Me eché
hacia atrás y hurgué en su mesita de noche en busca de la caja de condones que
sabía estaba allí. Mientras estaba todo estirado él usó sus pulgares para
trazar la línea de mis costillas a cada lado de mi cuerpo. Él siempre era tan
reverente, tan sensorial, cuando ponía sus manos sobre mí.
Antes de
cubrirlo, me tomé unos minutos para jugar con su nuevo equipamiento. El penacho
que dejaba, la forma en que se ponía caliente contra su piel, prometía un buen
momento de seguro. Quería ponerlo en mi boca,
pero él me detuvo con las manos en mi
cabello.
—No esta
vez.
Levanté
una ceja mientras él tomaba el condón de mi mano y se cubría a sí mismo. Me
instó más arriba en mis rodillas y me colocó sobre la punta de su tensa
erección. Tuve la impresión de que él estaba tratando de hacer un punto.
Estaba
tratando de mostrarme algo que simplemente no aceptaría ni escucharía, pero
había dos que estábamos involucrados en esto y quería asegurarme de que él
también supiera lo mucho que sentía por él. Simplemente estaba confundido
acerca de esto y tratando de ser realista, manteniendo todo en un cajón con el
que estaba cómodo.




