje y se secó los ojos.
—Hee, escucha —dijo Jungsoo en el tono calmado que
siempre lo relajaba. —. No es ningún ogro.
—¿Es que lo conoces? —preguntó, pensando de inmediato
en una maldición que incluía verrugas y calvicie.
—No, sólo a su abogado.
—Los abogados os comportáis como una manada de lobos, de modo que eso no cuenta.
—Tiene sus derechos —le recordó Jungsoo con voz tensa.
—No, no los tiene. Este niño es mío y sólo mío. Se supone
que me aseguré de eso al seleccionar el semen de un banco de esperma. Si
hubiera querido un padre, habría seguido el procedimiento habitual.
—Y elegiste éste. ¿Por qué?
—Eso no importa ahora. Ha sido un fallo de la clínica,
que les demande a ellos.
—No va a demandar a nadie. Sólo quiere ser parte de la
vida del niño.
Una oleada de pánico invadió a Heechul.
—No, ¿me oyes, Jungsoo? Jamás!
—Hee, siéntate.
—La mayoría de hombres se asustan como conejos cuando se
habla de embarazos y de
niños.
Como su ex, pensó Heechul mientras se echaba quitaba un
flequillo de la frente con un gesto airado.
—Quizá sólo quiera ofrecerte apoyo económico —añadió Jungsoo.
Heechul hizo una mueca y luego echó un vistazo a su piso
pequeño y coqueto.
—No lo necesito.
—Lo sé, pero dale la oportunidad de hacer las cosas bien.
Si no, esto puede ponerse desagradable.
Heechul se dio cuenta de que intervendría un juez y los
medios de comunicación, su hijo tendría un mote como el de Baby C.
—Vale, vale. Lo haré, aunque protesto. Una entrevista,
nada más.
—Mañana a las nueve en mi oficina.
Heechul frunció suavemente el ceño.
—¿Tan seguro estabas de que iba a aceptar?
—Me pagas para que sepa lo que necesitas antes de que tú
mismo te des cuenta.
—Haber vivido veinte años juntos también ayuda, ¿eh?
La risa de Jungsoo hizo que se despidiera sonriendo. Heechul
dejó el móvil y se arrellanó en los cojines con los brazos abiertos. Se quitó los
zapatos, contempló el techo y se pasó las manos sobre el vientre. El niño se
movió en un movimiento ondeante y lento. Heechul sintió cada onda, sonrió y
cobró fuerzas. No iba a permitir que ese “individuo”, esa entidad a la que se
negaba a poner cara, lo convenciera. Este niño era suyo, era súper especial,
súper querido y súper deseado porque, cuando era joven y estaba casado con Jey, había tenido su oportunidad y la había perdido.
Su ex nunca quiso ser padre, jamás, y, aunque sí decía a
menudo que Heechul era todo lo que necesitaba, él eligió no creerle. El
desengaño y la dura realidad lo golpearon cuando la prueba de embarazo dio
positivo y Jey le ofreció dos alternativas, aborto o divorcio. El
enfrentamiento había acabado con el matrimonio y sólo ahora se daba cuenta de
que su propia ingenuidad había permitido que sucediera. El atolondramiento de
la juventud, pensaba. Pero sufrir un aborto en mitad del divorcio le había
dejado completamente devastado. De repente le escocieron los ojos. Se acarició
el vientre, tomó aire en bocanadas tranquilizadoras. Se enfurecía con sólo de
pensar en cómo Jey había vuelto corriendo a su lado nada más enterarse de la
noticia. En aquel entonces, había sacado energías de su rabia, concentrándose
en su carrera y en alcanzar la independencia económica que le permitiera tener
un hijo sin necesidad de soportar un padre.
Y casi había esperado demasiado. Pero ahora se encontraba
exactamente donde quería, dispuesto a combatir a aquel enemigo sin rostro por
todos los medios antes que ceder a las demandas arrogantes del “donante” y sus
pretensiones de formar parte de la vida de su hijo.
—Ya verás como no pasa nada —dijo al niño que llevaba en el
vientre.
Ese Choi Siwon no sabía lo que se le venía encima al
pensar en enfrentarse a un appa protegiendo a su hijo.
Siwon estaba junto a la ventana de la oficina. De
espaldas a Kim Kangin, su abogado, miraba a través del cristal límpido el
tráfico remoto de las calles. Hacía mucho frío en la sala de conferencias, casi
hasta el punto de que podía ver su vaho. Consultó por tercera vez su reloj.
—Se retrasa.
Siwon se dio la vuelta y vio que un joven esbelto entraba
en la sala. Saludó a Kangin educadamente, puso un portafolios sobre la larga
mesa mientras que su secretario, lo seguía y dejaba un servicio de café y una
jarra de agua en la mesa.
—¿Y usted lo tolera?
