Aunque Kangin le
había asegurado que no debía temer a Shangho ahora que lo vigilaban, Leeteuk estuvo
casi una semana sin salir de casa. Envió a su lacayo a casa de la modista para
cancelar dos pruebas. Por suerte, esa misma semana había contratado a un lacayo
y al resto de los criados.
Tampoco regresó a la bonita tienda donde
había comprado todo lo necesario para los regalos de Navidad de Kangin: una
corbata y pañuelos con sus iniciales bordadas y algunas camisas de seda, varias
de las cuales ya estaban terminadas.
Paradójicamente, el día en que se toparon
con Shangho no estaba tan asustado como al siguiente, después de pasar la noche
con Kangin. Aunque él no había dicho una sola palabra más al respecto después
de sus advertencias, Leeteuk había percibido su miedo.
Quedarse encerrado en casa tenía algunas
ventajas.
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