—Tu marido ha venido a verte
—anunció Hanni desde la puerta.
Los dos jóvenes estaban sentados a
horcajadas en la cama de Heechul y redactaban una buena lista de posibles
maridos para ambos. Su camaradería era cálida; su risa, espontánea. Hacía mucho
que Heechul no se divertía tanto.
Con el anuncio de Hanni los tres
pensaron que la palabra «marido» sonaba muy bien o, al menos, dos de los tres
lo pensaron. Heechul recordó que, en su caso, «marido» no significaba
exactamente lo que debería significar y su ánimo se hundió. No obstante,
intento poner al mal tiempo buena cara mientras sus amigos salían corriendo,
porque no querían entrometerse en los primeros días de su vida de casado.
Heechul se vistió lentamente, por
mucho que Hanni tratara de darle prisa. En su opinión, Siwon podía esperar.
Podía esperar el día entero. Merecía quedarse esperando. ¡Dios, con qué
facilidad volvía a enfadarse! Y no se sentía capaz de dominar sus emociones.
—Menos mal que tu appa ha vuelto a
la cama —dijo Hanni mientras sacaba a Heechul de la habitación a empujones—. He
oído que estuvo en pie de guerra esta mañana por este giro de los
acontecimientos.
—Qué tontería... —se mofó Heechul
al tiempo que se detenía en lo alto de la escalera—. Mi appa nunca está en pie
de guerra.


