Debutantes III -16




Habían asistido a varias fiestas más como acompañantes de Donghae, pero era la primera vez que Kyuhyun y Sungmin iban a una fiesta los dos solos. No le había dicho demasiado al respecto, sólo a qué hora debería estar preparado y que se vistiera como un atractivo joven casado, fuera lo que fuese lo que significara eso. Sungmin  no podía entender por qué aquello le excitaba tanto.
Donghae estaba arriba enfurruñado porque Ahra lo había estado reprendiendo por intentar entrometerse en un asunto privado al pedirles que lo dejaran ir con ellos. Puede que fuera eso lo que había provocado la excitación de Sungmin. Hacía que un «asunto privado» sonara muy personal. Con tan poca información en sus manos, la fiesta de esa noche tenía toda la pinta de resultar una sorpresa para él.
Así que se arregló con esmero esa noche. Casi voló hacia las escaleras en cuanto Sunny le dijo que estaba listo. Por supuesto, Kyuhyun no había aparecido todavía. Así que tras soltar un suspiro se reunió con Ahra y Jaehyun en la salita. Su suegra y su cuñado dejaron de jugar a las cartas para charlar con él y comentarle lo atractiva que estaba.
—Es hora de que tengas un guardarropa nuevo, querido, y que abandones esa pequeña habitación. Te llevaré de compras la semana que viene —le susurró Ahra al oído.
Sungmin todavía estaba sonrojado cuando poco después Kyuhyun entró en la sala.
—Sungmin, ¿por qué no le has quemado aún todas esas prendas? —dijo Ahra absolutamente disgustada.
Sungmin se volvió para ver qué había provocado esa pregunta y se quedó mirando a su marido fijamente. Kyuhyun se había puesto una de esas horribles chaquetas de raso brillante más adecuadas para un baile de disfraces. Era de un espantoso tono naranja con demasiado encaje en las muñecas y el cuello. Con aquel pelo negro y las mejillas suaves tras un reciente afeitado, tenía cierto aire afeminado.
—No hará nada de eso —le dijo Kyuhyun a su madre intentando no reírse—. A Sungmin le gusta mi ropa. Le recuerda la vez que nos conocimos.
El joven continuó mirándolo fijamente mientras la cabeza no dejaba de darle vueltas. Tenía la impresión de que estaba bromeando, pero no podía estar seguro. Insinuar que Sungmin  tenía buenos recuerdos de su primer encuentro no era nada ni remotamente divertido. Por lo menos para él.
—¿De verdad tienes la intención de salir con tu esposo con ese traje? —continuó Ahra.
—¿Qué le pasa a la ropa de mi esposo?
—A la de él no, tonto, ¡a la tuya! Ahora estás casado. Tu pésimo gusto para vestir...
—El matrimonio no tiene nada que ver con el gusto, mamá —la interrumpió Kyuhyun—. Bueno, quizá tenga algo que ver en el caso de las parejas, pero lo del guardarropa es lo de menos. ¿Nos vamos ya, querido?
La pregunta iba dirigida a Sungmin mientras lo rodeaba con un brazo para guiarlo fuera de la estancia. La joven sólo podía pensar en esa mano que él le había puesto en la cadera.
Pero su suegra se resistía a ser ignorada con tanta facilidad.
—¡Búscate un nuevo sastre! —le gritó Ahra a su espalda—. ¡Avergüenzas a tu esposo!
Sungmin contuvo el impulso de mirarle para ver cómo se tomaba ese comentario. Puede que esa noche fueran a un baile de disfraces y él se hubiera olvidado de mencionarlo. Debería habérselo dicho.
El cochero, Matthew, estaba esperándolos en el pescante del carruaje. En cuanto estuvieron dentro con la puerta cerrada, sentados el uno frente al otro, observó con incredulidad cómo Kyuhyun se transformaba en un santiamén.
Primero se quitó la brillante chaqueta de raso y la depositó en el asiento. También se desató el encaje de los puños que en realidad no formaba parte de la camisa, sino que estaba atado a sus muñecas, y lo puso encima de la chaqueta. Después le tocó el turno a la corbata de encaje. Al quitársela apareció una más fina y moderna debajo. Finalmente, Kyuhyun se levantó para meter todo lo que se había quitado debajo del asiento, de donde sacó otra chaqueta que había escondido allí. Una de color azul marino de muy buen gusto con las solapas de raso negro.
