—Wadim. —Junjin
se dirigió al historiador—. Tú te quedas.
Wadim asintió y
volvió a su asiento.
Una vez que la
habitación estaba vacía de todo el mundo menos Hyesung, Dambi, Wadim, y él, Junjin
se sentó de nuevo.
—Cualquiera que
sea la información que tienes, Wadim, no siento que la manada tenga que saberlo
en este momento —explicó—. Ahora, por favor dinos qué es tan importante que
parece que quieres arrastrarte fuera de tu propia piel.
Wadim respiró
hondo y soltó el aire lentamente antes que él comenzara a hablar. Las primeras
palabras que salieron de su boca, tuvo a todos sentados mucho más erguidos.
—La Gran Luna
vino a mí en un sueño. —Hizo una pausa, dejando que esa información calara—.
Ella no está feliz de que las Fae no están dispuestas a ayudar en este reino
—continuó, mirando a Dambi.
—No pensé que
fuera actuar con tanta rapidez. Y por supuesto que no está feliz por eso
—espetó Dambi—. Están siendo unos niños malcriados y necesitan que les azoten
el trasero.
Junjin miró a Dambi.