El joven buscó su mirada y Siwon vio al tiburón que había
bajo el abogado impecablemente vestido.
—Los hermanos tienen tendencia a tolerarse muchas cosas.
Hermanos. Estupendo. Nada como que una familia uniera sus
fuerzas contra él.
—Soy Kim Jungsoo.
Siwon lo contempló detenidamente. El parecía esperarlo y
lo aceptó con una extraña sonrisa. Era atractivo, severo en apariencia,
profesional con un traje Armani, de pelo negro. Todo en el joven hablaba de la
dureza que él veía tan a menudo en las mujeres y jóvenes que buscaban abrirse
camino en los negocios. Pero, para él, todos los abogados eran unos tiburones,
y eso incluía a Kangin. ¡Dios! ¿Era eso lo que le esperaba? ¿Un joven tan
incapaz de sustraerse a las exigencias de su carrera como para recurrir a un
banco de semen en vez de tomarse su tiempo para mantener una relación? El
estómago se le cerró. Volvió a mirar por la ventana, las manos unidas en la
espalda. Se balanceó sobre sus talones e hizo una mueca cuando zumbó un
teléfono. Miró por encima del hombro a tiempo de ver al abogado abrir la solapa
de un móvil, hablar en voz baja, desconectarlo y guardarlo en el portafolios.
—Ya sube.
Llamaron a la puerta y Siwon se dio la vuelta mientras el
secretario abría la pesada hoja de madera y luego se hacía a un lado. Siwon
alzó mucho las cejas cuando un joven desmesuradamente embarazado entró con paso
elegante en la sala gélida. Las imágenes que se había formado quedaron
destrozadas de inmediato cuando él pareció flotar hasta su hermano y
abrazarlo.
Kim Heechul era hermoso. Y Siwon se vio perdido.
¿Como iba a luchar contra aquella imagen etérea de paternidad? Heechul sonrió, pero él sólo lo vio a medias, estaba de perfil mientras el hermano le presentaba a su abogado. Kangin le sonrió con naturalidad y lo invitó a sentarse. Siwon asintió. Heechul asintió. El abogado ordenó sus papeles y se dirigió a Kangin.
Kim Heechul era hermoso. Y Siwon se vio perdido.
¿Como iba a luchar contra aquella imagen etérea de paternidad? Heechul sonrió, pero él sólo lo vio a medias, estaba de perfil mientras el hermano le presentaba a su abogado. Kangin le sonrió con naturalidad y lo invitó a sentarse. Siwon asintió. Heechul asintió. El abogado ordenó sus papeles y se dirigió a Kangin.
—El joven Kim quiere saber los derechos a los que se
considera acreedor su cliente.
—Yo no creo nada, estoy seguro —dijo Siwon.
Heechul lo miró breve, ferozmente y, por un instante,
Siwon se vio abrumado por aquellos ojos cafe.
—El joven Kim es de la opinión de que se trata de un
problema de la clínica.
Ignorando el consejo de Kangin de que le dejara a él la
negociación, Siwon siguió adelante.
—Es “nuestro” problema, porque se trata de “nuestro”
hijo. ¿Acaso no tiene voz el joven Kim? —rezongó.
Heechul ladeó la cabeza para contemplarle.
—La verdad es que la tengo, aunque no tan chillona como la suya.
Siwon se lo quedó mirando y de repente sonrió. Heechul se
sobresaltó, sus mejillas se ruborizaron.
—Naturalmente, su cliente estará de acuerdo en que ésta
es una situación poco habitual —dijo Kangin—. Nos gustaría saber cómo se descubrió el
error.
Los abogados intercambiaron documentos de trabajo.
—Los técnicos del laboratorio estaban actualizando los
registros, comprobando los numeros de identificación de los donantes para
asegurarse de que ninguna muestra fuera utilizada más de una vez. El donante...
—Jungsoo se aclaró la garganta y Siwon sintió que la piel se le ponía
tirante—... El semen del señor Choi no estaba correctamente
listado.
—Entonces, ¿cómo supieron que se trataba de él? —preguntó
Kangin—. Sólo era un número en un registro, ¿no?
Jungsoo intercambió una mirada con Heechul, que asintio.
—Cuando se planteó la cuestión, el joven Kim se hizo una
amniocentesis para estar seguro.
Que se hubiera enfrentado al riesgo y al dolor que eso
suponía, le dijo a Siwon más de lo que quería saber. Se inclinó sobre la mesa,
contempló a ambos hermanos y se dirigió al embarazado.
—¿Con qué resultado? —dijo reteniendo el aire de sus pulmones.
Heechul sabía que era él el que debía responder. Levantó
la vista de su regazo, sus ojos brillaban con lágrimas contenidas y dejó que el
resentimiento aflorara en su voz.
