Kennie abrió una puerta que condujo a un enorme dormitorio con la más
elaborada cama antigua con dosel que Kwanghee alguna vez hubiera visto.
Cortinas de terciopelo azul profundo colgaban alrededor de querubines y ángeles
tallados a mano que decoraban la madera antigua.
—Esto es magnífico.
—Siwon insiste en lo mejor. Usted dos pueden acostarse aquí, y llevaré al
muchacho perro más lejos por el pasillo.
—¡Hey! —protestó Dongjun con indignación.
—Relájate —dijo Kennie—. Esto no es como si te hiciera dormir en el
garaje o algo así.
Los dos dejaron a Kwanghee y Kevin solos en el cuarto.
—Así que, aquí estamos —dijo Kwanghee, inseguro de sí mismo.
Kevin tiró de él para acercarlo.
—Es extraño no tener que ocultarme de ti.
—¿Entonces puedes hacer de todo?
—Más o menos cualquier cosa. Puedo viajar en el tiempo en cualquier
dirección. Yo podría dirigirnos de aquí a París o a cualquier lugar que
quisieras visitar.



