La
respiración de Heechul se cortó mientras escuchaba la voz de su hermano desde
las escaleras. Giró la cabeza lentamente, casi temeroso de que fuera otro
espectro.
No
lo era.
Leeteuk
estaba allí, con el rostro pálido, el cabello desarreglado y la pijama manchada
de sangre.
¡Pero
estaba vivo!
Chillando,
Heechul corrió hacia él y lo atrajo a sus brazos, abrazándolo fuerte mientras
sus lágrimas fluían una vez más, sólo que esta vez por felicidad.
¡Leeteuk
estaba vivo! Las palabras resonaron en su mente.
—¡Te
quiero, te quiero, te quiero! —susurró contra el cuello de su hermano—. Y si
vuelves a morir, ¡te mataré por completo!
Los
dos se quedaron allí parados, atrapados en un abrazo.
Siwon
sonrió al verlos, agradecido por el bien de Heechul que Leeteuk estuviera sano.
Su
sonrisa murió cuando su mirada se encontró con la de Kangin, mientras el griego
descendía las escaleras con Shindong detrás. No había nada excepto un abierto
odio en los ojos del griego.
—¿Dónde
está Kassim? —preguntó Kennie.
—Está
muerto —dijo Shin, cansado—. Está arriba, en el cuarto de niños.



