Sus protectores instintos estaban
todavía corriendo en caliente, palpitando a través de él igual que un martillo
perforador. No estaba seguro de ser capaz de controlarse a sí mismo lo bastante
como para pensar racionalmente, pero lo intentaría. Por Sungmin.
—Bien —dijo Hyungsik—. Este es un buen
comienzo. Ahora, mi señor, si eres tan amable, ¿podrías darme algunos detalles
más?
—Traje una camioneta llena de explosivos
aquí para haceros volar a todos al infierno. No necesito decir que cambié de
idea. En realidad, no soy gran fan del asesinato, así que para mí funcionó.
—¿Por qué querías matarnos a todos?
—preguntó Hyungsik con sólo el más débil interés coloreando su cultivada voz.
—Porque pensé que erais los tipos malos.
Hyungsik asintió.
—Dada la manera en que esos dos estaban
actuando justo ahora, difícilmente puedo culparte.



