Era cierto que Ryeowook sólo había conseguido billete de ida, pues aquel fin de semana había un partido de fútbol y había sido imposible conseguir el de vuelta.
—Si era ése su plan, le advierto que no le va a dar resultado porque no me gustan las situaciones dramáticas y no me gustan los cazafortuna.
Ryeowook lo miró y sintió que la adrenalina se apoderaba de él.
—Donghae. Se llama Lee Donghae —le espetó—. ¿Le dice algo ese nombre o ni siquiera se acuerda del apellido de las personas con las que se acuesta?
—¿Qué ha dicho? —gritó Yesung.
Ryeowook se dio cuenta de que Yesung parecía realmente confundido.
—Es usted increíble. Así que se acuesta con alguien y ni siquiera recuerda su nombre...
Yesung se acercó a él, lo tomó de los hombros y lo zarandeó, lo que le hizo estar a punto de perder el equilibrio. Al darse cuenta de lo frágil que era, Yesung se apartó. Ryeowook se dijo que no debía mostrarse débil. No era el momento. Tenía que ser fuerte por su hermano.




