Con
su mente resuelta, Hee aceleró sus pasos hacia la salida del avión. Agarró la manivela, jalándola para
abrirla, y caminó hacia una pared sólida.
—Uff
—gruñó Hee, luego se congeló. Conocía ese olor. Genial, pensó, ahí voy con la
cosa del olor de nuevo. Pero conocía ese olor: a madera, picante y
masculinidad. Un muy, muy enojado olor masculino. Dio un paso atrás y
lentamente levantó la barbilla para mirar a la cara del lobo cuyo recuerdo la
había perseguido durante los últimos dos meses.
—¿Vas
a alguna parte, Heechul? —preguntó Siwon, los ojos entrecerrados y los labios
apretados con fuerza.
Hee
miró en esos brillantes ojos. No podía hablar, no podía moverse y a estas
alturas incluso respirar parecía ser demasiado para su cuerpo. El hechizo se
rompió cuando oyó a Siwon gruñir y se dio cuenta que lo estaba mirando
fijamente a los ojos. Su lobo vería eso como un desafío. Dio un paso atrás,
pero, ya sea un desafío o no, no iba a desviar sus ojos.
Poco
a poco, la ira y el dolor que le atormentaban se precipitaron de nuevo,
fluyendo a través de su cuerpo entumecido, dándole vida y la capacidad de
hablar una vez más.
—A
Decir verdad, voy a algún lugar. No es que eso sea asunto tuyo. —Hee levantó
una ceja mientras cruzaba los brazos sobre su pecho—. Entonces, si amablemente
te fueras, puedo ponerme en marcha. —Hee no podía creer el dolor que atravesó
su corazón mientras le Siwiía a Siwon que se fuera. Le tomó todo lo que tenía
para no estremecerse ante sus propias palabras.
Sin
dejarse intimidar por la actitud arrogante de Heechul, Siwon entró en el avión.
Y a menos que Heechul quisiera su pecho presionado contra el de él, lo hizo
tomar otro paso atrás.
—Tengo
que estar en desacuerdo contigo. Considero esto muy asunto mío cuando se
refiere a ti.