Ahora lo entendía todo, pensó Sungmin, o eso creía. ¿Le había gastado una broma a su madre vistiendo de aquella manera? Ahra había sido la única que había armado un escándalo por ello. Pero ¿por qué llegar a esos extremos? Durante esa semana, Sungmin había visto muy a menudo lo brusca y testaruda que podía llegar a ser Ahra cuando él hacía o decía algo que ella no aprobaba, ¡pero Kyuhyun parecía disfrutar con ello! ¿Sería todo una broma? Ahra no parecía tomárselo de esa manera.
Finalmente, Kyuhyun lo miró.
—¿Te sentías avergonzado? —le preguntó sin rodeos.
Sungmin sólo se había sentido confundido, pero no pensaba decírselo.
—Mmm, no realmente, aunque confieso que he llegado a pensar que íbamos a un baile de disfraces y que te habías olvidado de decírmelo. ¿Por qué le gastas a tu madre esas bromas de mal gusto?
—Porque tengo buen corazón. —Sus palabras no tuvieron mucho sentido para Sungmin  hasta que él añadió— Le gusta pensar que todavía tiene que meterme en vereda. Aunque supongo que podría moderarme por un tiempo. Es muy difícil sacarla de sus casillas cuando se muestra tan sumamente contenta conmigo.
Kyuhyun parecía exasperado y molesto al concluir la última parte de su comentario mientras se aseguraba de que ahora estaba presentable: se alisó las mangas y se tiró de las solapas para ponerlas rectas. Finalmente Sungmin  comprendió un comentario que le había hecho Donghae a principios de semana cuando había tratado de explicarle lo extraño que parecía el comportamiento optimista de su tía.
—Al menos no ha sido necesario que te cambies también los pantalones —le respondió Sungmin , algo divertido ahora, y sintiendo una especie de extraña ternura por el hijo que todavía trataba de asegurar a su madre que su sacrificio no había sido en vano.
Kyuhyun levantó la mirada hacia él al instante, clavando sus ojos, que ahora tenían un brillo pícaro.
—¿Por qué no se me ha ocurrido? ¿Te habría inducido a violarme?
¡A eso sí que no pensaba responder! Pero luego apareció en su mente una imagen de él allí sentado sin pantalones y se sonrojó visiblemente.
Sin embargo, él pareció apiadarse y apartó aquella mirada sensual.
—No tienes que preocuparte por eso... al menos hasta la primavera. No pienso congelarme el trasero durante los meses de invierno.
No se habría congelado nada. No hacía tanto frío para ser principios de diciembre. Además, en el carruaje había un brasero así que ni siquiera tenían que llevar los abrigos puestos allí dentro para ir y venir de la fiesta. Pero Sungmin  agradeció su intento de hacerla sentir menos incómodo con un toque de humor.
El joven logró mantener los ojos apartados de él durante el resto del corto trayecto. No importaba lo que Kyuhyun llevara puesto, ese hombre era demasiado atractivo para no afectarlo de ninguna manera. Todavía seguía pensando en él sin pantalones y para cuando llegaron a su destino se sentía tan acalorada que deseó haber llevado un abanico. ¡En pleno invierno!
Pero cualquier rastro de calor lo abandonó cuando bajaron del carruaje y reconoció la casa que tenía delante. Era la residencia de lord Joowo en Wigmore Street.
Dios santo, le había hecho caer en una trampa, fue lo primero que pensó. ¿Habría tramado Kyuhyun alguna clase de venganza por algo que había hecho hacía tanto tiempo? ¿Estaría tratando de probar que su excusa para aparecer en su habitación de palacio aquella noche lejana había sido una mentira?
En silencio y cada vez más enfurecido, Sungmin no le hizo ningún comentario a Kyuhyun mientras lo acompañaba a la puerta a la que Sunny había llamado en lugar de Key varias semanas atrás. El mayordomo la abrió cuando se acercaron y los condujo rápidamente al interior para asegurarse de que el frío de fuera no entraba en la casa.
El sonido de mucha gente hablando y riéndose los llevó hasta la sala. Sungmin comenzó a relajarse. Aunque era realmente una fiesta, la razón por la que Kyuhyun lo había llevado a esa casa en particular seguía levantando sus sospechas. Al menos podría haberla advertido. El que no lo hubiera hecho impedía que el joven bajara la guardia por completo.
—¿Por qué estamos aquí? —le preguntó, antes de que nadie los saludara.
—Es una fiesta de compromiso a la que tenía que asistir.
—¿Alguien que conozca?
—Sí —fue todo lo que dijo antes de que el anfitrión se acercara a darles la bienvenida.
Sungmin no había podido echarle una buena mirada a lord Joowo el día que había ayudado a Key. Tampoco había estado demasiado interesado en hacerlo. Sin embargo, reconoció que era un hombre atractivo que probablemente rondaría la cincuentena.
