—Siento haber llegado tarde —dijo él, sacando una única rosa roja de su
chaqueta y dándosela—. Me tomó un poco más de tiempo de lo que ellos pensaron
tener mi traje listo.
—¿Te compraste un traje nuevo para nuestra cita?
—Bien, sí. No soy realmente un tipo de esta clase de traje. Soy más bien
una bestia natural.
Dos camareros se acercaron a la mesa vestidos con chaquetas negras y
corbatas. Uno era mayor, con una apariencia de caballero distinguido, por de
corta estatura, con acento, y de color, Kwanghee lo tomaría por un Cajún. El
otro era un hombre más joven, al principio de los veinte años.
—Señor Kim —lo saludó el más viejo—. Que agradable verlo con compañía
para variar.
Kevin le dirigió una cálida y ardiente mirada.
—¿Sí, eso es agradable, verdad?
—¿Quisiera usted su vino habitual? —preguntó el camarero.
—Seguro.
Ellos miraron a Kwanghee.
—Agua mineral, por favor.


