Yesung lo golpeó ruidosamente contra la pared, luego se
precipitó hacia la puerta. Una vez que estuvo en la cabaña, cerró y aseguró la
puerta. Yesung deslizó la estufa a leña sobre ella, luego estiró la mano para
sacar al visón y a sus crías. La madre lo mordió, pero él no se sobresaltó.
Tan suavemente como pudo, los metió en su mochila y se
apresuró a salir de la cabaña.
Ryeowook estaba justo al otro lado de la puerta.
—¿Yesung, eres tu?
Él lo besó.
—Es mejor que seas tú.
Él bufó ante eso.
Sin tiempo que perder, corrió hacia la maquina de nieve
de Thanatos y rompió una manguera. Él condujo a Ryeowook hacia su vehículo.
—Tienes que salir de aquí, joven príncipe. Mis poderes no
lo pueden contener por mucho más.
—No puedo ver para manejar esta cosa.
Yesung clavó los ojos en él, memorizando su cara.
Memorizando como lucía bajo la luz de la luna que atravesaba las nubes.