—¿Es el novio? —preguntó. Cuando Kyuhyun asintió con la cabeza, añadió—: No parece demasiado feliz.
Sungmin deseó de inmediato haberse guardado esa observación. Era un discreto recordatorio de la manera en la que Kyuhyun había ido al altar. Y lord Joowo parecía tener el mismo estado de ánimo sombrío que había tenido Kyuhyun. Aun así, Joowo había sido lo suficientemente educado para darles la bienvenida, aunque no parecía conocer a Kyuhyun más que de nombre, lo que tampoco era de sorprender ya que era muy probable que entre ambos hombres hubiera una diferencia de veinte años o más.
Kyuhyun lo condujo al centro de la habitación hasta una pareja que él conocía. Luego, tras unos momentos de conversación en la que pudo participar, lo abandonó allí para ir a por unos refrescos, pensando, evidentemente, que lo dejaba en buenas manos.
A pesar de sentirse a gusto con aquella pareja, Sungmin  no apartó la mirada de su marido y vio que había sido abordado por una mujer mayor. Nada de especial, pero luego fue abordado de nuevo. Bueno, supuso que eso era lo normal en una fiesta. A menos que surgiera un tema controvertido que congregara a muchos de los invitados en un debate candente, los invitados solían circular por el salón esperando oír los últimos cotilleos.
Una nueva pareja se unió a su grupo, lo que distrajo a Sungmin  durante un buen rato, pero luego la primera pareja se marchó y la segunda tampoco permaneció mucho tiempo con él, y de repente se encontró solo, divertido al ver que Kyuhyun todavía no había alcanzado la mesa de los refrescos. Se puso en movimiento para unirse a él, pero no llegó demasiado lejos.
—¿Quién te ha invitado?
Sungmin conocía esa voz, así que se volvió con una expresión compuesta en la cara.
—Hola, Boah. Qué inesperado... placer verte aquí.
—Qué gracioso —dijo Boah con voz desagradable. Sin embargo, extrañamente, no parecía molesta.
A Sungmin  no le sorprendió demasiado encontrar a Kwon Boah en aquella fiesta. Era evidente que conocía a lord Joowo ya que se habían mantenido en contacto. Pero sí le sorprendió el aspecto de la mujer.
Estaba ataviada con un vestido rosa que, para su sorpresa, revelaba un cuerpo curvilíneo después de todo. Su peinado era suave y atractivo, todo lo contrario del moño severo que siempre había llevado. Aquella combinación era exactamente lo que Sungmin  había predicho desde el principio: Boah no parecía ahora la mujer poco atractiva que había conocido en palacio. Su humor hosco e impaciente también parecía haber desaparecido y en su lugar había un brillo de alegría o tal vez de excitación que mejoraba su aspecto de una manera radical. Casi la hacía parecer hermosa.
—Fuiste el responsable de mi ruina—dijo Boah, haciendo que Sungmin  dejara a un lado esas suposiciones.
—¿Qué ruina?
—La duquesa me despidió.
—Yo ni siquiera estaba allí. ¿Cómo puedes echarme la culpa de eso?
—Gracias a ti, los chicos reunieron el valor suficiente para desafiarme y pensar por ellos mismos. Incluso Ryeowook se negó a hacer lo que le pedía a menos que fuera una orden directa de la duquesa.
—E hizo bien —señaló Sungmin —. No tenías derecho a involucrar a esos jóvenes en tus sórdidas intrigas.
Boah le quitó importancia con un gesto de la mano.
—Debería vengarme. Puedo hacerlo, ¿sabes? ¿Qué crees que diría la gente si supiera que te liaste con Cho en palacio?
Sungmin casi sonrió.
—Creo que concluirían que debería haber dejado mi puesto antes de lo que lo hice, ya que estaba casado en secreto con él.
—¿De veras? No me lo creo —se mofó Boah—. Pero tampoco deseo involucrarte en un escándalo. Gracias a mi despido ahora estoy donde quiero estar. De hecho, he andado por las ramas tanto tiempo que no me di cuenta de que ya no necesitaba hacer lo que hacía. Una gran pérdida de tiempo. Así que casi podría decir que agradezco tu intromisión. Quiero decir, si no hubieras sido tan molesto.
Sungmin contuvo la risa y se centró en las primeras palabras de Boah.
—¿A qué te refieres con que estás donde quieres estar?
—No te hagas el tonto. Sabes de sobra que esta fiesta es en mi honor. Pronto seré una novia radiante.
