Al final, a Mingyu le dieron el
alta tan sólo tres días antes de la boda de sus padres, y para entonces ya
tenía siete semanas. Después de superar los problemas respiratorios, le habían
diagnosticado anemia. Además, una preocupante infección había hecho que Minwoo
pasara día y noche en el hospital, junto a su hijo.
Hyungsik, que tenía un vasto
imperio a su cargo, no había podido estar allí todo el tiempo, pero había
compartido cada crisis con Minwoo y con su hijo. Había aprendido a apoyarse en
la fuerza de Hyungsik en sus momentos más bajos. Su coraje ante la adversidad y
su negativa a considerar un resultado negativo habían animado a Minwoo cuando
más había temido por su hijo. Sin embargo, cuando el peligro pasó, Hyungsik se
marchó de viaje.
Le había sugerido a Minwoo que se
instalara en su piso, pero una suite en un hotel discreto, frente al hospital,
había resultado más conveniente.
La separación física, unida a su
necesidad de concentrarse por completo en los problemas de Mingyu, había creado
un distanciamiento entre Hyungsik y Minwoo. Además, Hyungsik había hecho lo
posible por evitar que la prensa se enterara del nacimiento y de sus planes de
boda antes de hacer un anuncio oficial. En consecuencia, sus encuentros habían
alcanzado un nivel de discreción que impedía que se vieran excepto en el
hospital. Y allí nunca habían estado a solas.