—Se trataba de su donación, señor Choi.
Entonces, Siwon dejó escapar el aire. Había habido una
sombra, la tenue esperanza de que sólo se tratara de un error en los registros.
Pero aquel sentimiento cálido volvió a apoderarse de él, se extendió por sus
manos y envolvió su corazón, ahondando sus raíces con cada momento que pasaba.
Era papá. Se acomodó en la silla, sintiéndose condenadamente a gusto. Confiaba
en que se le notara, que aquel joven se diera cuenta de que no estaba dispuesto
a renunciar a ningún derecho sobre su hijo sin una lucha encarnizada.
Pero Heechul lo supo por su expresión, por el tono de luz
que adoptaron sus ojos y apartó la mirada de repente. “Dios mío! ¿Qué he hecho?”.
Acababa de reconocerle, de aceptar que tenía derechos paternos. Pero se dijo
que no, que sólo era un donante, una probeta de líquido descongelado.
—El problema estriba en cómo su esperma fue siquiera
registrado —estaba diciendo el abogado—. Tal como yo lo entiendo, usted y su
esposa...
Heechul se horrorizó de inmediato y Siwon lo
interrumpió.
—Ex esposa. Mi difunta ex esposa —exclamó amargamente,
dejándose llevar por un momento de furia.
—Lo siento, señor Choi —dijeron los dos jóvenes.
Pero Siwon sólo tenía ojos para Heechul, contemplaba
ardientemente su piel lechosa hasta que él lo miró. Siwon sintió que sonreía
apenas, lo que hizo que Heechul se
preguntara qué podría estar maquinando.
—Ustedes iban a utilizar un vientre de alquiler -añadió Jungsoo.
Kangin asintió por él—. Pues bien, aunque el semen del señor Choi debió ser
destruido al término de su matrimonio, mi cliente figuraba como vientre de
alquiler.
Heechul miró abruptamente a su hermano.
—;Eso es imposible!
—¿De verdad? —dijo Siwon.
—Sí —dijo Heechul, enfrentándose con él—. Jamás habría
tenido un hijo para entregárselo a otra persona, por nada del mundo —dijo
elevando la voz—. Y el doctor Lau sabe perfectamente por todo lo que he pasado.
Siwon sintió que se le paraba el corazón. ¿Habría algún
problema con el embarazo? Aunque quería, necesitaba saberlo, no creía que fuera
a decírselo si se lo preguntaba.
—Nunca le entregaré a mi niño —afirmó Heechul, con los
ojos relampagueantes.
—Nuestro niño —respondió él.
—No. Mío. El donante renuncia por escrito a sus derechos
cuando entrega su esperma al banco. Esa es la razón de que lo escogiera.
—No le gustan los hombres, ¿verdad?
—Eso no es pertinente.
—Eso no viene al caso —dijeron los dos ahogados a la vez.
Ambos lanzaron a sus clientes una mirada imperiosa de
reproche. Heechul y Siwon se sentaron rígidos, su furia parecía crepitar por
encima de la mesa.
—Los dos tienen derechos. No solucionarán nada demandando
a la clínica —dijo Jungsoo.
—Yo no quiero empezar con pleitos —dijo Siwon.
—Entonces, podemos negociar derechos de visita para
cuando nazca el niño.
Siwon clavó los ojos en el joven abogado.
—Ni hablar. No pienso “visitar” a mi propio hijo. Quiero tenerlo.
Un pánico absoluto e innegable lanzó a Heechul hacia
delante, haciéndolo aferrarse con ambas manos al borde de la mesa.
—Sea el padre o no, no le quiero a usted en mi vida,
señor Choi! La posesión es noventa por ciento de la ley. Hasta que el niño
nazca, usted carece de derechos.
—Tengo los mismos que cualquier padre.
—Entonces, lárguese y vaya a ser el padre de cualquier otro. Nosotros no le queremos.
Jungsoo se levantó y obligó a su hermano a sentarse,
mientras lanzaba una mirada furibunda a Siwon.
—No es bueno enfadarlo! —le reprochó.
—Por favor, Jungsoo! ¡Seamos serios! —Murmuró Heechul—.
Estoy embarazado, no inválido.
—Hay que utilizar todas las armas a nuestro alcance —susurró su hermano.
—Me parece que será el tribunal quien tenga que decidirlo —intervino Kangin.
—No! —exclamaron ambos padres a la vez.
Jungsoo y Kangin se miraron y luego contemplaron a sus
clientes. Los abogados aproximaron las cabezas y consultaron en voz baja. Siwon
miró a Heechul. Echaba chispas y eso le gustaba. Aunque iba a luchar contra él
con todas sus fuerzas, a Siwon le gustaba. Sólo protegía a su hijo, al hijo de
los dos. Pero él también estaba decidido a conseguir lo que quería. Se fijó en
que sus dedos trazaban diminutos círculos sobre el vientre. De pronto, se
encontró preguntándose cómo sería sentir aquellos dedos sobre su piel.
