Henry encabezó el camino fuera de la ciudad, hacia la
superficie. La camioneta en la que habían llegado había sido llevada a una
cueva cercana que albergaba varios vehículos, guardados en caso de que una de
sus personas se convirtiera en Daimon y necesitase una conexión con el mundo
humano.
Era enfermo, pero esta vez Henry estaba agradecido por su
“preocupación” hacia los Daimons. El deshielo de la primavera había comenzado,
y el suelo no estaba tan congelado como antes. Calvin le había entregado varias
llaves para que escogiera el automóvil que pudiera sacarlos de allí más
rápidamente.
Hyungjoon entró primero. Él miró hacia atrás, por el
camino en que habían llegado mientras sus pensamientos regresaban a su familia.
—Todo estará bien, Henry.
—Sí –susurró él.
Sabía que así sería. Se iba a asegurar de eso, maldita
sea.
Henry subió a la camioneta y condujo de regreso a la
ciudad. La primera parada sería su casa. O lo que quedaba de ella. Quería estar
totalmente armado para este conflicto.
Viajaron al menos durante una hora antes de llegar a su
propiedad. Henry entró al camino que conducía a la casa y vaciló. Ya no había
señales de batalla. Su garaje, sus ventanas, todo estaba intacto. Incluso el portón de entrada estaba de pie.