Boah se alisó los volantes con una sonrisa satisfecha y se marchó dejando a Sungmin perplejo. ¿Boah se iba a casar y con un hombre tan guapo como lord Joowo? Bueno, sabía que sobre gustos no había nada escrito, pero ¿acaso no había tenido la impresión de que el novio no era demasiado feliz ante ese giro de los acontecimientos? ¿Sería otro miembro de la aristocracia forzado a pasar por el altar?
Sería un hipócrita si sintiera lástima por lord Joowo cuando él le había hecho lo mismo a Kyuhyun, más o menos. En realidad, Sungmin no le había hecho a Kyuhyun nada de eso. De hecho se había negado a casarse con él, pero él se había empeñado. Sungmin  sólo había pedido que la familia de su marido conociera los hechos.
Una mujer mayor se unió a él antes de poder continuar avanzando hacia Kyuhyun. Se habían conocido en el baile, aunque Sungmin  no podía recordar su nombre. Por desgracia, la mujer era una chismosa pero, como no quería ser grosero, el joven se vio forzado a escuchar hasta el último rumor sobre personas que no conocía. Sungmin  supo que esta vez su marido no acudiría al rescate. Aunque quizá fuera él quien necesitara que lo rescatase, porque la última persona que lo había abordado era la futura novia.

—Qué sorpresa más encantadora, querida —le dijo Kyuhyun a Boah mientras la guiaba con un gesto casual a un lado de la habitación, alejados de cualquiera que pudiera escuchar su conversación.
—¿De veras? —Boah le brindó una sonrisa radiante—. Me enamoré de Joowo hace años, cuando era una joven debutante. Sin embargo, él no estaba preparado todavía para el matrimonio.
Kyuhyun estaba seguro de que todavía no lo estaba. Joowo siempre había sido considerado un soltero empedernido. Se preguntó si asumiría el matrimonio con buena cara o si enviaría a Boah al campo donde podría ignorarla, y qué tendría que decir su futura mujer al respecto. El as que Boah guardara en la manga no sería tan útil después de que se casaran, pues filtrar cualquier información secreta que tuviera contra Joowo la implicaría también a ella en el escándalo. ¿Comprendería Boah eso?
Si era cierto que estaba enamorada de él, era digna de lastima. Pero Kyuhyun tenía el presentimiento de que aquella declaración de amor era sólo una excusa para explicar por qué Boah parecía tan feliz por casarse con Joowo. Lo más probable es que ella quisiera el título y la riqueza de Joowo y abandonar por fin la lista de solteronas.
Sukchun quería que Kyuhyun fuera brutalmente directo con Boah y que le sonsacara si había terminado con sus intrigas, pero como siempre él prefirió utilizar sus propios métodos de persuasión.
—Lee Sukchun vino a verme recientemente —le dijo—. Sabe que tú y yo hemos sido muy buenos amigos y me hizo una extraña confesión. Me dijo que tú traficabas con información que la reina no querría que saliera a la luz.
Boah ni siquiera se puso a la defensiva, de hecho se rio.
—Sukchun es un viejo tonto. Se le metió en la cabeza que yo ejercía algún tipo de autoridad sobre los jóvenes de cámara de la duquesa, cuando en realidad ése no era el caso.
Kyuhyun arqueó una ceja.
—Eso es lo que supone todo el mundo, Boah.
—Sí, lo sé. —Ella sonrió ampliamente—. Y yo lo promoví y me aproveché de ello. Pero la verdad es que la duquesa acepta a regañadientes a su séquito porque comprende cómo son las cosas en palacio. Nunca los solicitó. Sólo me pidió que me asegurara de que no se vieran involucrados en ningún escándalo que pudiera perjudicarla.
—¿Y tú sólo tratabas de asegurarte de ello? —le preguntó Kyuhyun, incrédulo.
—De ninguna manera. Les encargaba tareas inofensivas para mantenerles ocupados y no tuvieran tiempo de meterse en líos.
—Sukchun conocía tus intrigas. Y eso no suena exactamente inofensivo.
—Era absolutamente inofensivo para ellos —replicó Boah con un encogimiento de hombros—. Y nada que hubiera podido perjudicar a la corte.
—¿De qué se trataba entonces?
—El viejo rencor que había estado albergando salió a flote cuando la duquesa se instaló en palacio. Jamás se me había ocurrido hacer nada al respecto, ni regresar a Londres, pero...
—¿Rencor contra quién?
—Contra los hombres que me despreciaron cuando era joven. Todos los caballeros que estaban en mi lista de maridos aceptables me dieron la espalda durante mi presentación en sociedad —dijo Boah con amargura—. Me ofrecí a cada uno de ellos, pero nunca me tomaron en consideración. Alguno incluso se rio de mí. Así que decidí desquitarme, pero no tuve manera de hacerlo hasta que regresé a Londres y conté con los medios necesarios para espiarlos y descubrir esos oscuros secretos que todo el mundo guarda.
