«Leeteuk. Por favor, escúchame, mi amor, despierta para mí.»
Kangin no sabía si
podría ayudar, pero tenía que intentarlo. Después de esperar varios minutos, se
dio
cuenta que él no
iba a despertar, al menos no en ese momento. Oyó la puerta abrirse detrás de él
y se
volvió para ver al doctor Lee y Sora esperando
pacientemente.
—Lo vamos a
trasladar a la unidad de quemados, su amigo también está ahí. Los dos tendrán
que
someterse a
múltiples desbridamientos para eliminar la piel muerta de modo que la nueva por
debajo de
esa piel se pueda
curar —les explicó.
—¿Puedo quedarme
con él? —preguntó Kangin, sin apartar los ojos de Leeteuk.
—Puedes visitarlo,
pero no puedes permanecer en la misma habitación. Existe un riesgo demasiado
grande de
infección.
A Kangin no le
gustó esa respuesta, pero quería lo mejor para su compañero. Fuera lo que fuera
que
necesitara su
cuerpo dañado para sanar era lo que él quería.
—¿Cuándo cree que
vamos a saber si la sangre humana va a afectarlo, o cómo le afectará? —le
preguntó Kangin al
doctor.
—No hay manera de
saberlo, Kangin. Sé que no es lo que quieres oír. Durante los próximos días,
mientras su cuerpo
empiece a sanar, su sangre lobuna debería aumentar la velocidad de ese proceso.
Si no es así,
entonces sabremos que, posiblemente, la sangre humana está obstaculizando el
proceso.



