Kyuhyun rompió más leyes de exceso de velocidad de las
que quería contemplar, llevó a Sungmin a su loft y luego usó su teléfono de
pared para llamar a Shindong.
–¿Qué haces en la ciudad? –Shindong demandó.
–Me dijeron que estabas tratando de ubicarme.
–¿Dicho por quien? Pensé que mis instrucciones eran
claras. Tenías que quedarte en tu cabaña con el joven.
Kyuhyun frunció el ceño. Esto era raro. Ara nunca se
había equivocado antes, ni le había mentido.
–Lo hiciste, pero entonces, –hizo una pausa mientras
trataba de entender la situación. ¿Que estaba pasando aquí?
–¿Sí?
–Nada, T-Rex, creo que te malinterpreté.
–Entonces, ¿por qué estás aun al teléfono conmigo?
–preguntó–. Debes llevarlo de regreso a tu cabaña. Ahora.
Kyuhyun no se preocupó por su tono arrogante. Shindong podía
ser evasivo y molesto, pero nunca antes había sido un estúpido autoritario.