—¿Y tu intención era hacerlos caer en desgracia?
—Esa era la idea. Una muy agradable, por cierto. Realmente disfrutaba sabiendo que podía arruinarles la vida si así lo quería. Saboreaba esa idea. Estaba encantada con ella. Pero luego perdió su gracia. Comencé a aburrirme.
—Realmente no pensabas arruinar a ninguno de ellos, ¿verdad? —adivinó Kyuhyun.
—Claro que no. Pero al menos quería tener la seguridad de que podía hacerlo, de que ellos supieran que podía hacerlo. Pero entonces Lee Sukchun comenzó a distraerme con esas absurdas suposiciones y yo comencé a fomentar sus erróneas conclusiones. Realmente disfruté jugando al gato y al ratón con él. Era muy divertido. Creo que él también se divirtió bastante. Pero eso fue todo. Un simple entretenimiento.
—¿Incluyendo enviar a mi esposo para que se colara en su habitación? ¿A eso llamas tú un simple entretenimiento?
Ella contuvo la risa.
—¡Se suponía que no lo atraparían! Fue de lo más perturbador. Pero quienquiera que lo descubriera allí no se lo ha debido mencionar a Sukchun. ¿Sería otro ladrón? Qué risa, ¡dos ladrones en la misma habitación al mismo tiempo! Me sorprende que te lo contara. Estaba muy enfadado por eso, y se negó en redondo a hacer cualquier otro recado para mí. Incluso tuvo el atrevimiento de amenazarme. Un mozo descarado, desde luego, pero estoy seguro de que tú ya sabes eso.
Kyuhyun gimió para sus adentros. Acababa de descubrir la verdad y además de una fuente fidedigna, por así decirlo. Todo lo que Sungmin le había dicho era cierto. Su esposo debería haberle disparado por eso. Jamás le perdonaría. Kyuhyun podía, sencillamente, pegarse un tiro.
—Te he sorprendido —dijo Boah, interrumpiendo sus pensamientos—. Admítelo.
Puede que los tejemanejes de Boah no hubieran puesto una mirada de perplejidad en su rostro, pero se equivocaba si de verdad pensaba que no había puesto en peligro de verse involucrados en un escándalo a jóvenes inocentes. Se había librado por los pelos, y tenía que agradecer que la duquesa sólo la hubiera puesto de patitas en la calle.
—Creo que lo único que realmente me ha sorprendido de ti —dijo sin contenerse en respuesta a la observación de Boah— es que incluyeras a Joowo en tu lista de maridos aceptables. Es y siempre será un calavera. Hay quienes dicen que incluso roza la depravación.
Los ojos de Boah brillaron de satisfacción al oír aquello. Santo Dios, ¿eso era lo que ella deseaba?
Pero entonces ella soltó una risita nerviosa.
—No estaba en mi lista. Después de todo me lleva casi diez años, y ya se sentía inclinado hacia la depravación antes de alcanzar la mayoría de edad. Pero siempre me ha resultado un hombre muy fascinante. De la misma manera que tú me resultabas fascinante... antes de casarte. ¿Cuánto tiempo llevas casado?
—¿Qué te ha dicho mi esposo? —le respondió él, poniéndose en guardia de inmediato.
Ella se rio entre dientes.
—Touché. Disculpa, los viejos hábitos nunca mueren, y realmente disfruté con ellos. Desenterrar secretos es como desenterrar tesoros, nunca sabes lo que puedes encontrar.
—Si lord Joowo no estaba en tu lista de maridos aceptables, ¿cómo es que has logrado atrapar a un solterón como él sin usar el chantaje?
—Qué insinuación más rastrera—dijo ella chasqueando la lengua—. Y no es cierto que haya hecho eso. Pero si quieres saber la verdad, después de que mi despotismo con los jóvenes de la corte llegara a oídos de la duquesa y me pusiera de patitas en la calle, le dejé caer a Joowo una pequeña y delicada información sobre él que llegó a mis manos por casualidad. No esperaba que me propusiera matrimonio. No sé qué esperaba de él, quizá no más que una amistad como la que tengo contigo. Me habría conformado con ser amiga de alguien tan excitante como él. Pero supongo que él pensó que le chantajeaba, y me agradó tanto su proposición que no quise desengañarle.
—¿Y qué sucederá cuando también te canses de estar casada con él? ¿No te sentirás tentada de volver a jugar al gato y al ratón con Sukchun?