¡ Maldición!
¿De dónde había sacado aquella idea?
Con todo, lo siguió observando, el ligero tremor en su
respiración. Era un joven radiante de verdad y Siwon se preguntó, como
hubiera hecho cualquier hombre normal, cómo sería de no llevar a su hijo en las
entrañas.
—Quiere comer conmigo, joven Kim?
Heechul parpadeó asombrado y entonces entornó sus ojos cafe.
—¿Para qué?
—¿No cree que sería mejor para nosotros tres...—dijo con un gesto hacia su vientre—.., que llegáramos a un alto el fuego amistoso? Indeciso, Heechul lo miró con detenimiento. Un hombre de rasgos duros, de pelo negro, corto y elegante, los ojos negros penetrantes. Además del traje oscuro, se fijó en las arrugas en torno a aquellos ojos increíbles, unas líneas que le dijeron que, a pesar de lo gruñón y hosco que parecía, aquel hombre se reía mucho.
—De acuerdo —dijo con arrogancia—. Un acuerdo de alto el
fuego. Al menos prometo no tirarle la comida a la cara.
Siwon sonrió únicamente con las comisuras, cruzó los
brazos sobe el pecho y contempló el suelo para ocultar su sonrisa. Sin embargo, lo único que
vio Heechul fue la tirantez de la tela contra los músculos. Era demasiado sexy
para su propio bien e imaginó que él lo sabía.
—Nos veremos a las doce en el Sung….
—Shin? —lo interrumpió él.
—No, en el Sungdong café. Me apetece dim sum.
Siwon contempló aquel maravilloso vientre redondo y luego
su cara.
—¿Antojos, joven Kim?
—No, hambre. Sígame la corriente, estoy embarazado.
Entonces se levantó, besó a su hermano en la mejilla y
saludó con un gesto de la cabeza al abogado antes de salir. Siwon miró a Jungsoo,
que sonreía como un rey y a Kangin, que hacía lo propio, para acabar con los
ojos sobre una silla vacía. Salió disparado hacia la puerta mientras los
abogados se dejaban caer en sus asientos.
—Tengo la impresión de haber engañado a mi cliente —dijo Kangin.
—Yo también.
—No hemos hecho nada.
Jungsoo le lanzó una mirada tímida.
—Oh! Yo creo que sí.
Siwon lo alcanzó en el ascensor, apretó el botón de
llamada y le sonrió.
—He dicho que a mediodía.
—¿Adónde va?
—Vuelvo a mi trabajo, aunque no sea asunto suyo.
—¿Es que trabaja?
—¿Cómo? ¿Se creía que soy rico? ¿Que puedo tener un niño
cada vez que me apetece?
Siwon sacudió la cabeza, embutió las manos en los
bolsillos de los pantalones, arruinando el
corte del traje.
—No sé qué pensar.
—Perfecto.
Siwon apretó los labios.
—Trate de no disparar a quien lleva una bandera blanca
—dijo entre dientes. Heechul suspiró.
—Mire, señor Choi...
—Siwon.
—Señor Choi —recalcó Heechul—. Puede que haya contribuido
a unas reservas genéticas, pero eso es todo.
—¿Va a echarme en cara el hecho de que yo no pueda parir?
—Claro que no, pero no tenemos nada que decirnos y
prefiero que las cosas sigan así. La comida es sólo un compromiso.
—Quiere decir que es una concesión al execrable padre,
¿no?
Señor! Sonaba tan despiadado y repelente cuando él lo
decía con aquellas palabras.
—No significo nada para usted, ¿no es cierto? —Añadió
Siwon—. Le importa un pimiento que me pase los próximos diez años pleiteando
por mis derechos, ¿eh?
La campanilla del ascensor sonó antes de que se abrieran
las puertas. Heechul entró y Siwon se quedó quieto mientras él le
miraba y apretaba el botón del vestíbulo. Aquel instante le bastó para olvidar
la expresión dolida de Siwon y recobrar su determinación. No quería ofrecerle apoyo
monetario simplemente, como Jungsoo pensaba, Choi Siwon deseaba quedarse con su
niña y planeaba hacerle la vida imposible.
—Olvídeme, señor Choi. Lo último que deseo es tenerle en
la vida de mi bebé.
Las puertas se cerraron y Siwon se aflojó la corbata de un tirón. Entonces se pasó la mano por el pelo. “Ni en la del niño ni en la tuya”, pensó furioso.
Umm pobre Siwon, la tendra dificil con Heechul en plan protegiendo a su cria.
ResponderEliminarEspero que las cosas salgan bien entre ellos