Los frenos del
coche de Siwon chirriaron cuando se detuvo en el camino de entrada de la casa
de Heechul. Al otro lado de la calle, estaba aparcado el coche del vigilante de
seguridad. Sobre el volante había un cuerpo y los cristales estaban manchados
con alguna sustancia viscosa. Se le aceleró el pulso mientras apagaba el motor.
Donghae llegó
justo después que él.
—¡Quédate aquí!
—gritó mientras él abría la puerta de su coche.
Pese al aullido
del viento, se oyó un disparo.
Siwon corrió
por el jardín delantero y abrió la puerta principal golpeándola con un hombro.
—¡Heechul!
Donghae le
pisaba los talones mientras corría por el oscuro pasillo. Sus ojos se clavaron
en Heechul, que se encontraba en el suelo de la cocina. Tenía el albornoz
cubierto de sangre.
El corazón se
le subió a la garganta. Se arrodilló y comenzó a tocarlo por todas partes, en un
frenético intento por encontrar alguna herida.


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