—Pero ¿qué pasa con Sukchun? Vamos, ya es agua pasada. Ya he terminado con él y con su mundo de secretos —repuso Boah y luego señaló con la cabeza a su futuro marido—. Míralo. ¿De verdad crees que puedo llegar a aburrirme con alguien como él?
Kyuhyun casi hizo una mueca al pensar en el novio. Boah hacía que pareciera un juguete, no un hombre. Puede que mantener relaciones sexuales con él al estilo de los burdeles dejara de excitarla cuando pasara a formar parte de ello. O no. De hecho, esos dos podrían estar hechos el uno para el otro, una pareja bienaventurada, por así decirlo. De repente, Kyuhyun deseó poder decir lo mismo de su propio matrimonio.
Buscó con la mirada a su esposo... ¿cuándo había comenzado a pensar en él como «suyo»? Estaba charlando con una mujer mayor y, probablemente, muerta de aburrimiento. Era muy educado con sus mayores. Cortés, encantador, con un sutil sentido del humor. Santo Dios, Sungmin era realmente todo lo que podía desear en un esposo, y en el appa de sus hijos. Al igual que las rosas, él sólo mostraba sus espinas cuando él intentaba arrancarle los pétalos.
¿Por qué se había estado resistiendo? ¿Contra qué había estado luchando? ¿Contra la pérdida de la variedad? Demonios, quién necesitaba variedad cuando una sola persona podía satisfacer todas sus necesidades y despertar su pasión de todas las maneras posibles.
No necesitaban quedarse más tiempo en la fiesta. Ya tenía la información que Sukchun le había enviado a buscar. Y también estaba seguro de que Boah había dicho la verdad. La única persona que había logrado engañarle había sido Sungmin, y ahora sabía que ni siquiera él le había mentido. Había sido tonto por haber malinterpretado sus acciones. Pero como sentía un poco de compasión por lord Joowo, aunque no se parecían, decidió hablar con él antes de abandonar la fiesta.

Kyuhyun no sabía si decirle que aquel matrimonio no era fruto del chantaje. Debería hacerlo, pero... ¡Boah parecía tan condenadamente feliz! Incluso aunque nunca le había gustado esa mujer, ¿cómo podría estropearle todo aquello?
Pero resolvió el asunto con una sencilla pregunta.
—Joowo, ¿no deberías parecer un poco más feliz en tu fiesta de compromiso? —le preguntó Kyuhyun al novio.
El hombre se rio aunque sin una pizca de humor.
—Si me conocieras, sabrías que no puedo forzar más mi expresión. Un consejo, muchacho. Jamás vivas tus fantasías. Deja que se queden aquí —Joowo se señaló la cabeza—, siempre fuera de tu alcance. Pero no creas que me disgusta mi pareja. Ni mucho menos. Estoy seguro de que Boah me conoce y que a pesar de eso le gusto. No puedes imaginar lo refrescante que me resulta.
Kyuhyun podía imaginarlo. Si aquel hombre disoluto tuviera alguna idea del grado de excitación que Boah había exhibido esa noche cuando comentaba con él las extrañas inclinaciones de su futuro esposo, sí, Joowo sólo podría pensar que había encontrado a su pareja perfecta.
Y en cuanto a él, no podía negar que había encontrado también a su pareja perfecta. Pero no tenía ni idea de cómo iba a convencer a Sungmin  de ello.
Sin embargo, no era en eso en lo que estaba pensando cuando iban de regreso a casa.
—Hay algo que me vuelve loco cuando voy contigo en un carruaje —dijo, incapaz de apartar la vista de su esposo.
Los ojos de Sungmin  llamearon, pero no protestó cuando él se inclinó hacia delante y lo tomó en brazos. Coger desprevenido a su esposo tenía sus ventajas, lo que era una suerte, porque enardecía sus pasiones sin ni siquiera intentarlo. Con sólo probar aquel embriagador sabor suyo, Kyuhyun perdía el control.
—¿Crees que tiene que ver con que casi hayamos hecho el amor antes en este carruaje? —preguntó él contra sus labios—. ¿O con que sospecho que cuando estabas aquí sentado antes de llegar a la fiesta pensabas en mí sin pantalones?
Sungmin  soltó un grito ahogado, pero aprovechó para meterle profundamente la lengua en la boca y él ya no pareció tener fuerzas para reprenderle por aquel comentario provocador. A Kyuhyun le encantaba tomarle el pelo. Era una lástima que su esposo rara vez estuviera de humor para ello.
Por desgracia, Sungmin no dejó pasar aquel último comentario sin responder, aunque casi habían llegado a casa antes de que se apartase de sus brazos.
