
Habían navegado hacia el sur, más al sur de lo que Minki jamás había soñado conocer. Sabía que era el sur porque a medida que pasaban las noches el cielo se mantenía oscuro más tiempo, hasta que finalmente las horas de oscuridad igualaron las de luz diurna. Varios días atrás habían pasado frente a una hermosa tierra cuya costa estaba adornada por el verde del verano, pero nadie quiso decirle cómo se llamaba esa región.
Si era una de las islas grandes, tenía motivos para creer que podían estar atacando a los daneses, pues esos norteños se habían propuesto conquistar ambas islas, y por lo que había, casi lo habían logrado. Y si se trataba de atacar a los daneses, pues bien, sería una lucha de igual a igual, y no lo que significaba agredir a los pueblos más pequeños de esas islas.