—No estaba pensando eso —dijo Sungmin sin aliento.
Tenía las mejillas coloradas y los labios muy hinchados por sus besos. Una de las cosas más difíciles que Kyuhyun había tenido que hacer en su vida, fue contenerse para no cogerlo en brazos de nuevo. Pero ya habían llegado a casa y su esposo volvía a mostrarse indignado.



Sungmin se despertó de un humor deplorable para el que no podía encontrar ninguna explicación razonable, y que no conseguía hacer desaparecer. La velada de la noche anterior había resultado ser más excitante de lo que había previsto. No la fiesta, allí se había aburrido bastante, pero en el carruaje...
El comentario subido de tono de Kyuhyun y la mirada que le había dirigido camino de la fiesta todavía la hacían sonrojarse cuando pensaba en ello. Pero tenía la sensación de que Kyuhyun, como libertino que era, habría hecho el mismo comentario a cualquiera que le acompañara, así que realmente no había sido para él en particular. ¡Incluso aunque lo hubiera mencionado otra vez de camino a casa! El resto de las observaciones de su marido durante el trayecto habían reforzado esa impresión. Seguía siendo el mismo, un libertino incorregible intentando seducir a cualquiera que se le pusiera a tiro.
Sus propios sentimientos, sin embargo, se habían inclinado por ese libertino. Ése era el problema. Se había enamorado de un hombre que evidentemente lo deseaba, y a quien él deseaba también, pero era un hombre que jamás le diría que lo amaba y que nunca le sería fiel. Eso era lo que la disgustaba y lo que le hacía sufrir aquellos altibajos emocionales.
Por ese motivo permaneció encerrado en su habitación. Pero en cuanto se le pasaron las náuseas matutinas, volvió a sentirse tan hambriento como siempre. Así que bajó la escalera para desayunar, esperando que todos los demás hubieran terminado ya, de esa manera no tendría que fingir que era un recién casado feliz, cuando era justo lo contrario.
Tuvo suerte. Al bajar casi con una hora de retraso encontró el comedor vacío. Intentando no pensar en nada que pudiera empeorar su estado de ánimo, prestó un poco más de atención a lo que comía y se quedó consternado al darse cuenta de que estaba a punto de tomarse otra loncha de embutido cuando ya ¡estaba lleno! Inconscientemente había estado comiendo más de lo que debía. Bueno, en el fondo eso era un alivio. Había empezado a pensar que iba a dar a luz a un bebé anormalmente grande por lo pronto que se le había ceñido la ropa.
Sin embargo, aquello no mejoró su humor. Ahora también se sentía indignado consigo mismo, así que realmente no fue un buen momento para que Kyuhyun lo atrapara cuando abandonaba el comedor ni para que le pusiera las manos en la cintura. Pareció como si él le estuviera midiendo el vientre, algo que lo avergonzó.
—Maldición —dijo él—. ¿Has estado atiborrándote de postres sólo para prolongar el suspense?
Sungmin no notó el tono guasón con el que lo dijo. Lo único que percibió de su comentario fue que él todavía no se creía que estuviera embarazado.
—Me has pillado —le espetó—. Voy a dar a luz una pastelería.
—Eso no tiene gracia, Minie.
—Ni tampoco tu absurdo comentario. ¿De verdad crees que me gusta pensar que se me va a deformar el cuerpo? Lo odio, pero ¡no tanto como te odio a ti!
Sungmin se echó a llorar antes de lograr subir las escaleras y perderse de vista porque no había querido decir lo que había dicho sobre su cuerpo. Era un cambio aceptable para que creciera el bebé al que ya amaba con todas sus fuerzas. Y tampoco había querido decir que lo odiaba a él. Jamás le había odiado. Le hacía enfadar como nada en su vida, pero no hasta el punto de odiarle.
Kyuhyun lo siguió al piso superior y golpeó la puerta de su habitación durante un buen rato. Sungmin no respondió, y él ni siquiera giró el picaporte para ver si había echado la llave. Cuando por fin se fue, lloró hasta quedarse dormido, pero tras una breve siesta se despertó de nuevo a mediodía, y estaba ¡muerto de hambre otra vez! Santo Dios, comenzaba a tener gracia. Al menos eso lo puso de mejor humor y pudo fingir que era feliz cuando se unió al resto de la familia para comer.
Kyuhyun no le dirigió la palabra durante todo el almuerzo. Después de su arrebato anterior, tampoco lo sorprendió su reticencia. Sin embargo, no dejó de mirarlo todo el rato y, aunque mantenía una expresión inescrutable ante su madre, Sungmin  sintió que estaba ¿preocupado? No, probablemente sólo sentía curiosidad por la violenta reacción que había tenido Sungmin  a lo que sólo había sido una broma. Una broma de muy mal gusto, cierto, pero aun así no pensaba que él lo hubiera dicho en serio.
Kyuhyun desapareció tras la comida, así que Sungmin pudo relajarse un rato con su suegra en la sala. Le gustaba Ahra. No podía ser de otra manera cuando la mujer estaba tan contenta con su nuero. Y Sungmin parecía ejercer una buena influencia sobre ella. Cada día, el tono de Ahra era menos brusco, casi como si su parte más femenina estuviera emergiendo lentamente de nuevo. Al menos era así hasta que Kyuhyun comenzaba a azuzarle de nuevo.
Como era costumbre, Sungmin subió a cambiarse de ropa para la cena. La mayoría de las familias de las clases acomodadas consideraban la última comida del día como la más formal, incluso aunque no hubiera invitados a los que impresionar. El joven salió de su habitación al mismo tiempo que Kyuhyun entraba en la suya. El se detuvo. Sungmin pensó en regresar de inmediato a la suya.
—Espera, Minie —dijo, y se acercó con rapidez, como si le hubiera leído el pensamiento.
Sungmin se puso en guardia al instante, con todas las defensas firmemente en su lugar. No quería responder preguntas sobre su absurdo comportamiento de esa mañana, que era lo que creía que él querría discutir.
—Mañana estaré fuera casi todo el día por asuntos de negocios —dijo él antes que pudiera pensar una excusa—. Te lo digo porque seguramente saldré muy temprano y no te veré antes de irme.
No era lo que Sungmin esperaba escuchar, pero con sus defensas alzadas, su voz adquirió un tono demasiado brusco incluso a sus propios oídos.
—No tienes por qué darme cuenta de tus asuntos cuando sólo soy...
No consiguió terminar la frase. Kyuhyun lo besó de repente. Sungmin no supo si lo había hecho para impedir que dijera «tu esposo» o «tu invitado». Ni siquiera estaba seguro de lo que había estado a punto de decir. Pero eso dejó de importarle cuando un momento después le rodeó el cuello con los brazos.
Santo Dios, ¿cómo podía seguir provocando aquellas sensaciones en él? ¿Enardecerlo de esa manera al instante? Estaba hambriento de nuevo, pero esta vez sólo quería saborearlo ¡a él! Todas las dudas, la rabia, las inseguridades y los altibajos emocionales desaparecían con el simple roce de su boca y con la seguridad de que él quería besarlo. ¡Lo deseaba! ¡Por supuesto que Kyuhyun no estaría besándolo de esa manera si no lo desease! ¿O sí?
Lo abrazó con fuerza. Comenzó a embargarle algo parecido a la felicidad y una mezcla de anhelos tan poderosos que se sintió sobrecogido por ellos. Oyó el gemido de Kyuhyun. Sungmin no pensó que tuviera que ver con la pasión hasta que él le apartó bruscamente.
—Deja de parecer tan condenadamente atractivo —le dijo.
Lo dejó tan asombrado que muy bien podrían haberle tumbado con un dedo. ¿Se había visto obligado él a besarlo porque lo había encontrado atractivo? ¿Qué clase de disparate era ése?
Herido y más que un poco frustrado después de que un beso tan placentero hubiera acabado de manera tan brusca, Sungmin  le espetó:
—Discúlpame, voy a embadurnarme la cara de barro. —Y lo empujó antes de echar a correr por el pasillo.
—¡Encontrarás un montón en el patio trasero! —le gritó él en un tono que Sungmin encontró sospechosamente divertido.
—¡Gracias! —le gritó, pero sin una pizca de diversión.





¡¡¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS CHO KYUHYUN!!!!!



3 comentarios:

  1. Un día de estos Sungmin le va a tirar un diente de una cachetada a Kyu por sus tonterías jajajjaja

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  2. Quisiera decir algo que ya he dicho en los ultimos capítulos,ya no es novedad...estúpido Kyuhyun😒😒😒😒
    Pero bueno,al menos ya está descubriendo la verdades que el creía mentiras...espero con ansias cuando descubra la verdad absoluta del embarazo de Min...y no crea que está engordando por comer😒
    Igual...parece que ya no puede resistirse a su esposo
    Desearía que Min tuviera gemelos...así Kyu tendría las manos llenas😂😂😂😂

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yota´s news : De regreso?

 Buenas tardes a todas las lectoras. Después de un año  y casi 4 meses regreso a saludarlas y comentarles nuevas.  Me gustaría decirle...